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Samuel Porcel: "Hay veces que te sientes un bicho raro y es muy duro mentalmente"

Este ultraciclista aragonés acaba de completar uno de los desafíos más impresionantes de Europa: la Ultimate Pyrenees Pursuit. Más de 2.500 kilómetros y 66.000 metros de desnivel en 11 días. Explica su experiencia y su amor por las rutas de larga distancia.

Samuel Porcel, ciclista de utrafondo, en Zaragoza
Samuel Porcel, ciclista de utrafondo, en Zaragoza
Oliver Duch

Es un ciclista anónimo, un amante de la bici y sus significados, que acaba de completar uno de los desafíos más inhumanos, majestuosos y admirables jamás diseñados: 2.700 kilómetros, 66.000 metros de desnivel, 50 puertos de montaña y 11 días y 12 horas, entre el 19 de septiembre y el 1 de octubre, de margen para completar el recorrido por las arterias de los Pirineos. Pues bien. A Samuel Porcel, como así se llama el héroe, natural de Larués, en La Jacetania, 41 años, contable en una empresa zaragozana, le sobraron siete horas. Solo la terminó él de los tres -solo hubo tres valientes- que se animaron con el recorrido largo de la Ultimate Pyrenees Pursuit con origen en Bagneres de Bigorre (Francia). Todo sin asistencia, pura autosuficiencia. En Aragón hay muchos ciclistas, y muy buenos, rápidos y fuertes, pero posiblemente no haya ninguno como él, alguien para quien las rutas de más de 400 kilómetros y las largas distancias en bici son el pan de cada día. Un deportista único.

El ciclista alemán Jens Voigt se anestesiaba así: “Cuando me duelen las piernas, digo: ‘¡Callaos, piernas! ¡Haced lo que yo os diga!”’ ¿Qué le dice usted a las suyas?

Ya las he descansado, volviendo a la rutina, y muy satisfecho. Mejor de lo esperado porque cuando vi que me sobraba tiempo ya me lo tomé con calma.

¿Cómo puede sobrar tiempo en un desafío así y cómo se lo puede tomar uno con calma?

Regulando. Dosificar es la clave de una aventura de este tipo. El comienzo fue fundamental. Hacer de tirón la primera noche -casi 700 kilómetros- fue una estrategia muy buena. Ya desde la salida me iba viendo bien y pude mantener las fuerzas. Siempre es mejor hacer el sacrificio cuando estás fresco, y así fue. Al fin y al cabo, en una ruta como esta, el desnivel en lo que más hay que saber gestionar. Por distancia, cuando la vi, pensé que podría ser fácil. Estoy acostumbrado. Pero ya cuando analizas el recorrido y ves tanto puerto y tan alto dices: “¡Ostias, esto no es tan sencillo!” Los factores meteorológicos también entran en juego en sitios como el Tourmalet, Gavarnie o Portet: las lluvias, las nieblas, las tormentas… Son elementos que endurecen las cosas.

¿Cuál fue el momento más complicado?

Por ejemplo, en el kilómetro 1.850 o por ahí. En San Juan Pie de Puerto, en el lado francés de la frontera con Navarra. Llegué a las 21.30 convencido de que al ser una localidad turística tendría habitación en algún hotel, pero estaba todo lleno. Tocó dormir en esas paradas de autobús de cemento que tienen en Francia. Allí me acosté con la manta térmica, pero el cuerpo no descansa igual. Apenas duermes un par de horas y te despiertas cada 15 minutos. En los primeros días, también pasé mucho frío al pillarme una tormenta en el col de Ares que me dejó tiritando. También se me atragantó una etapa en la costa atlántica. El terreno entre Hendaya y San Juan Pie de Puerto no lo esperaba tan duro, lleno de repechos y rampas del 20%. Con tanta tralla ya en las piernas, se hizo duro. Tardé 9 horas en hacer esos 100 kilómetros en lugar de las 4 previstas. Hay que tener la cabeza muy fría y mucha paciencia.

¿Más que autosuficiencia?

Es fundamental aquí. Con un coche de asistencia, sería cinco veces más sencillo. Te ahorras el peso de todo el material, no habría que andar pendiente de buscar comida, de encontrar agua, de depender de un hotel o de tener cerca un bar para comer.

