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Adiós a la leyenda negra

Largo ha sido el camino de la Roja hasta el Campeonato. Incluso, llegó a ser tildado de maldito. Pero ha quedado atrás.

Largo ha sido el camino que ha recorrido la Roja hasta ganarse el derecho a lucir una estrella encima de su escudo. Una trayectoria que llegó a ser tildada de maldita y que, gracias a una generación única, resulta desde hoy objeto del pasado más remoto.

Así, con la victoria sobre holanda, la selección española no solo logra su hito más importante, sino que, además, consigue aniquilar a todos aquellos fantasmas que pululaban en cada concentración cuando un Mundial iba a comenzar. Una circunstancia que muchos inician cuando Iker Casillas elevó hasta el cielo de Viena el trofeo que acreditaba a España como campeones de Europa en 2008, pero que en realidad tiene un germen que no se debe olvidar. El de aquellos chavales que en 1999 demostraron que no sentían el vértigo de las grandes citas.

Curiosamente sobre suelo africano, en Nigeria concretamente, tres de los actuales pilares de la Roja se proclamaron ya campeones del Mundo sub 20 tras derrotar por un contundente 4-0 a Japón en la final. Casillas, Xavi y Marchena participaron en aquella cita, que se puede considerar el germen del triunfo histórico actual. Jugadores que habían borrado la palabra fracaso de su diccionario futbolístico, pese a crecer junto a los ingratos recuerdos de España '82 y Mexico '86.

A su cobijo y ejemplo, el fútbol base español fue poco a poco curtiéndose a base de triunfos. Una escuela en la que han sido educados los actuales pilares de la actual campeona del Mundo. Así, mientras los 'mayores' no conseguían un gran recorrido en citas como Francia '98 o Corea y Japón' 02, los más jóvenes jugaban con otro espíritu. Mas liberados. No en vano Iniesta ha sido subcampeón del Mundo juvenil en 2003 y campeón europeo en sub 19 en 2004, Torres ganó la Eurocopa sub 19 en 2002 y Piqué se hizo con el mismo campeonato en 2006.

Solo era cuestión de tiempo que esta suma de talentos, que no conocen la sensación del miedo al fracaso, comenzaran a triunfar a nivel absoluto. Una ecuación que se empezó a resolver en Austria pero que ha despejado de una vez por todas la incógnita en Sudáfrica. ¡Y de qué manera!

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