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David Marín: "El jugador de fútbol sala se ha homogeneizado; la táctica se impone al talento"

Tras dirigir a equipos de la talla de Inter Movistar o Dinamo de Moscú, David Marín (Madrid, 1971) lidera el buen inicio de temporada del Fútbol Emotion

DAVID MARIN ( ENTRENADOR DEL FUTBOL EMOTION ) / 03/11/2020 / FOTO : OLIVER DUCH [[[FOTOGRAFOS]]]
David Marín, entrenador del Fútbol Emotion, en la plaza de España de Zaragoza.
Oliver Duch

-Cartagena, Talavera, Madrid, Kuwait, Rusia, Italia y, al fin, Zaragoza. Es un nómada del fútbol sala.

He hecho unos cuantos kilómetros y estas experiencias en el extranjero ayudan a crecer como persona. La etapa en Moscú (Dinamo) fue complicada porque son viajes muy largos y había un vestuario difícil, con ocho rusos y ocho brasileños que, aunque tenían diferencias entre ellos, compitieron y ganaron la Copa. En Kuwait viví un choque grande con lo que es la cultura española, pero es un país tranquilo y seguro en el que se puede trabajar de forma cómoda. Y en Italia tuve la oportunidad de dirigir a un grande como La Luparense, jugando todas las finales y ganando un Scudetto y una Supercopa, y al Nápoles. Allí son unos locos del ‘mercato’; aún no te ha dado tiempo de conocer a un jugador y ya lo quieren cambiar por otro. Pero al final es una cultura muy parecida a la nuestra. 

-Inter Movistar fue su cénit.

Sí, aunque la oportunidad llegó pronto, es el club más grande al que he entrenado. El Dinamo de Moscú también es importante, pero no tiene tanto nombre como Inter.

-¿Cómo surgió la oportunidad de venir a Fútbol Emotion?

Hace un par de veranos hubo un rumor, un supuesto acercamiento, pero no se llegó a cerrar nada. La pasada primavera, cuando yo estaba saliendo de Kuwait, me llamaron para mostrar su interés por contratarme y acepté porque Zaragoza siempre ha sido una plaza histórica. Me tuve que adaptar a otro salario y otras circunstancias, pero me compensa por estar cerca de casa.

-¿Esperaba un inicio tan positivo?

Hay varios factores que han influido. Creo que haber hecho una pretemporada larga nos ha beneficiado, pero después estoy muy satisfecho por la forma en que estamos compitiendo. No estoy sorprendido pero sí feliz por cómo ha respondido el grupo. El hecho de haber metido cinco jugadores nuevos ha facilitado incrementar el nivel del resto. Es lo que buscábamos y de momento lo vamos consiguiendo.

-El Barça va penúltimo, El Pozo es décimo, Inter no acaba de despegar… ¿Estamos ante una transformación del fútbol sala español?

Todavía es pronto para hablar de un golpe de estado de los equipos de nivel medio-alto. Levante o Valdepeñas están haciendo muy bien las cosas pero aún no daría por muertos a los tres grandes.

-¿Ve al Fútbol Emotion disputando el ‘play off’?

Ahí soy ‘cholista’. Vamos a ir partido a partido. Las expectativas crean más problemas que satisfacciones. No está mal soñar, pero mi labor consiste en mantener a los jugadores con los pies en el suelo. 

-¿Se puede hacer rico un entrenador de fútbol sala?

No. Hay buenos sueldos y puedes pagarte una casa, tener un buen coche o montar un negocio si eres ordenado, pero no da para más.

-Sobre el parqué tampoco es fácil encontrar superestrellas. Ya casi nadie regatea. 

Estamos ante una homogeneización del jugador. Pocos consiguen mezclar acciones espectaculares, que son las que llevan a la gente al pabellón, con la efectividad. El juego sistemático se ha impuesto. Casi todos son completos física y técnicamente porque se entrena más y mejor. Y las diferencias llegan en lo táctico. Se corre más, se pelea más y se trata de no fallar. La faceta táctica, el juego más sistemático, ha ido eclipsando la espectacularidad.

-Ahí, España ha jugado un papel importante.

Sí, desde finales de los años 90 hacia aquí, nuestro país ha crecido tácticamente hasta llegar a pasar por encima de Brasil, que siempre tuvo a los jugadores más habilidosos. Hemos mejorado hasta el punto de contrarrestar esa superioridad técnica. Ganamos los campeonatos del mundo de 2000 y 2004, y los brasileños, que antes solo seleccionaban a quienes jugaban en su liga, se dieron cuenta de que ganaban riqueza táctica convocando a los que militaban en Europa. Otra prueba está en lo bien valorados que están los entrenadores españoles fuera de aquí.

-¿Cuál es el mejor jugador que ha visto?

Marquinho, Daniel… Eran jugadores que podían cambiar un partido ellos solos.

-¿Y de los que ha dirigido?

Nombraría a uno que no se conoce mucho en España pero sí en Italia: Honorio. Es uno de los más completos que he tenido. También pude disfrutar a Matías en Inter, pero se lesionó. Fue una pena porque apuntaba a ser uno de los mejores.

-¿Es más fácil transmitir los conceptos habiendo sido jugador antes?

A nivel táctico no hay diferencias, pero es cierto que un exjugador puede tener mayor credibilidad. Se le presupone una mejor lectura del juego.

-De usted destacan su proximidad con los jugadores. ¿Es de los que se queda a tomar una cerveza con ellos después del entrenamiento?

Soy cercano porque considero que las relaciones humanas tienen que estar presentes en el deporte, y el entrenador es uno más en el vestuario. Después, el grupo tiene que funcionar sabiendo que quien toma las decisiones soy yo. El que piense que la cercanía puede hacer cambiar esas decisiones está equivocado. Podemos tener un buen trato, podemos tomar algo juntos, pero luego deben acatar mis pautas.

-Aunque no es el mejor momento para conocer Zaragoza, ¿con qué te quedas?

Hace mucho tiempo que no venía y he encontrado la ciudad muy moderna. El tranvía la hace cómoda y considero que el centro, que es donde vivo y por donde más me muevo, tiene mucho encanto. Pasear por aquí es una delicia. 

-¿Siempre le ha gustado vivir en el centro de las ciudades?

La verdad es que no. Está es la primera vez. Siempre he intentado estar cerca del pabellón, sobre todo cuando estuve en una ciudad tan grande como Moscú, pero en Zaragoza surgió la oportunidad y estoy satisfecho. Me hice con una plaza de garaje y no tengo problema de aparcamiento. 

-¿La familia le acompaña allá donde va?

No, al revés, no me gusta mover a los niños porque tienen el colegio cerca de casa y mi profesión no tiene estabilidad. Corres el riesgo de traer a toda la familia y tener que marchar al poco tiempo. Vivo solo y me muevo a Madrid a verles. 

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