Pero, seguramente, no sería tan bonito. Porque, hubo momentos bonitos, imagino.

Todos los días se viven momentos especiales. Pedalear de noche, como en la primera jornada, por el puerto de Pailheres, yendo tranquilo y relajado. O el col de Agnes. Me gustó mucho, muy clásico, una ascensión preciosa para subirlo solo. Y por supuesto el tramo entre Jaca y Somport, cerca de casa. Fue muy emocionante. Y puertos que conozco bien, próximos al pueblo, como Issarbe o Labays. ¡Incluso en Jaca pude dormir en casa de unos amigos!

La ruta de Samuel en la Ultimate Pyrenees.
La ruta de Samuel en la Ultimate Pyrenees.
HA

¿Qué le llevó a esta marcha, prueba, reto o como bien se le pueda definir?

Un sábado de estos de lluvia que no sales en bici y te quedas en casa comencé a buscar algún desafío de larga distancia. Suelo hacer alguno al año, pero el pasado, por el tema de la covid, no hubo ni viajes ni aventuras de este tipo. Así que en 2021 tocaba sí o sí. Descubrí la Ultimate Pyrenees y fue la que más me encajó. No la conocía pero la elegí por fechas, era en septiembre y pensé que todo estaría más tranquilo con el covid. Además, se corría en Francia, cerca del pueblo, y en los Pirineos, en casa, como quien dice, por sitios en los que llevo muchos años pasando en bici, y eso le añadía un punto de ilusión a un desafío que era desconocido para mí por la cantidad de desnivel.

"Dosificar es la clave de una aventura de este tipo. Hay que tener la cabeza muy fría y mucha paciencia"

¿Qué estrategias sigue para vencer al sueño cuando pedalea de noche?

Las primeras noches las suelo pasar bien. Y si me entra sueño me paro en el arcén y cierro los ojos dos o tres minutillos y se me va. Pero la segunda noche aún no he sido capaz de superarla. Sí o sí hay que parar: los ojos se cierran, la oscuridad, la ausencia de ruido… Como mucho, oyes algún animal que se cruce.

¿Le ha ocurrido?

Sí, sí. El otro día bajando el col de Agnes, unos cuantos ciervos.

¿Cuál es el sitio más extraño donde ha dormido?

En Francia, las marquesinas suelen ser aprovechables. Luego, recuerdo que en la Brevet 1.000 de Zaragoza la segunda noche la pasé en la vieja estación de tren de Gallur

¿Es más importante en este tipo de desafíos gozar de una mentalidad fuerte más que de un físico fuerte?

Sí. El físico, al final, te falla. Hay muchas veces que en el kilómetro 300 ya estás cansado, con calambres o algún dolor. Ahí entra en juego la experiencia y la cabeza. Decirte que te recuperas, que ya has pasado por eso. Es paciencia. Te convences de que puedes superar esas crisis porque ya lo has hecho antes. Hay que tener aguante mental. El dolor hay que conocerlo.

Porcel, en la majestuosa ascensión al Portet, en Saint Lary.
Porcel, en la majestuosa ascensión al Portet, en Saint Lary.
HA

¿Cómo es una jornada de alimentación cuando está en ruta?

Depende de lo que te encuentres abierto. Lo ideal es un supermercado: compras pan, embutido y te metes un bocadillo. Si no, las panaderías. Bollería o pan solo. También, si se puede y no quieres perder tiempo, comes en un restaurante. Y en ruta llevo barritas para las noches y plátanos.

¿Qué experimenta en esa soledad de tantas horas?

Hay veces que en este tipo de pruebas tan largas te sientes un poco como un mono de feria. Te dices: “Qué narices hago yo solo aquí, en bici, a las tres de la mañana”. Uno mismo se ve ridículo. La semana pasada, en el Peyresourde, a las 19.00, me pasó. No había ya nadie, y te hace sentir un bicho raro. Esa percepción de uno mismo puede hacerse muy dura. Te mina la moral.

Le habrán dicho alguna vez si está bien de la cabeza...

Sí, sí. Que para que hago estas cosas, me dicen. Si vas con gente, no lo ven tan raro. Pero yendo solo...

¿Qué busca en este tipo de retos? ¿Cuál es su recompensa?

