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GOLF

Adiós a una jugadora irrepetible

Raquel Carriedo completa el perfil de Annika Sorenstam, que se despide de la competición tras quince años en la cima.

"Lo di todo y me divertí, pero hay otras prioridades en vida". Annika Sorenstam resumió con esta sencilla frase el por qué de su retirada. Fue la semana pasada, en una rueda de prensa, después de adjudicarse el torneo Michelob Ultra Open en Kingsmill, su tercer triunfo del año y el primero ante un grupo de rivales que incluyó a Lorena Ochoa, la estrella mexicana que la desplazó de la cima del ranquin mundial. La jugadora sueca, la gran dominadora del golf femenino durante la última década, ha decidido poner punto final a una exitosa carrera, tan solo con 37 años. Una decisión muy meditada y con una razón de ser: "Comenzar una nueva familia, tener niños...". Prometida con el hijo de un antiguo profesional de la PGA, ella y Mike McGee tienen previsto contraer matrimonio a comienzos de 2009. "Llega un momento en la vida de la mujer que te haces una serie de planteamientos que son imposibles de compaginar con el deporte, en este caso el golf", reconoce Raquel Carriedo, que cerró en 2005 diez brillantes años en la elite porque tenía claro que quería formar una familia.

La profesional zaragozana compartió con Annika Sorenstam la pasión por el golf en el Circuito Europeo y Americano, como compañeras en el equipo de la prestigiosa Solheim Cup (2000 y 2002) y comprende la postura de su colega, que presenta un palmarés que parece interminable; 88 victorias en campeonatos (72 de ellas en la LPGA, con 10 "Grandes" incluidos), ocho trofeos de jugadora del año (cinco consecutivos), ocho veces ganadora de la lista de ganancias, seis trofeos "Vare" como reconocimiento a la media de golpes más baja de la temporada, nombrada ocho veces jugadora del año por la asociación americana de periodistas de golf, ocho veces jugadora de la Solheim Cup, presente en el salón de la fama desde 2003...

"Si hay una palabra que defina a Annika es su tenacidad. Lo tiene todo", resume Carriedo. Una cualidad innata en Sorenstam (Estocolmo, 1970) desde pequeña, cuando soñó en ser una gran tenista profesional, como su paisano Bjorn Borg. Pero sus profesores le cortaron la progresión: el revés no era lo suficientemente bueno. Annika rompió la raqueta. El instructor Henri Reis le dio las primeras lecciones de golf con 12 años y se acabó enamorando del swing, al que se entregó en cuerpo y alma con el respaldo de sus padres, Tom y Gunilla, y su hermana Lotta -"mi familia siempre ha sido mi gran ayuda", proclama-. Y empezó a escribir su leyenda: primero, en la Universidad de Arizona, donde cumplió sus estudios en 1991, en la NCAA Universitaria; ya como profesional, desde 1994, y un año más tarde, cuando fue la primera mujer que logró encabezar los escalafones de Europa y Estados Unidos en un mismo año. "Estuvo en el Circuito Europeo durante tres años y después se marchó al americano que es donde ha hecho toda su carrera. Ella siempre ha tratado de respaldar el Tour Europeo, jugaba los 'Grandes', el Evian Masters y el Open Británico, y apoyaba los torneos de su país, también los de Dinamarca, Noruega, Finlandia", recuerda Carriedo, que da clases, junto al pro Pablo García, en la Base Aérea a los jugadores que forman la selección aragonesa.

Sorenstam es la tercera golfista de la historia con más victorias -detrás de Kathy Whitworth (88) y Mickey Wright (82)- y ocupa la cuarta posición en lo que a 'majors' se refiere. "Y las claves de su éxito han sido su capacidad de concentración y su preparación física. Le dio mucha importancia a este tema a partir de su quinto o sexto año de profesional. Se convirtió en una de las máximas pegadoras del mundo. Su técnica era muy buena, tenía un swing fantástico. Su máxima era entrenar, entrenar. Era muy trabajadora", detalla Carriedo, número 1 de Europa en 2001.

Sorenstam saltó a la palestra en 2001. Durante la segunda jornada del Standard Register Ping, donde se convirtió en la primera mujer en romper la barrera de los 60 golpes. Firmó una tarjeta de 59 impactos con 13 birdies, ni un solo bogey y la friolera de 25 putts en 18 hoyos. Y dio el espaldarazo definitivo al reconocimiento mundial cuando consiguió ser la primera mujer, en 58 años, en competir en el circuito masculino norteamericano. Fue en el Colonial de 2003. No superó el corte, pero se ganó el respeto de todos. "Creo que llegó un momento que se aburría de ganar y decidió probar con los hombres. Pero por mucho que seas la número uno, siempre habrá un handicap importante: la fuerza física de los hombres", afirma Carriedo.

"Conseguí mucho más de lo que yo soñé. Pero la razón de esta decisión es que tengo otras prioridades en mi vida", una reflexión sencilla, "de una mujer sencilla, que siempre ha llevado muy bien su fama y sus éxitos. Una jugadora cercana a todo el mundo, una golfista irrepetible", concluye Raquel Carriedo.

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