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Aday Mara, cuando el límite es el cielo

El talento para el baloncesto, una anatomía exclusiva, el ánimo de aprender y un enriquecedor entorno familiar construyen la prometedora figura de Aday Mara, el chico de 16 años y 2,18 metros del Casademont. 

Aday Mara, en su primer partido con Casademont Zaragoza
Aday Mara, en su primer partido con Casademont Zaragoza
Guillermo Mestre

Los focos se han encendido sobre su poderosa silueta por la natural expectación que despierta su caso, haciéndonos olvidar, de alguna manera, que el protagonista no es más que un niño. Un niño grande, grandísimo, esculpido en fibras musculares, ligamentos, tendones y huesos por una genética extraordinaria que lo eleva desde el suelo hasta los dos metros y dieciocho centímetros. Ese es su observable rasgo diferente. Pero tiene otro más: el talento innato para la canasta. Si su cadena de ADN integra los códigos de una estatura prodigiosa, también guarda varios de los secretos del baloncesto bien jugado. Aday Mara (Zaragoza, abril de 2005) ha salido del anonimato después de debutar con el primer equipo del Casademont Zaragoza la pasada semana con solo 16 años. Es otra de las puertas que ha derribado en su imparable progresión hacia quién sabe dónde, porque todo es posible en un diamante en bruto cuyo tamaño, al contrario de lo que pueda parecerse, le ha puesto todo tipo de desafíos diarios desde bien niño. 

No ha sido un camino sencillo, pero Aday Mara lo ha sorteado gracias a una variable incontestable en su desarrollo: el amor por lo que hace. El baloncesto no lo ha escogido a él, sino que él ha escogido al baloncesto. No estamos ante el usual caso de un niño de dimensiones asombrosas al que le ponen la pelota en la mano y la canasta sobre la cabeza. No. Aquí, la pasión mide más que su anatomía. “Aday disfrutaba jugando. Lo más divertido era verlo lo bien que se lo pasaba. Tenía la pasión de cualquier niño de 11 años, pero multiplicada por tres”. Lo recuerda Jorge Samper, figura clave en su formación. Le entrenó en categoría infantil del Casademont Zaragoza y participó en las sesiones de tecnificación en las que Aday fue ojeado y seleccionado. Era alevín de primer año. Había comenzado a jugar en el histórico Básket Lupus.

"Aday tenía unas condiciones técnicas muy buenas. Pero sufría serios problemas físicos. Crecía muy rápido para su edad"

 Ya, por entonces, insinuaba su formidable crecimiento. Casademont lo amarró, pero, al no contar con categoría alevín en su estructura de cantera, Aday Mara pasó al vinculado EM El Olivar. “Tenía unas condiciones técnicas muy buenas. Pero sufría serios problemas físicos. Crecía muy rápido para su edad”. Toma la palabra Chicho Lucas, coordinador y director técnico de baloncesto en el club. Nos introduce así en los complicado orígenes de Aday Mara. “Al principio, tenía muchos problemas para correr y moverse. Sufría dolores porque sus tendones y huesos crecían muy rápido. Pero se le fue corrigiendo. Y jugaba de maravilla: dominaba el juego, tiraba bien, botaba bien, pasaba bien...”, agrega Chicho Lucas.

Aday Mara, en su primer partido con el Casademont Zaragoza.
Aday Mara, en su primer partido con el Casademont Zaragoza.
Guillermo Mestre

“Quizá, en sus inicios, Aday destacaba por su altura, llamaba la atención lo grande que era, pero no dominaba los partidos. Movía su cuerpo, su cerebro veía las cosas que podía hacer, lo interpretaba, pero, a veces, llegaba tarde porque su cuerpo se lo impedía”, explica Jorge Sámper. “Tuvimos claro que había que ayudarle. Había que tener paciencia. Nos enfrentábamos a situaciones en las que trabajábamos unas cosas con los niños, pero como Aday modificaba su cuerpo tanto de un mes a otro, había que volver a empezar”, agrega Samper, ahora seleccionador de Aragón infantil.

Más allá de las particularidades de su desarrollo físico y sus efectos, desde niño, Aday Mara tuvo que ir aprendiendo a convivir con su singularidad y con la extrañada mirada social. Sus entrenadores, sus amigos y sus padres lo acompañaron en ese proceso. Aday era diferente. “Al principio era un chico un poco tímido e introvertido. Era muy alto, pero no dejaba de ser un niño. En cadetes, pegó un cambo a nivel personal. Comenzó a creerse como jugador de baloncesto, cogió confianza y se soltó más en el vestuario, hablando con los compañeros”, rememora Samper. “Dentro de ese cuerpo, hay un niño -secunda Chicho Lucas-. Como es normal, ha madurado y ya juega con seniors, pero es un niño, que, con 16 años es lo que tienes que ser, por otro lado. Debe existir un equilibrio. Es un chaval humilde, respetuoso y muy educado”.

