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REAL ZARAGOZA

Guerra de guerrillas

Las negociaciones de los fichajes, con Agapito actuando en solitario, ha provocado sospechosas actitudes dentro del club en contra de los intereses comunes.

No es nuevo el episodio, pero sí se convierte en un hecho más grave que nunca dadas las especiales circunstancias en las que el Real Zaragoza está acometiendo desde finales de diciembre el vigente mercado invernal de fichajes. Resulta que, en varias de las negociaciones abiertas en los últimos días para intentar contratar nuevos refuerzos, Agapito Iglesias está observando como, desde dentro de su propio club, se están lanzando torpedos de profundidad tendentes a deteriorar fichajes que ya están avanzados en su proceso.

Sucedió clarísimamente en el caso de Da Silva cuando, hace 20 días, el secretario técnico, Pedro Herrera, apareció emitiendo unas declaraciones en los medios mexicanos (en contra de su ancestral costumbre de permanecer mudo públicamente) en los que insinuaba que el central paraguayo no vendría al Real Zaragoza de ninguna manera. En las últimas horas, las avanzadas gestiones que el presidente zaragocista tiene presentadas con el Zenit San Petesburgo para traerse al portugués Fernando Meira también han sido abolladas por golpes bajos procedentes de personajes muy relacionados a los inquilinos de algunos despachos de La Romareda. Algo similar se ha podido detectar enmedio de las conversaciones con el Borussia Moenchengladbach por Bobadilla, cesión que ya no se hará a instancias de Aguirre.

Se trata de advertencias sobre la dificilísima situación económica que sufre el Real Zaragoza. De descripciones generales poco favorecedoras a que los posibles fichajes se decidan por recalar en el cuadro blanquillo y, al contrario, se vean envueltos en un mar de dudas sobre la conveniencia de venir aquí o no hacerlo.

Paralelamente, ante cada nombre de futbolista que trasciende en la opinión pública de los que Agapito gestiona su contratación, enseguida surgen otros jugadores que llegan a la órbita aragonesa a través de los flujos que, en el pasado reciente, han arrastrado hasta el Zaragoza numerosos fichajes.

Agapito, que en tiempos no lejanos formó trinidad con Antonio Prieto y Pedro Herrera, sus hombres de confianza hasta hace nada en el área deportiva, es hoy un satélite fuera de su órbita habitual al que nadie puede controlar y sobre el que, en asunto de fichajes, todos quieren acabar influyendo. Por eso, ante todos y cada uno de los nombres que se advierten cercanos, se vive una guerra de guerrillas intestina de dudoso final.

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