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Opinión

Un discurso creíble

Contenido exclusivoOPINIÓNACTUALIZADA 21/01/2023 A LAS 12:18
Foto del entrenamiento del Real Zaragoza con rueda de prensa de Fran Escribá
Foto del entrenamiento del Real Zaragoza con rueda de prensa de Fran Escribá
Toni Galan

Relató en su momento Raúl Sanllehí, director general del Real Zaragoza, que enseguida se convenció de que Fran Escribá era un entrenador adecuado para el Real Zaragoza, atribulado como estaba el equipo aragonés a primeros del pasado mes de noviembre por la falta de resultados y un evidente decaimiento en su propuesta futbolística.

Del primer encuentro entre ambos, entre Sanllehí y Escribá, cita dada en Madrid, ya surgió esta convicción por parte del primer ejecutivo de la sociedad anónima deportiva, más allá de la conexión personal que pudiera nacer entre los dos. El director general del Real Zaragoza vio en el técnico valenciano un norte, una referencia, un guía para superar las lagunas y deficiencias que acusaba la escuadra de La Romareda.

Hasta aquí, bien podría decirse que el tiempo le ha entregado razones. O que su discurso, en principio declarativo a ojos de terceros, se ha ido cargando de datos empíricos. De pruebas. De periciales, si se quiere. El Real Zaragoza de Fran Escribá ha capitulado una sola vez. Fue en Leganés. Le dobló la mano un bloque que en ese instante estaba subido en la ola de una extraordinaria racha positiva, mandado por un viejo conocido, Imanol Idiakez, un técnico que aquí, paradójicamente, no pudo superar la clásica crisis de los meses de otoño.

Al frente de este retocado proyecto, Escribá ha ganado tres partidos, ha empatado cuatro y, como se ha referido, únicamente se ha visto superado en una ocasión. Ha corregido déficits en términos de clasificación y presenta diversos ratios de solvencia en orden a la conquista de la salvación, siendo, acaso, el relativo al gol el más relevante. Su Real Zaragoza ha logrado doce tantos en ocho partidos de liga, sin disponer, como es harto conocido, de un especialista. Esta labor ha quedado repartida, según era su propósito. Han visto puerta Guiuliano Simeone, Valentín Vada, Iván Azón, Víctor Mollejo o Jair Amador. Este último lo ha hecho en el uso de jugadas de estrategia. A balón parado. Es esta otra de las facetas del cambio. Por supuesto, se han reducido los tiempos infructuosos de posesión de la pelota.

Seguramente, estos concretos y visibles aspectos del juego sean trasunto de otra cosa: la extensión de un discurso creíble dentro del vestuario, que en modo alguno es una cuestión menor. Todo lo contrario. Un verbo en el que confiar cambia creencias, aclara ideas, modifica el modo de verse a uno mismo en relación a los demás, aporta determinación...

Al igual que Sanllehí se convenció de los efectos revitalizantes que podía producir la incorporación de Escribá, los futbolistas han encontrado en el veterano entrenador un lenguaje más comprensible, directo, quizá menos complejo, por obedecer antes a términos conocidos que a las modernidades que está incorporando la utilización del ‘big data’ para partidos y entrenamientos. Con prácticamente los mismos nombres y hombres, los resultados han cambiado de modo notable.

No puede decirse –desde luego– que el fichaje de Tomás Alarcón para el centro del campo y la salida de Dani Lasure de la plantilla hayan resultado factores determinantes en el giro que ha experimentado el equipo, para el que Juan Carlos Cordero, nuevo director deportivo, sigue buscando piezas que supongan refuerzos. 

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