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Sergio Ibáñez: "Estuve muy cerca del oro y volveré a pelear por él"

El judoka paralímpico aragonés es una de las grandes esperanzas de este deporte en España. 

Sergio Ibáñez, ayer en la Residencia Blume de Madrid.
Sergio Ibáñez, ayer en la Residencia Blume de Madrid.
Francisco Jiménez

El aragonés Sergio Ibáñez acaba de conseguir una medalla de plata en judo en los Juegos Paralímpicos de Tokio. De regreso a España, después de pasar por Zaragoza, se ha incorporado a la Residencia de Blume de Madrid, epicentro del deporte de élite español.

Dicen que la plata destila un sabor contradictorio…

Una medalla de plata es una medalla de plata. Pero, desde luego, no gusta perder en una final, cuando tienes el oro tan cerca.

En su caso, además del qué, hay que hablar del cómo…

¿Se refiere a la polémica por la decisión del vencedor del combate?

Sí. La victoria del uzbeko de nombre impronunciable (Uchkun Kuranbaev) no fue nada clara.

Yo, desde el máximo respeto al rival y a los jueces, tengo que decir que, a mi juicio, no estuvo bien decidido el combate. Hay una acción a falta de 15 segundos en la que creo que yo puntué, y no la quisieron revisar.

¿También hay VAR en el judo, como en el fútbol?

Sí, se pueden revisar las acciones. Hice un ‘waza-ari’, que significa marcar un punto, y no lo dieron. Con un ‘ippon’ ganas directamente. En el combate no hubo ‘ippon’.

¿Y el punto decisivo que le concedieron a él?

Yo no lo hubiera concedido. Perdió el control. No fue una acción clara. Además, el punto me lo dieron a mí al principio y luego, desde la mesa, lo cambiaron. Fuimos a reclamar y no nos justificaron la decisión final. Antes, también nos molestó mucho que no quisieran ver una acción decisiva a mi favor.

Vaya faena, Sergio…

Estuve muy cerca del oro y volveré a pelear por él. Llevo luchando por este objetivo desde que me subí al tatami con ocho años. Antes, practicaba natación, pero la dejé por el judo. Mis padres querían que hiciera deporte y me llevaron al gimnasio de la ONCE en Zaragoza. Vivía y estudiaba en Alagón. Mis padres, Enrique y Cati, y mis hermanos, Omar y Tatiana, siempre me han respaldado.

¿Qué tal iba en los estudios?

Bien. Estudié hasta la ESO en Alagón. Después, en el Ítaca de Zaragoza y Santo Domingo de Silos. Ahora estoy haciendo segundo curso de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte en la Universidad Politécnica de Madrid.

Qué maravilla, Sergio.

Pese a que tengo un 78 por ciento de discapacidad visual, casi nunca he necesitado ayuda y me he valido por mí mismo.

Tendría usted que verme a mí... Porque, ¿quién no es discapacitado en algo…?

Buena pregunta. En judo paralímpico, en función del grado de ceguera, hay tres categorías: B1, personas con ceguera total; B2, perciben formas y luminosidad; y B3, atletas que pueden definir imágenes. Yo compito en B3. Debido a la deficiencia visual, peleamos agarrados, no como en categoría absoluta, donde el combate se inicia separados. Hablando de categoría absoluta, también fui subcampeón de España absoluto.

¡Increíble! ¡Le ha ganado a rivales de primer nivel sin discapacidad visual! ¿Y cómo veía al rival?

A una distancia cercana, iniciando el combate a uno o dos metros, puedo ver. Así, superando tantos hándicaps, gané la medalla de plata en 2018 y el bronce en 2020 en el Campeonato de España absoluto combatiendo ante rivales sin discapacidad. También entreno con judokas sin discapacidad.

Pues si no llega a ser discapacitado usted…

Me ha ido bien (sonríe). Con 15 años ya era doble campeón de España y en 2019 gané la medalla de plata en los Juegos Mundiales para Ciegos y el bronce en Europeo de Judo para Ciegos.

Y después de todo esto que me está contando, ¿qué le queda por hacer?

Apenas tengo 22 años. Quiero terminar mi carrera y ser entrenador en el CAR (Centro de Alto Rendimiento). Los Juegos Paralímpicos de Tokio ha sido una gran experiencia. Me queda mucho camino por recorrer.

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