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"Este año no vamos a jugar a fútbol por miedo a que entre la covid en el pueblo"

Decenas de equipos del fútbol regional aragonés han renunciado esta temporada a competir por la "imposibilidad de cumplir el protocolo, entrenar en condiciones y cuidar la salud de la localidad".  

El estadio Juan Antonio Endeiza de Andorra no albergará fútbol esta temporada.
El estadio Juan Antonio Endeiza de Andorra no albergará fútbol esta temporada.
Andorra CF

En infinidad de pueblos de Aragón, el fútbol tiene un papel más social que deportivo. Es sinónimo de reunión, de fuerza colectiva y resistencia. De identidad. Precisamente por eso, por su espíritu más original, el fútbol no volverá este año a numerosas localidades de Aragón. A pesar de que el deporte ha festejado este pasado fin de semana su esperado regreso, son decenas las pequeñas localidades de Zaragoza, Huesca y Teruel que han decidido que este año no habrá fútbol en sus campos. En Regional Preferente, un total de siete, cifra que aumenta conforme se desciende de categoría.

"Este año hemos decidido que no vamos a jugar a fútbol por miedo a que entre la covid en el pueblo. No estamos en condiciones de competir. Tenemos que priorizar la salud de los jugadores, los técnicos y los directivos", explica Jaime Navarro, presidente del Gallur, que ha renunciado a última hora a su plaza en Regional Preferente, justo en el momento en el que la Federación Aragonesa confirmó que no habría sanciones en forma de descensos para aquellos que se retiraran de la competición.

"Al principio contábamos con la amenaza del descenso, lo que nos obligaba a apuntarnos en contra de nuestra voluntad. Nosotros llevamos desde octubre sin entrenar, con muchos jugadores que viven en Zaragoza, Casetas, Utebo… así es imposible competir y hemos decidido que este año no habrá fútbol en el pueblo", amplía Jesús Navarro, presidente del Boquiñeni. "En el pueblo el fútbol es un aliciente importante, pero tenemos un campo pequeño, con una grada pequeña que no se puede utilizar en condiciones. No podemos arriesgarnos a jugar sin test y contra equipos que pueden traernos el virus", agrega convencido de que han tomado la decisión más responsable para la localidad.

En Andorra, como en Gallur y Boquiñeni, tampoco habrá fútbol esta temporada. "Hay un grupo importante de equipos que ya no queríamos volver en octubre y ahora creemos que la situación no es mucho mejor", explica Antonio Donoso, su presidente. "En Andorra hemos sufrido mucho la pandemia, la salud del pueblo y de los jugadores, que tienen miedo a tener que dejar de trabajar dos semanas, es lo primero. Tenemos que ser coherentes con nuestra gente", subraya.

Donoso mantiene una línea de discurso crítica con la Federación, idea compartida por varios de los clubes que han decidido no ejecutar su inscripción. "No se han preocupado de todos por igual. La salud se tiene que garantizar y no se garantiza. En Regional no va a haber test PCR y eso es una bomba de relojería. Mis jugadores tienen miedo de contagiarse y estar dos semanas sin trabajar", afirma. En Luceni, la línea argumental es similar: "Es totalmente innecesario hacer las cosas deprisa y corriendo para tres meses de competición, siendo que llevamos once meses sin jugar y no ha pasado nada. En el Luceni hemos valorado las garantías personales y físicas de los jugadores. Estamos deseando volver a jugar pero lo queremos hacer con total seguridad y si para ello tenemos que esperar, esperaremos", argumenta Diego Álvarez, el entrenador del Luceni.

"Nos exigen el mismo protocolo al Gallur que al Barcelona"

En Gurrea destacan el hecho de que son aficionados, muy lejos del profesionalismo de la élite: "Estamos en medio de una pandemia mundial y es cierto que puedes coger el virus en cualquier sitio, pero es absurdo sumar más posibilidades siendo que todos somos aficionados, no profesionales", enfatiza Raúl Bitrián, el presidente del Gurrea.

El máximo responsable del club sitúa el foco también en la elevada dificultad de los clubes humildes de cumplir el protocolo sanitario que exige la DGA y la Federación para que se desarrollen los partidos. "No hemos tenido salvoconductos para entrenar, somos una directiva pequeña, con máximas dificultades para cumplir los protocolos", explica. Jaime Navarro, del Gallur, describe de forma muy gráfica este sentir: "Son demasiadas responsabilidades sobre las directivas, que trabajamos por amor al arte, y cero ayudas. Nos exigen el mismo protocolo para jugar partidos en el Gallur que el que se le demanda al Barcelona en el Camp Nou". Y añade: "No es lo mismo el fútbol de Zaragoza capital que el de los pueblos. Nosotros no estamos en condiciones de competir, con chicos viviendo en Ejea, Huesca o Zaragoza que no han podido entrenar desde hace meses. El riesgo de lesiones es máximo y la desigualdad de la competición, también". "La competición nace adulterada por las desigualdades para poder prepararla entre todos", concluye Donoso, máximo responsable del histórico Andorra, que esta temporada no competirá por “sentido común y coherencia”.

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