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Equipamiento deportivo

¿Cuándo o cada cuánto se deben cambiar las zapatillas de deporte?

Las deportivas sufren el desgaste del uso, que puede verse acelerado por diferentes factores, y no sustituirlas a tiempo puede provocar lesiones.

Es necesario cambiar las deportivas con el paso del tiempo.
Es necesario cambiar las deportivas con el paso del tiempo.
Freepik

A la hora de hacer deporte es necesario empezar a vestirse por los pies. Las zapatillas deportivas son uno de los elementos más importantes de este tipo de equipamiento, ya que están en contacto directo con el suelo o la superficie de impacto y deben amoldarse al movimiento, a la dureza del suelo y al tipo de ejercicio. Tirando de sinónimos, son como los neumáticos del coche, por lo que deben estar siempre apunto para evitar lesiones, torceduras o rozaduras. 

Además de apostar por unas buenas deportivas que nos ayuden a dar el máximo en cada entrenamiento (escogiéndolas por sus características para que se adecúen a las exigencias de los ejercicios que se practiquen), es necesario comprender que tienen una vida útil limitada y que en algún momento será necesario cambiarlas. 

¿Cuándo? Pues depende del uso, de los kilómetros que se recorran con ellas, del tipo de exposición a agentes externos que puedan acelerar su envejecimiento pero también a la composición corporal (la estatura y el peso) y al tipo de cuidado y atención que se les preste. A grandes rasgos, desde algunas marcas especializadas como Asics, estiman una duración media de las zapatillas de running de entre 700 y 900 kilómetros, aunque si después de recorrer esa distancia no muestran signos evidentes de desgaste pueden utilizarse algo más de tiempo.

Pero claro, un corredor profesional gastará estos kilómetros en mucho menos tiempo que una persona que simplemente hace running como ejercicio semanal. Deberemos prestar atención, entonces, a los siguientes síntomas de desgaste que se aprecien en nuestras deportivas:

  • El exterior de la suela está desgastado hasta la entresuela blanca y perdemos agarre o nos resbalamos.
  • La entresuela parece blanda, está chafada o se dobla fácilmente cuando se ejerce presión.
  • El contrafuerte se mueve y sujeta menos.
  • La horma está deformada.
  • Notas los dedos a través de la puntera y esa zona se desgarra.
  • Una suela de la zapatilla se desgasta de forma desigual comparada con la otra.
  • La goma está cristalizada (si llevamos mucho tiempo sin usarlas):
  • Se sienten molestias al correr.

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