"Sus padres lo han llevado con una naturalidad brutal. Tienen claro que la parte académica y su crecimiento personal son lo primero"

En esa construcción personal, son figuras clave sus padres. Javier Mara jugó el viejo CAI Zaragoza, conoce el baloncesto y sus caminos. Su madre, la tinerfeña Geli Gómez, se dedicó al voleibol y fue internacional española. Aday se ha alimentado en casa de una cultura deportiva esencial en su progresión. “Sus padres han tenido siempre un comportamiento ejemplar. Siempre han tenido los pies en el suelo. Conocen el deporte de alto nivel y eso le ha ayudado”, indica Chicho Lucas. “Ha tenido la suerte de disfrutar de un entorno muy bueno. Sus padres lo han llevado todo con una naturalidad brutal. Creo que tienen claro que la parte académica y su crecimiento personal son lo primero”, completa Jorge Samper. “Su entorno es bueno, van despacio, conocen el proceso- Sis padres sabe de qué va la historia. En el club está muy arropado y están pendientes de él, lo cuidan, no queman etapas y van poco a poco. La clave será que no tenga lesiones y todo siga su curso”, añade.

Aday Mara, en su primer partido con Casademont Zaragoza
Aday Mara, en su primer partido con Casademont Zaragoza
Guillermo Mestre

El recorrido vital de Aday Mara le ha llevado en el último año y medio a medirse ya con adultos. La cosa se ha puesto seria. La Liga EBA con El Olivar y la LEB Oro con Levitec Huesca, los clubes convenidos del Casademont, donde ya ha tocado tierra en el primer equipo. ¿Y ahora? "Sus capacidades son de otro nivel, de jugador diferencial. Tiene un futuro prometedor. Ha madurado mucho a nivel de conocimiento del juego, pero aún está en formación. Va a estar muy condicionado por su desarrollo físico. Tiene que mejorar a niveles importantes. Si lo consigue, no sabemos dónde puede llegar. Pero que nadie olvide que este es un proceso de largo recorrido. Tiene que estar preparado para todo y seguir mejorando. No olvidemos que es un niño de 16 años jugando con gente que pesa 30 kilos más", analiza Sergio Lamúa, el entrenador que ha contado con él un par de semanas en el Peñas de Huesca y buen conocedor de su evolución en la cantera del Casademont: "Los jugadores grandes e interiores llevan una maduración más lenta que los exteriores. Debe seguir su proceso natural. Es una esponja, lo absorbe todo, muestra voluntad de aprendizaje y se adapta al entorno competitivo: lo pones a jugar a Leb Oro y se adapta, los pones en EBA y se adapta, los pones en nivel ACB y se adapta… Tiene muy claro lo que quiere. Es un enamorado del baloncesto. Si la van poniendo puertas y las va tirando, no quedarán más narices que ponerlo. Y si no las tira, habrá que ayudarle. Luka Doncic reventó las puertas a los 19 años, y Carlos Alocén a los 18 las comenzó a tirar poco a poco. No hay que ponerle fecha a su evolución”, admite Lamúa.

Su progresión necesita tiempo. Que su cuerpo se concrete. Que los músculos vayan cubriendo y robusteciendo su esqueleto. Aún no ha terminado de estirarse, y sus 2,18 pueden aún ser solo una estación intermedia. No obstante, que el dedo que señala la luna no nos engañe. Jorge Samper lo argumenta: “Si dijera que lo mejor de Aday Mara es que mide 2,18, mentiría. Con los compañeros que yo he hablado, siempre hemos coincidido que lo mejor que hace Aday es pasar el balón y entender el juego. Lo otro que tiene es que mide 2,18. A ese físico le suma un talento innato par jugar al baloncesto. Eso es lo más destaca. Insisto: no es lo que mide, es cómo juega”.

Aday Mara, en su primer partido con Casademont Zaragoza
Aday Mara, en su primer partido con Casademont Zaragoza
Guillermo Mestre

Lamúa profundiza en la radiografía del tipo de jugador que puede ser: “Veremos. Es capaz de tirar de fuera y distribuye el juego desde arriba porque tiene una visión de juego y una capacidad de pase diferenciales. Todo eso lo controla. Pero hasta que no se termine de desarrollar, no sabremos qué jugador será. Si acaba siendo un 2,18 de 130 kilos o un 2,18 de 105 kilos, con una movilidad determinada o un jugador más posicional. Gasol en los juniors de oro no jugaba y tres años después dominaba en la NBA, por ejemplo. Hay que tener paciencia con la gente grande”.

Chicho Lucas completa la mirada a las expectativas: “Yo siempre he pensado que Aday llegará donde su físico le permita. Lo ha mejorado, pero para el más alto nivel le queda algún paso. Si el físico le deja, va a llegar, a la NBA o donde quiera porque tiene condiciones para todo”. Mientras tanto, el cielo espera a Aday Mara.

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