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Gritos, insultos y lanzamientos de raqueta: Djokovic desencadenado

El palmarés deportivo del número uno del tenis mundial queda empañado con sus múltiples salidas de tono en las canchas. 

Novak Djokovic, en el momento del lanzamiento de raqueta.
Novak Djokovic, en el momento del lanzamiento de raqueta.
EDGAR SU/Reuters

"Los deportistas de primer nivel a veces no son conscientes de su poder y de que aunque no lo quieran, la sociedad hace a los líderes ejemplarizantes y les pide ejemplaridad" y "ante eso no queda más que ser consciente de lo que se hace en cada momento". Así lo considera el doctor en Sociología y profesor de la Universidad Internacional de La Rioja, Víctor Renobell, que incide en que la situación por la que pasa desde hace días el número uno del tenis mundial pone de manifiesto si la "ejemplaridad" que la sociedad demanda a los personajes públicos "les permite a ellos tener una libertad real". "Djokovic ha tomado una serie de decisiones individuales sin pensar en toda la repercusión que podían tener, y ha terminado involucrando a sus seguidores y hasta a gobiernos", detalla Renobell.

El tenista serbio ha llegado este lunes a Belgrado después de que Australia le deportara tras varios días de incertidumbre y se perdiera así su participación en el Abierto, la competición en la que Djokovic es el rey y donde aspiraba ya no solo a revalidar su título, sino a rebasar a Roger Federer y a Rafa Nadal como el tenista que más Gran Slam ha ganado en la historia. 

Nole, un modelo a seguir en cuanto a lo deportivo, no es lo que se dice ejemplar en su comportamiento, todo en la cancha, donde sus explosiones de ira y sus malas caras no han sido muy edificantes. Ejemplos hay unos cuantos, como el que protagonizó el año pasado en las Olimpiadas de Tokio, donde tuvo un encontronazo con el español Pablo Carreño mientras ambos se disputaban la medalla de bronce. El partido no iba como Nole esperaba y perdió los nervios para desahogarse contra unas gradas vacías. Gritos, lanzamiento de raquetas y gestos agresivos que le convirtieron en uno de los grandes señalados de los Juegos.

Un año antes, en el US OPEN de 2020, también ante Carreño, Djokovic lanzó con rabia una pelota que recibió de lleno una juez de línea en su garganta, tras lo cual cayó al suelo y precisó de asistencia médica. Un gesto que no fue intencionado, pero que acabó con la descalificación del tenista balcánico.

Más ejemplos. En el Masters de 2016 de Londres, lanzó su raqueta en pleno partido y luego se enfadó con los periodistas que le preguntaban sobre ese gesto. “¿Si estuve cerca de ser descalificado? No he sido descalificado, así que no. Podría haber sido serio, sí, si la bola hubiera dado a un espectador. También podría haberse puesto a nevar en el O2 Arena (el recinto en el que se disputaba el torneo), pero eso tampoco se produjo”, respondió, airado.

Y en 2015, un recogepelotas fue la victima del serbio en la final del Miami Open contra Andy Murray. Djokovic se dirigió a él con gritos y malos gestos para posteriormente insultar a las gradas en serbio.

Relajación, yoga y nada de gluten

Sin embargo, su ira explosiva y sus dudosa deportividad cuando las cosas no le salen bien no empañan su indudable éxito deportivo, que le ha llevado a la cumbre del ranquin tenístico mundial. Una receta que mezcla ingredientes como el talento y el trabajo, pero también de una dieta sin gluten, la práctica del yoga y la relajación mental. Todo ello combinado con una cámara de oxígeno para la recuperación, un gurú espiritual para la preparación mental y visitas a una misteriosa pirámide en Bosnia para cargarse de energía...

En los últimos tiempos también ha trabajado su popularidad. Como sus saludos a las tribunas tras cada título o sus declaraciones en pista en la lengua del público local (sobre todo en francés, alemán, italiano e inglés).

También ha tratado de ganarse el cariño y respeto de otros jugadores, principalmente con la creación del sindicato de tenistas PTPA (Professional Tennis Players Association). Sin excesivo éxito, todo sea dicho.

Mientras tanto, el pasado junio, la revista ‘Forbes’ colocó al serbio en el puesto 46 entre los 100 deportistas mejor pagados del mundo en 2021 con 30,2 millones de euros, por detrás de Roger Federer (90) y por encima de Rafa Nadal (23,6) en cuanto a jugadores de tenis masculino, ya que Serena Williams y Naomi Osaka recaudaron más dinero que el serbio. Sin embargo, Djokovic ha superado los 150 millones de dólares (131,3 en euros) en premios deportivos, según la propia ATP. El resto proviene de los patrocinadores.

Muchas marcas de prestigio han confiado, y de momento confían, en el actual número 1 del tenis: Asics, Head, Hublot, Lacoste, Seiko, Mercedes-Benz, Peugeot, Ultimate Software Group, Lemero, NetJets, Raiffeisen Bank International y Uniqlo están entre ellos. En la actualidad, y dada su más que sólida trayectoria, ya gana más por la publicidad que por la parte deportiva. Y el serbio tiene abiertas otras vías de negocio, desde su libro sobre nutrición y estilo de vida ‘Servir para Ganar: El Plan Sin Gluten para la Excelencia Física y Mental’, a su línea de alimentos Djokolife y la cadena de restaurantes Novak Cafe & Restaurant, con ubicaciones en las ciudades serbias de Belgrado, Nuevo Belgrado y Kopaonik.

Esta fortuna de más de 190 millones de euros le permite disfrutar de la vida cómodamente. Djokovic viaja por todo el mundo en aviones privados de NetJets, uno de sus patrocinadores. En su patrimonio figura un piso en Montecarlo (Mónaco), una de las ciudades con el mercado inmobiliario más explosivo del mundo donde fijó su residencia por su ventajoso régimen fiscal.

En los últimos cinco años también ha comprado dos apartamentos en el SoHo de Nueva York, un lujoso ático en Miami y una ostentosa villa en Marbella (Málaga). Entre sus caprichos están el yate modelo Manhattan 90 -lo vendió hace tiempo- y una cámara de presión para musculación. Y en el garaje de Novak Djokovic hay modelos ofrecidos por sus patrocinadores (BMW, Audi, Mercedes, Peugeot) pero también un Aston Martin DB9, un Bentley Continental GT y un Tesla Model X.

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