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CAI ZARAGOZA

Por la puerta grande

El CAI entra en la ACB tras una brillante temporada que ha dominado casi de principio a fin con solo seis derrotas.

No cansa el repetir que la temporada del CAI Zaragoza ha sido para enmarcar. Pocos conjuntos en la historia de la LEB, por no decir ninguno, se han mostrado tan poderosos y dominadores como lo han sido los rojillos en esta campaña 2007-2008. Dos espectaculares rachas de once victorias consecutivas han marcado un ritmo endiablado que ningún rival directo por el ascenso ha podido mantener. Tal ha sido la superioridad de los aragoneses que incluso los dos bajones, lógicos en cualquier temporada, en los que encadenaron dos tropiezos seguidos, fueron rápidamente subsanados con meritorios y contundentes triunfos. De esta manera, el CAI entra en la ACB por la puerta grande, tras un año brillante de principio a fin.

Las cosas se hacen bien desde el verano.

La primera piedra del ascenso se puso durante el verano, cuando el club apostó por la continuidad de un amplio bloque de jugadores y técnicos que ya en el mes de agosto, y con incorporaciones de lujo, se pusieron manos a la obra para alcanzar la elite. Desde la pretemporada el conjunto de Curro Segura dio muestras de su unidad, de su sacrificio y de los resultados que podía obtener. Solo el Granada de ACB le pudo derrotar en la preparación. Así, los dos primeros partidos de liga se saldaron con sendos triunfos. El CAI ya era líder.

Dos tropiezos que espabilaron al grupo rápidamente.

La tercera y la cuarta jornada marcaron el devenir de la Liga. El CAI perdió en la pista del Bruesa y en casa con el Leche Río, dos rivales directos. Era el primer toque de atención, y los rojillos reaccionaron de la mejor manera posible, con una racha increíble de once victorias consecutivas. Fue entonces cuando se vio al todopoderoso CAI, ese equipo capaz de defender con agresividad, correr al contragolpe, dominar el rebote y cuyos estandartes ofensivos, Quinteros y Phillip, acribillaban el aro rival sin compasión. Por aquel entonces, el equipo de Segura se convirtió no solo en el mejor ataque de la Liga sino también en la mejor defensa.

El "showtime" hace creer muy pronto en el ascenso.

El cuadro rojillo despliega un juego de tantísimos quilates que sus triunfos, además de continuos, son contundentes. Nadie puede parar al líder de la LEB y sus jugadores se divierten en la cancha. Cada uno tiene su rol perfectamente asumido y lo cumple con exactitud. Victoriano es el mejor asistente, Lescano el que más roba, DP y Quinteros están entre los máximos anotadores y el pívot, junto a Starosta, en los reboteadores.

Una racha negativa genera dudas, pero poco tiempo.

El peor momento de la temporada lo atraviesa el CAI entre el final de la primera vuelta y el inicio de la segunda, cuando pierde cuatro encuentros de seis, en Hospitalet, Tenerife y en casa ante el Bruesa (en Liga) y la semifinal de la Copa Príncipe ante el Breogán. Las dudas aparecen y, sobre todo, porque los aragoneses pierden el primer puesto en favor de los vascos. Un bajón que despierta las alarmas, que provoca la llegada de dos jugadores como refuerzo (Turner y Rojas) y que invita a los hombres de Segura a recuperar la concentración y el pensar en ir partido a partido, la filosofía que siempre que habían seguido había dado sus resultados. Dicho y hecho, con un trabajado y holgado triunfo en la cancha del Leche Río, el CAI volvió a dejar claro que seguía estando ahí, muy cerca del ascenso.

La solidez en el tramo final vuelve a ser clave.

Como si de un animal herido se tratara, el conjunto aragonés volvió a reaccionar ante las derrotas como en el inicio liguero, con otras once victorias seguidas. Sus credenciales para entrar en la ACB ahí estaban y, lo mejor de todo, es que ninguno de sus adversarios fue capaz de presentarlas. De hecho, los de Segura superaron con nota las jornadas más complicadas y se beneficiaron de los inesperados tropiezos del Bruesa. Especialmente esclarecedores fueron los triunfos en Alicante, con una superioridad abrumadora, y el logrado en una cancha tan complicada como la de La Laguna el mismo día que los guipuzcoanos pinchaban en Los Barrios. Así, la plantilla zaragozana se plantó con tres partidos de ventaja sobre el segundo a tres jornadas del final. Cualquier triunfo suyo o un tropiezo de su perseguidor le mandaba a la ACB. Mejor, imposible.

La gloria llegó en la penúltima jornada liguera, y en casa.

El primer "match-ball" no se pudo materializar en Palma de Mallorca. La ansiedad se apoderó de los aragoneses, quienes en uno de sus peores partidos del año desaprovecharon esa opción clara de ascenso. Era cuestión de tiempo y de jugar como siempre, y eso llegó cinco días después. En la penúltima jornada, en casa ante el Hospitalet, el CAI consumó la hazaña y materializó un sueño que llevaba persiguiendo seis campañas. Ante 11.000 espectadores y con un ambiente de gala, los zaragozanos celebraron por todo lo alto un hecho histórico que les da acceso directo a la mejor liga de Europa por la puerta grande.

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