Enfrentarme a cosas desconocidas. El punto de emoción de si acabarás o no. Hay una búsqueda de libertad, también.

¿Se ha llegado a sorprender a sí mismo?

En las primeras brevets -rutas de larga distancia-, sí. Pero ahora no tanto. En la Ultimate, sabía que era capaz de hacerlo.

"En este tipo de desafíos, también hay una búsqueda de libertad y de enfrentarse a lo desconocido"

¿Qué es la épica para usted?

La incertidumbre de poder completar o no el desafío. Hay muchas veces que empiezas y no sabes si acabarás o te quedarás a mitad de camino. Antes, hacer 1.000 kilómetros era lo máximo, ahora no tanto porque sé que puedo hacerlos y hacer más. La épica es lo desconocido.

¿Cómo entrena y prepara estos desafíos?

Yo no entreno, yo voy en bici. No sigo ningún plan específico de pulsaciones, vatios o dietas. No busco un plan eficiente. Hay quien hace mucha intensidad, muchos kilómetros. A mi la intensidad no me gusta. Sigo una progresión: cojo el calendario y marcó una fecha límite. Y a partir de ahí cada vez voy subiendo las horas, los kilómetros o el desnivel. Yo no salgo todos los días, procuro salir los fines de semana, menos el de las fiestas del pueblo. Entre semana, muy poco. No me obsesiono. Eso sí, cuando salgo, salgo. Este año ya voy por los 20.000 kilómetros.

¿Por qué se decidió por el ultraciclismo?

Es un poco la esencia del ciclismo, de los pioneros del Tour de Francia, que hacían etapas de 400 kilómetros. Empecé a coger con cierta continuidad la bici en 2009. Ese año hice la Irati Extreme, y al año siguiente La Marmotte de los Alpes. Luego, oí hablar del Tour de Mont Blanc y sus 300 kilómetros y 8.000 metros de desnivel, y la hice en 16 horas. Me dije que si podía hacerla, podía con una brevet de 600, durante 24 horas. Y completé la Brevet 600 de San Sebastián de tirón, sin dormir. Y ya cada vez más: el Brevet 1.000 de Zaragoza, la París-Brest-París, la Madrid-Gijón-Madrid y en 2019, la Race Across France, ya palabras mayores.

Más allá de esta última prueba o brevets oficiales, usted acostumbra a realizar etapas de entre 400 y 700 kilómetros de una tirada recorriendo varias zonas y comarcas de Aragón. Conocerá todo su territorio gracias a la bici. ¿Cuál es su preferido?

La zona de Fonfría y Baños de Segura me encanta. También el Maestrazgo. Es complicado quedarse solo con sitio. Aragón es muy bonito en bici. La carretera de Calatayud a Sabiñán, por Huérmeda y el Jalón es preciosa.

¿Y el día de más horas ininterrumpidas sin parar a dormir o descansar?

Hubo una etapa dentro de un proyecto personal de hacer 1.600 kilómetros íntegros en Aragón en menos de 4 días. En la primera, unos 840 kilómetros, fui desde Larués, por Ansó, Rasal, y ya fui para abajo, por Ejulve, Villarluego, Valdelinares… Hasta Mora de Rubielos.

Samuel Porcel, en las rampas del Tourmalet
Samuel Porcel, en las rampas del Tourmalet
HA

¿Recuerda algún día que se le atragantara más de la cuenta?

En pruebas, no me he retirado nunca. Pero muchos sábados salgo con idea de hacer 400 kilómetros y a los 200 me he dado la vuelta.

Recopila todas sus aventuras y salidas en el blog Paisajes Ciclistas, con fotografías y textos muy cuidados. ¿El ciclismo es el deporte que mejor armoniza con la literatura?

Sí, se traslada muy bien a las letras. Además, es un deporte que genera mucho vínculo con la tierra. Pasar por los mismos sitios tantas veces produce esa relación tan potente. Se crea un sentimiento de pertenencia que lleva luego a escribir sobre esa tierra.

¿Qué le queda por hacer?

Algo habrá que hacer al año que viene. Seguro. Me gustaría algo por Bélgica, Alemania o Austria. La dificultad me da igual. Eso sí, mínimo 2.000 kilómetros.

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