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El atletismo aragonés acaricia la normalidad

Después de varios meses de incertidumbre y pruebas en el aire; los equipos y atletas aragoneses se aproximan a la normalidad de la competición con la duda de los efectos en el rendimiento de casi un año de pandemia.

La Federación Aragonesa de Atletismo celebró este enero las primeras pruebas en el Palacio de los Deportes de Zaragoza.
La Federación Aragonesa de Atletismo celebró este enero las primeras pruebas en el Palacio de los Deportes de Zaragoza.
FAA

Ya ha transcurrido casi un año completo desde que Carlos Mayo, en el Parque Lineal de Plaza, levantaba los brazos como campeón de España de cross, se fundía en un abrazo interminable con su fiel amigo Toni Abadía y se coronaba como el atleta aragonés del momento. Era el 8 de marzo y el mundo latía, vivía, reía y competía mientras, envuelto en la invisibilidad, el coronavirus acechaba en forma de ola gigante. Todo se paró. También el atletismo aragonés en todas sus capas: profesionales, populares, clubes, organizadores, competiciones, patrocinadores…

Todo un deporte dinamitado por el confinamiento de primavera y la incertidumbre posterior: pruebas anuladas y aplazadas, planes de entrenamiento reducidos a polvo, objetivos deportivos abortados -esos Juegos Olímpicos que marcan y definen vidas enteras-… «Han sido meses de incertidumbre, pero vemos la luz. Tenemos tensión, algo de estrés, porque en esta situación las pruebas prácticamente se confirman la semana de antes debido a lo cambiante de la situación. No es lo ideal, pero es lo que hay, y, en lo personal, me estoy encontrando muy bien», relata, desde su cuartel de entrenamiento en Bronchales, Carlos Mayo, a escasas horas de volver a pisar la pista, este lunes, en el 3.000 del Meeting Internacional de Cataluña, en Barcelona.

A finales de verano y en otoño, se consiguieron rescatar algunas pruebas y competiciones del calendario, al menos las nacionales, en un esfuerzo titánico de federaciones, clubes, organizadores y autoridades sanitarias, y ahora, en temporada natural de pista cubierta, el atletismo aragonés, zancada corta a zancada corta, bajo la inseguridad que produce en las agendas una epidemia cambiante, se va aproximando a cierta normalidad, al menos, en la organización de eventos y jornadas de control. Carlos Mayo, por fin, vuelve a la pista este lunes en Barcelona con un 3.000. Cristina Espejo, otro de los referentes regionales, ya lo hizo hace dos semanas en Valencia. También los clubes asoman la cabeza, como el Alcampo-Scorpio 71, tercero por equipos -primeros en promesas- el pasado fin de semana en el European DNA Meeting de clubes. Y la Federación Aragonesa ya ha podido realizar controles y pruebas este enero en diferentes categorías. «Creo que ya ha pasado lo peor y estamos saboreando estas primeras competiciones de una manera muy especial después de tantas dificultades gracias al compromiso de todo. Todos los atletas tienen una ilusión extraordinaria y muy buenas sensaciones», admite Rafael Guerras, presidente del club zaragozano Alcampo-Scorpio 71.

Las dudas del rendimiento

La competición se recupera a la vez que abre los interrogantes: ¿se recuperarán también los rendimientos a niveles anteriores a la pandemia? Las próximas semanas irán definiendo estas sensaciones. «Hay disciplinas, como las de velocidad o saltos, que sí pueden verse más perjudicadas a nivel de marcas o rendimiento porque, por ejemplo, exigen el uso de gimnasios para trabajos más específicos de fuerza y las restricciones se han notado en estas instalaciones. En las pruebas de resistencia el impacto quizá sea menor. Eso sí, en Aragón, hemos tenido menos problemas que en otros lugares porque hemos podido utilizar tanto el Palacio de los Deportes de Zaragoza como las pistas al aire libre», explica el entrenador José Luis Mareca, quien también estima que los atletas aún en fases iniciales de crecimiento, como los más jóvenes, están menos expuestos a un estancamiento de marcas. «Pueden notar menos todo lo sucedido porque en esas edades, si no se deja de entrenar, el desarrollo sigue adelante, más o menos, pero sigue una progresión», explica, en relación al menor margen de mejora que tienen las marcas en atletas más maduros y, sobre todo, la influencia del máximo nivel, la tensión competitiva que se encuentra sobre todo en los escenarios continentales o mundiales: «A los atletas con trayectoria a esos niveles la ausencia de competiciones internacionales les ha podido afectar más».

Interviene en el debate Rafael Guerras: «Nuestros atletas están rindiendo a un gran nivel, con marcas muy buenas. Creo que esto merece un análisis muy particular. Los entrenadores son quienes debe sacar las conclusiones, pero hemos visto que el trabajo de base es muy importante. Y quizá el menor desgaste físico y, sobre todo, la ilusión de volver a competir tras tantas dificultades están compensando otras carencias. Lo estamos viendo a todos los niveles. Ha faltado competición, pero quizá esto merezca una reflexión. Igual lo importante no es la cantidad, sino participar en competiciones de calidad». Habla ahora Carlos Mayo: «Es curioso porque las marcas, en líneas generales, parece que van al alza. Quizá siempre hayamos pecado de un exceso de competición».

Hacia Tokio...

Y aquí, precisamente, se abre la brecha de incertidumbre que provoca todo un año 2020 tan atípico, con el calendario patas arriba o semanas y semanas de parón en los entrenamientos, justo en la antesala de unos Juegos Olímpicos: la búsqueda de las marcas mínimas, la modulación de los estados de forma, la sensación de competir con fuego real en eventos de postín…

Ahora, con Tokio 2021 al fondo de la nebulosa de una pandemia inescrutable, las condiciones en las que se persiguen esas mínimas varían. El bagaje de competiciones previas será ahora muy diferente. «Es evidente que eso ahora será distinto, pero es algo que nos va afectar a todos por igual», aventura Cristina Espejo, la fondista de Monzón, quien asoma ya la cabeza por las pistas después de un 2020 para olvidar, no solo por los efectos de la pandemia, sino por la complicada lesión que arrastraba desde 2019. El 17 de enero, en Valencia, regresó a la competición y le pegó un zarpazo a la mínima para los Campeonatos de Europa de marzo. Lejos aún de sus mejores tiempos, la atleta del Playas de Castellón se lo toma con serenidad: «Yo no es que esté volviendo a la normalidad postcovid, sino a la normalidad anterior al virus. Casi no sabía ni ponerme las zapatillas de tacos tras dos años complicados. Me sentí muy desubicada en esas primeras tomas de contacto, pero ahora lo afronto así, dejando de lado las marcas y recuperando las sensaciones con la pista. El covid apareció justo cuando esta en mi rehabilitación… El parón fue doble. Ahora, me siento bien, al menos, al día siguiente de correr puedo entrenar, estoy trabajando bien y todo el mundo me dio la enhorabuena por la marca de Valencia prácticamente corriendo sola». Su objetivo es claro: «Ser olímpica aragonesa en Tokio». Y apunta al 5.000: «El 1.500 es una prueba muy lesiva para mí ahora».

Los Juegos son también la gran meta de Carlos Mayo. «El parón habrá a quien beneficie y a quien no. Los atletas jóvenes pueden verse favorecidos con un año más de progresión y experiencia. En mi caso, puede ser así» sostiene, avalado por su contundente exhibición de diciembre en la Medio Maratón de Valencia: 1 hora y 4 segundos, mejor registro un debutante español y segunda mejor marca nacional de la historia.

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