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El judoca más veterano de Aragón: “Si la tradición se pierde, el judo se convierte en un deporte de lucha más”

El maestro Ángel Claveras, en activo desde 1965, y Antonio Berrocal, el más veterano de Aragón todavía en competición, hablan de su relación con este deporte.

Ángel Claveras y Antonio Berrocal, en el Club Judo Zaragoza.
Ángel Claveras y Antonio Berrocal, en el Club Judo Zaragoza.
Francisco Jiménez

Corría el año 1965 y el judo en Aragón todavía no tenía mucha presencia. Por aquel entonces, solo existía en Zaragoza el ya desaparecido club Judokwai, en el paseo de la Constitución; y se practicaba algo en la Academia General Militar. De aquella escuela salieron los primeros profesores de judo, entre ellos, Ángel Claveras, uno de los más veteranos del judo en Aragón. Lleva en activo desde entonces y ha sido maestro durante cinco décadas. “Vivía en Francia cuando descubrí el judo y lo primero que hice al llegar a Zaragoza fue buscar un club”, recuerda. Así comenzó esta historia de amor por el judo que ha llevado a Claveras a ser octavo dan, uno de los rangos más altos de esta disciplina que solo ostentan cinco personas en la Comunidad.

Después de toda una vida dedicada profesionalmente a este deporte, Ángel sigue muy activo a pesar de estar jubilado. Tiene 76 años y entrena tres días sobre el tatami del Judo Club Zaragoza. “Vengo a pasármelo bien y a disfrutar sin presiones”. Además, nunca falta a su cita diaria con el huerto que tiene en casa. El tono de su piel lo delata, así como la vitalidad que transmite enfundado en su kimono. Luce cinturón rojo y blanco desde hace unos diez años y es consciente de que ha llegado a su límite: “Es muy complicado seguir subiendo tanto por tiempo como por los requisitos que se piden, que cada vez son más”, explica. Teniendo en cuenta que en España el rango más alto alcanzado es noveno dan, el de Claveras es motivo de orgullo, como también lo es que todos los aragoneses que son octavo dan hayan sido alumnos suyos.

Es lo que tiene haber pasado casi 50 años dando clases de judo. Ángel ha visto crecer a sus alumnos y casi todos los maestros de Zaragoza y Huesca han salido de su cantera. Al principio de su carrera, a causa de una lesión, volvió a su Tauste natal, donde fundó un club. De regreso en la capital aragonesa, donde vive, su trayectoria siempre ha estado centrada en enseñar a los demás. “El judo es un deporte educativo y siempre se practica con un profesor que dirige sobre el tatami, al que se entra en fila por orden de rango. Antes de empezar y al terminar nos saludamos. Si la tradición se pierde, se convierte en un deporte de lucha más”, asegura.

Retirado profesionalmente desde 2010, sensei Ángel, como muchos lo llaman en el Judo Club Zaragoza, tiene muy presente que tras la jubilación es muy importante seguir sintiéndose útil. Aunque el parón de la pandemia le ha hecho mella y el cuerpo se ha resentido más de lo normal a la vuelta, si nada se lo impide, este judoka tiene tatami para largo. “Me encuentro muy bien físicamente. La única vez en 57 años que he estado tan parado fue con el covid”, asegura.

Tras toda una vida dedicada al judo, Claveras también ha tenido tiempo para la competición y cuenta con varios campeonatos de Aragón y participación en algunas citas nacionales. En una faceta más institucional, fue presidente de la Federación Aragonesa de Judo y Deportes Asociados durante ocho años; y todavía ostenta varios cargos en la Nacional. “El judo es mi vida, es todo para mí. Ha sido una suerte que mi trabajo haya sido mi placer”.

Ángel Claveras y Antonio Berrocal, en el Club Judo Zaragoza.
Ángel Claveras y Antonio Berrocal, en el Club Judo Zaragoza.
Francisco Jiménez

Antonio Berrocal, campeón de España de Veteranos

A unos meses de cumplir 62 años, Antonio Berrocal se acaba de proclamar campeón de España de veteranos en su categoría, la M7. Es el judoka de Aragón más mayor que todavía compite y, tras varios años tratando de llegar a lo más alto de la competición nacional, por fin este lo ha conseguido. “Iba muy preparado, tanto física como mentalmente. Ir mentalizado de que vas a ganar es muy importante. Aunque también vayas a disfrutar la competitividad nunca se va”, asegura. Y eso que es consciente de que debe ir con cuidado para evitar lesiones que le impidieran seguir desarrollando su trabajo habitual con normalidad. Es jefe de taller en un concesionario de Zaragoza y ahí es donde pasa prácticamente todo el día. “Estoy hasta las siete de la tarde y cuando salgo vengo a entrenar, dos días por semana”, explica.

Nacido en Extremadura pero criado en Bilbao, a donde sus padres emigraron cuando él era apenas un niño, la relación de Berrocal con el judo está dividida en dos fases. Su incursión en este deporte fue a los 12 años y no paró de crecer y de competir hasta los 31. También se formó como profesor y dirigió dos clubes en el País Vasco mientras trataba de vivir dando clases en colegios. Pero llegó un momento en el que tuvo que elegir entre el judo y una carrera laboral de la que de verdad pudiera vivir. Entonces Antonio cerró una etapa pensando que quizás nunca más se volvería a abrir. Pero un buen día, cuando su hija menor tenía 15 años, el judo llamó de nuevo a su puerta. “En casa nunca le habíamos hablado de mi pasado, ni tenía fotos ni trofeos pero llegó del colegio diciendo que quería apuntarse a judo”, relata.

Aquella frase cambió la vida de Antonio que, desde entonces, fue recuperando su relación con un deporte que le había dado muchas alegrías pero del que también había salido algo escaldado, confiesa. Esta segunda etapa la ha vivido en Zaragoza de la mano de su hija, Cristina, con quien ha competido en catas. “A diferencia de la de lucha, en esta modalidad se participa en pareja, desarrollando juntos las técnicas”, explica este judoka, que no tiene palabras para describir lo que significa haber crecido en el judo junto con ella. “Es lo más bonito que te puede pasar y es algo que no se paga con dinero”, dice, sacando a relucir su orgullo como padre.

Berrocal terminó la primera etapa como tercer dan y con el título de entrenador autonómico. Ahora, en su versión veterana, ha ascendido a quinto dan y es maestro nacional. También acaba de hacerse juez nacional de catas y árbitro. “Para mí es un reto seguir activo. En Judo Club Zaragoza hemos creado una gran familia que comparte muchos momentos, tanto cuando estamos aquí como cuando salimos a los campeonatos”. Junto con Ángel y alguno más son los más veteranos del club y para ellos el entrenamiento es también un rato de tertulia y disfrute con los compañeros. Antonio suele ir dos días por semana pero cuando se acerca una competición tiene que invertir más horas a prepararse. “Fuera del tatami suelo salir a andar pero es importante practicar las técnicas dentro de él”, señala. Este verano lo aprovechará para descansar y, después, con el calendario delante planteará el próximo reto al que enfrentarse.

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