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Toni Abadía, viaje al corazón de África

El atleta zaragozano corrió el pasado fin de semana el cross de Eldoret, la ciudad keniata reconocida como cuna y meca del fondo africano

Toni Abadía en el cross de Eldoret
Toni Abadía en el cross de Eldoret
Marc Roig

Embarrado, como nunca, hasta las pestaña, con una arcilla roja e intensa que le supo a miel, Toni Abadía cumplió uno de sus sueños más íntimos como atleta este pasado fin de semana, en la altiplanicie keniata del Valle del Rift, en el corazón del África más atlética, más fondista y más mitómana. «Quería ir a Kenia, pero mi primera vez tenía que ser para competir», admite aún con la voz desgastada por las condiciones de altitud seca que se encontró en el Agnes Tirop Cross Country Classic de Eldoret el pasado fin de semana. Finalizó en la posición 46, rodeado de la elite del cross africano, pero con una imponente sonrisa en el rostro: «Quería competir allí, se presentó la oportunidad y he cumplido uno de los sueños de mi vid. Encima, la organización me ofreció la contratación, así que todo encajó rápido. Ha sido una experiencia única, de las mejores de mi vida, competir de tú a tú con los atletas de allí, en su casa, conociendo mejor sus virtudes. Corrí a un ritmo de 3’ 23’’ y juro que no podía ir más rápido. Al final quedé a cuatro minutos del primero, vamos, que me pusieron en mi sitio», bromea el aragonés.

Eldoret, la gran ciudad de la región, compone con las poblaciones de Item y Kaptagat el triángulo de oro del fondo africano. Allí han nacido y entrenado las leyendas y mitos del atletismo keniata. Desde el gran icono actual, Eliud Kipchoge, a Paul Tergat, Bernad Lagat o David Rudisha, pasando por Moses Tanui, Nikolas Kemboi, Paul Chelimo, Dennis Kimetto, Stephen Cherono… La lista es interminable.

A esta meca del atletismo, viajó la pasada semana Toni Abadía después de un viaje de 14 horas que enlazó en avión Madrid, Doha, Nairobi y Eldoret. «Y eso que me da mucho respeto volar, solo lo hago si hay que hacerlo. Llegué machacado», cuenta. No le esperaba un cross cualquiera, sino uno de los más exigentes del mundo, por nivel de los contendientes y por circuito. «Yo no podía correr más rápido. El barro te frenaba como los badenes que ponen en el asfalto. Había una zona en la que te hundías hasta la cadera, y yo me considero alto. No sé cómo salían de allí los keniatas más bajitos. Fue extremo, más propio de una Spartan Race», relata.

Toni Abadía en el cross de Eldoret
Toni Abadía en el cross de Eldoret
Marc Roig

Él, campeón de España de campo a través dos veces y dueño de la plusmarca nacional en ruta de los 10 kilómetros, padeció y disfrutó en un trazado de 10 kilómetros en el que el joven Samwel Masai Chebolei logró la victoria por delante de otro aristócrata de la disciplina como Nicholas Kimeli. Los 38 primeros clasificados fueron keniatas.

«Sufrí más que ellos porque no estaba adaptado a la altura y a esas condiciones. Además, el circuito era salvaje. Estábamos 210 inscritos pero solo salimos 80. Muchos, como Kamworor (uno de los mejores maratonianos del momento), no salieron porque, de verdad, era realmente duro correr ahí. Y era un cross muy bien pagado. Yo he cobrado más clasificándome el 46 que siendo de los mejores en un muchos cross de España porque se pagaba muy buen fijo», apunta Abadía, impresionado con el modo de sentir, vivir y enfocar el atletismo en esa tierra. «Me llamó mucho la atención la cultura del atleta que hay. No solo se admira al africano, también a todo aquel que corre. A mi me pedían fotos y acabé el ¡46! Hay mucha afición, nunca he visto tanto público en un cross en mi vida. Es como aquí los estadios de fútbol, allí se llenan las carreras. Los atletas son como aquí los futbolistas», narra el zaragozano de 31 años.

Toni Abadía en el cross de Eldoret
Toni Abadía en el cross de Eldoret
Marc Roig

En su primer viaje a Kenia, al fondista aragonés le ha cautivado ese modo de vivir y sentir el atletismo en que los niños corren, las madres corren, las familias enteras corren… Muchos de ellos descalzos, «no porque quieren, no, eso no es así tal y como se cuenta, es -detalla Toni Abadía- porque no pueden tenerlas, hay un mercado muy grande de zapatillas usadas», señala. «Te das cuenta que valoran mucho lo que tienen y tienen mucho menos que nosotros. Allí seguro que no hacen falta psicólogos ni psiquiatras», subraya. «Son muy acogedores, dan mucho cariño a todo el mundo. Por ejemplo, no ha tanta rivalidad con los etíopes como podría pensarse. También me impactó la religiosidad que tienen, siempre se reza antes de comer o antes de entrenar», cuenta un Toni que saboreó lo justo el ugali, el plato típico de harina de maíz rico en carbohidratos que sustenta la dieta de los atletas keniatas. «Es muy insípido, yo me alimenté de espinacas y arroz, que también lo consumen mucho. Y en carne, el cordero, porque el cerdo no lo comen. El café es buenísimo, al nivel del colombiano, como el cacao», resalta.

El flechazo de Toni con Kenia ha sido tal que volverá, pero con otras intenciones: « En Kaptagat, por ejemplo, tienen unas instalaciones increíbles, muy modernas. Van muchos europeos a entrenar allí. Tiene una pista de calidad, gimnasio bien equipado, piscina, zona de descanso... Así que el próximo año quiero planificar una concentración allí, quiero entrenar una época en Kenia».

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