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La derrota más previsible del Casademont Zaragoza (65-86)

El equipo aragonés resiste más de media hora ante el Real Madrid, pero acaba cediendo tras desplomarse en la recta final y se sitúa a un solo partido de los puestos de descenso.  

Rodrigo San Miguel, en un momento del partido.
Rodrigo San Miguel, en un momento del partido.
FRANCISCO JIMENEZ

El Madrid no ofrece tregua, no admite ni una sola concesión. Es un bloque contundente, vigoroso, imponente en todos los órdenes del juego, que castiga con saña cualquier desatención de su rival. El Casademont firmó una actuación de altura en la primera mitad, y guardó ambiciones de triunfo durante media hora, pese a medirse con uno de los conjuntos más rutilantes del panorama continental. Sin embargo, los locales claudicaron después, ya en el último cuarto, lastrados por el esfuerzo físico realizado y por su desatino en los lanzamientos, y apaleados también por su impericia para sostener el inmenso talento ofensivo de Sergio Llull (17 puntos) y Thomas Heurtel (13 tantos y 5 asistencias). Quedó entonces expuesto el conjunto aragonés, que acabó cediendo al final por una diferencia en el marcador inexistente en el juego (65-86). El duelo se resolvió con un contundente parcial (7-22) a favor de los visitantes. Fue, en cualquier caso, la derrota más previsible de toda la temporada.

Mientras el Casademont prolonga su negativa trayectoria, el Fuenlabrada -su próximo rival- sí emitió señales positivas ayer, en su partido ante el Valencia Basket, que acabó inclinando a su favor con una canasta de Emegano en el último suspiro de la contienda (88-87). Los madrileños siguen penúltimos, aunque se sitúan ahora con un solo triunfo de desventaja con respecto a los zaragozanos. La situación del Casademont es inquietante, de máximo riesgo, y necesita reaccionar con la mayor prontitud para huir por fin de futuros sobresaltos.

El Real Madrid compareció con las ausencias del zaragozano Carlos Alocén, Alberto Abalde y Trey Thompkins, todos ellos por lesión; mientras que reapareció Anthony Randolph, tras casi un año sin jugar, recuperado ya de la rotura del telón de Aquiles que sufrió en la Euroliga, frente al Olympiacos griego, en diciembre de 2020. Santi Yusta y Omar Cook representaron las únicas bajas del conjunto aragonés.

En el inicio, el Madrid buscó con insistencia a Yabusele, quien firmó las dos primeras canastas del duelo (0-4). El Casademont se aplicaba atrás con energía y tesón, pero se manejaba en ataque con dificultades, sometido por el notable desempeño defensivo de su adversario. Cuando Hans Vanwijn inauguró el marcador local, lo hizo desde la línea de personal, cuando ya habían transcurrido tres minutos de juego (2-4). Llull, con dos certeros triples, comenzó el despegue de los visitantes, que llegaron a edificar un renta de siete puntos (5-12) en el ecuador del primer acto. Sin embargo, el cuadro local reaccionó con prontitud, sostenido por su firmeza en las labores de contención e impulsado, además, por su puntería desde el perímetro. Okoye, en dos ocasiones, acertó desde el triple, y los zaragozanos comenzaron a creer.

Fue en el segundo cuarto, en sus primeros compases, cuando el conjunto aragonés culminó la remontada. Lo hizo con cinco puntos consecutivos de Adam Waczynski, quien golpeó primero con un triple para, en la siguiente acción, retratar la desidia madridista con un rápido contragolpe (22-20). Mobley, siempre punzante, hurgó en la herida del Real Madrid con 13 tantos prácticamente consecutivos -seis de ellos desde más allá del arco-, que estiraron la ventaja local hasta los ocho puntos (35-27), rebasado el cuarto de hora de partido.

Pero el equipo de Pablo Laso no admite distracciones. Y bastaron dos pequeños errores de los zaragozanos para que el Madrid se situara a sólo tres puntos, tras un triple de Taylor y una bandeja de Heurtel (35-32). Llull igualó la contienda después, de nuevo desde el perímetro (35-35), pero el Casademont alcanzó el intermedio con ventaja en el marcador, al aprovechar Waczynski una falta técnica señalada a Thomas Heurtel (36-35). Al descanso, el equipo de Ponsarnau seguía aspirando a la victoria, tras haber completado el mejor primer tiempo de la temporada. Su principal mácula atendía a los tiros libres, aspecto en el que presentaba un desatino inusual: había convertido 6 de sus 12 intentos, lo que se traduce en un 50% de efectividad.

El Madrid anotó con facilidad en los primeros minutos de la reanudación. Facturó 11 puntos en apenas 90 segundos, todos como consecuencia de buenas jugadas colectivas. Pero el Casademont no se descompuso: la intensidad de Thompson y Radoncic, siempre prestos al combate, y el talento ofensivo de Okoye mantuvieron en el partido al cuadro aragonés, en un momento especialmente productivo de los madridistas (44-48). Y eso que los zaragozanos, por entonces, habían acentuado su desacierto desde la línea de personal: un 43%, tras haber convertido 7 de los 16 tiros libres.

Mediado el tercer cuarto, el Madrid descargó varias trombas, y el Casademont ya no resistió en la tormenta. Fue un embate incontenible, despiadado, letal, que acabó sin remisión con la resistencia de los locales. Especialmente perniciosos resultaron los triples de Causeur, Yabusele y Sergio Llull, que situaron a los blancos a 10 puntos de distancia (49-59), a la media hora de juego.

Ni siquiera entonces perdió la fe el Casademont, que alimentó su autoestima con las canastas de Vanwijn y Hlinason, ambas bajo los aros, que además conllevaron el tiempo muerto de Pablo Laso (53-59). A partir de ahí, y tras un intenso intercambio de canastas, el Madrid salió vencedor. Dos triples de Jeff Taylor, otro posterior de Llull y un 2+1 de Poirier, debido a una falta de Vanwijn, asestaron la puñalada definitiva al corazón de los zaragozanos. El equipo aragonés, ahora sí, bajó definitivamente los brazos, ya exhausto, tras haber realizado un desgaste formidable.

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