Despliega el menú
Deportes
Suscríbete

REAL ZARAGOZA

Agapito vincula el futuro de Herrera y Prieto al de Gay

El accionista mayoritario comunicó sus intenciones a los responsables deportivos del club la pasada semana, poco antes del encuentro disputado frente al Sporting de Gijón.

Pedro Herrera, ayer, en el palco de La Romareda
Agapito vincula el futuro de Herrera y Prieto al de Gay
T. GALáN/A PHOTO AGENCY

Hasta ahora, Pedro Herrera, secretario técnico del Real Zaragoza, ha sido el auténtico intocable del club aragonés. A lo largo de sus ya casi veinte años de labor ejecutiva en materia deportiva, ha visto pasar ante sus ojos épocas de esplendor y depresiones, presidentes de distintos estilos, directores generales bien preparados para el cargo, directores deportivos nonnatos y ejercientes y un sinfín de entrenadores. Su habilidad para escurrir responsabilidades y salirse de las fotografías más comprometidas ha sido proverbial, hasta adquirir la personalidad del superviviente. Tal capacidad le ha traído hasta aquí, hasta esta crisis de tintes dramáticos del 'agapitismo', del que ha sido una pieza fundamental. Por primera vez, Pedro Herrera, señalado por La Romareda, ve comprometido su futuro.

De la viva voz de Agapito Iglesias, presidente y accionista mayoritario del club, conoció la semana pasada que su suerte será la que corra José Aurelio Gay. Igual camino espera a Antonio Prieto, director deportivo. Si los resultados hacen materialmente imposible la continuidad de Gay y Nayim al frente del equipo, Herrera y Prieto deberán asumir responsabilidades como constructores directos de la actual plantilla. Durante un almuerzo que tuvo lugar en el restaurante Agudo de la capital aragonesa, Agapito Iglesias trasladó sus criterios a quienes han sido sus hombres de máxima confianza en materia deportiva.

A lo largo de la comparecencia pública que protagonizó el accionista mayoritario del Zaragoza el pasado martes, por primera vez dejó que se observara una clara grieta con Herrera. De alguna manera, Agapito quiso escenificar que la unión con el secretario técnico no es la misma, que el grado de confianza que mantenían ha variado y que la asunción de las consecuencias del error grave puede formar parte del trabajo de un ejecutivo casi imperecedero.

Pedro Herrera y Antonio Prieto han dado vueltas, mil vueltas, a tal circunstancia. Aquella seguridad de la que disfrutaban se ha evaporado, fruto de este arranque liguero y de que La Romareda entiende que las causas de las debilidades que presenta el bloque de Gay y Nayim descansan, sobre todo, en el trabajo llevado a cabo en los despachos del club durante los meses de verano.

El primer momento de apuro serio que pasaron Herrera y Prieto se produjo el pasado sábado, cuando el Real Zaragoza estaba muriendo en el campo, en el transcurso del encuentro disputado frente al Sporting de Gijón. Aquel 0-2 de inicio de la segunda parte situaba a Agapito Iglesias ante el precipicio, ante la obligación difícilmente evitable de tomar decisiones graves. La reacción épica del equipo salvó a todos. A Agapito, de la toma de decisiones. A Herrera y Prieto, como a Gay y a Nayim, de las consecuencias de esos actos. Aun así, entre Prieto y Herrera cundió el nerviosismo en las horas posteriores.

Acaso por eso, precisamente, se rompió el silencio absoluto que había reinado en el club sobre el futuro del entrenador en las últimas tres semanas. El pasado lunes fue un día de locos en este sentido. En apenas cuatro horas, se lanzó en ámbitos locales, regionales y nacionales la bomba de la inminente destitución de Gay y Nayim, la más que posible compañía en el despido de Herrera y Prieto y, de paso, la llegada como nuevo capataz del club de Pedja Mijatovic, ninguno de cuyos extremos se ha cumplido.

Agapito asistió con la boca abierta al espectáculo. Vio, olió y dedujo. Y con el paso de las horas, visto lo visto, decidió salir al corte. No tomó decisión alguna, pero dejó claro con varios gestos, diversos guiños y algún que otro martillazo que tiene claro de dónde, de quién y de por qué ha surgido todo esto. En todo caso, está probando de su propia medicina, a través de sus propios médicos de cabecera y con los mismos tratamientos terapéuticos. Ahora solo queda por saber cuándo responderá con su estratagema anticipada a los postres de aquel almuerzo en la Carretera de Logroño, junto a la Venta del Olivar. Por las sospechas (pocas) y certezas (muchas) que ha ofrecido el espectáculo de las últimas horas, Agapito revisa su libro de ruta.

Etiquetas