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Julio Rodríguez: "Quiero devolver a los jóvenes todo lo que me ha dado el balonmano"

El exguardameta del Barça, Ciudad Real y Teka Cantabria dirigirá la Maristas Handball Academy. 

Julio Rodríguez y el balonmano: una historia de amor.
Julio Rodríguez y el balonmano: una historia de amor.
Oliver Duch

Vuelve Julio Rodríguez. ¿Qué ideas gravitan ahora sobre su cabeza?

Mi nuevo proyecto se llama Maristas Handball Academy (MHA).

¿Una academia de balonmano en Maristas?

Pretendo dedicarme a la formación de entrenadores y entrenadoras. Si hay buenos entrenadores y entrenadoras, habrá buenos jugadores y jugadoras. Y con buenos entrenadores y entrenadoras, y buenos jugadores y jugadoras, acabas teniendo buenos equipos.

¿Por qué ha elegido Maristas para desarrollar su proyecto?

Me llamó el presidente del Ademar, Juanma Giménez Múgica. Me comentó la iniciativa de implementar un ideario, una forma de jugar al balonmano. Recuperar la esencia del estilo de Maristas.

Zurrar todo lo que los árbitros dejen en defensa y volar al contraataque.

Eso es, defensa de anticipación y mucha velocidad. Nuestro símbolo en el escudo es una ardilla.

Una ardilla: como Amadeo Sorli, la perla de Maristas.

Exactamente. Amadeo puede ser un buen exponente.

Antes, cuando me refería a zurrar, quería decir defender a tope. ¿Sería como Manolo Cadenas en el Ademar de León?

Sí, es una aproximación muy buena. Mi labor será formativa: formar a los que deben formar, a los entrenadores. Queremos crecer en el número de equipos de base, que nuestros jugadores y jugadoras sean cada vez más competitivos para que nuestros equipos sean cada vez más competitivos. Debe ser una base sólida para afrontar el acceso a la élite. Ese objetivo lo intentarán el club Zaragoza Balonmano y el Schar Zaragoza.

Se aprecia un cariño muy especial cuando habla de Maristas.

Es cierto. Dos personas muy cercanas a mí que ya no se encuentran entre nosotros, como Eduardo Acón y Óscar Mainer, me hablaron mucho de Maristas.

Entrenador modelo y alumno aventajado de Maristas.

Eran muy especiales los dos. Los dos tenían un punto en común.

¿Cuál?

Les gustaba decir la verdad.

Veo que los conocía bien...

En la vida, en el deporte de élite, con todos sus intereses, es común que te digan lo que quieres escuchar. En mis casi 20 años en la élite del balonmano, he oído de todo... Y Acón y Mainer no decían lo que querías escuchar: gustara o no gustara, decían la verdad.

Buen lugar, la verdad.

Por eso, entre otras muchas cosas, quiero desarrollar mi proyecto aquí, en Maristas. Con Mainer jugué cuando la Asobal era la mejor liga del mundo. De él se podía aprender todo, hasta cómo atarte las zapatillas. Acón me fichó para el BM Aragón cuando yo tenía 37 años. Ya me había retirado.

Esa historia me suena…

Me dijo que, si no fichaba, el equipo estaba muerto en la bañera.

¿Literal?

Sí, literal.

¡Ja, ja, ja!

Acudió a la cita con un señor elegantemente vestido.

¿Vicente Gracia Forcén?

Exacto. Y en dos minutos me convenció de que tenía que volver a ponerme en la portería para salvar al equipo del descenso de Asobal.

¿Qué le dijo?

Que no le fallara, que él no me fallaría a mí. En algunos momentos de la temporada, incluso llegamos a estar hasta a ocho puntos de la salvación.

A cuatro partidos...

Pero no perdimos la fe jamás. La segunda vuelta fue de escándalo, de competición europea. Increíble. De lo mejor de mi vida.

De lo mejor después de haber jugado en tres clubes campeones de Europa... Porque este señor que tengo ante mí ha jugado en el Barça, el Ciudad Real y el Teka.

Jugar con los mejores jugadores del mundo, con los mejores entrenadores, fue algo maravilloso; pero esa temporada me marcó. Todos esos valores quiero ahora trasladarlos a Maristas Handball Academy. Quiero devolver a los jóvenes todo lo que me ha dado el balonmano.

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