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Bartomeu y su junta directiva dimiten en bloque en el FC Barcelona

El presidente del Barcelona asumió el cargo en enero de 2014, en sustitución de Sandro Rosell, y posteriormente fue elegido en las elecciones que ganó en el verano de 2015.

El presidente del FC Barcelona, Josep María Bartomeu.
El presidente del FC Barcelona, Josep María Bartomeu.
Efe

El presidente del FC Barcelona, Josep Maria Bartomeu, y toda su junta directiva han presentado este martes su dimisión en bloque, por lo que el club queda en manos de una junta gestora que convocará elecciones antes de tres meses.

"Comparezco para comunicar mi dimisión y la del resto de la Junta. Decisión meditada, serena, consultada y acordada por todos los compañeros, que me han acompañado con fidelidad, y que han hecho tantas renuncias por el Barça", anunció Bartomeu en una comparecencia.

Pese a que el propio Bartomeu negó este lunes que existieran motivos para dimitir, y aseguró que su Junta seguiría por "responsabilidad", la crisis generada por la convocatoria de la moción de censura, la tercera de la historia de la entidad, y las diferencias de interpretación con la Generalitat de Cataluña sobre los plazos de la misma en plena pandemia han sido el detonante de la situación.

Bartomeu, directivo con Joan Laporta (2003-2005) y vicepresidente deportivo con Sandro Rosell (2010-2014), accedió al cargo en enero de 2014 como presidente interino tras la marcha de Sandro Rosell. En julio de 2015 fue elegido como presidente para un mandato que vencía a finales de junio.

Bartomeu, que nunca quiso someterse a un referéndum que juzgara su gestión, se marcha antes de que los socios del club (110.132) le echen. A partir de ahora será una junta gestora la que se hará cargo del club y el próximo mes de marzo se celebrarán las elecciones a la presidencia, con Víctor Font y su aval de Xavi Hernández para el banquillo, como principal aspirante a ocupar su puesto, a la espera de que Joan Laporta anuncie su esperada candidatura. La junta gestora será la encargada de convocar elecciones en el plazo de tres meses desde que se constituya, después de que Bartomeu no haya podido aguantar más, ante la presión, no solo de la masa social, sino de varios de sus propios directivos.

La carta enviada este martes por la Generalitat al Barcelona fue la puntilla para Bartomeu, que abandona la entidad culé con 13 títulos con el primer equipo azulgrana, con una deuda de 820 millones de euros, y después de haber pasado por infinidad de crisis institucionales y deportivas, la última de ellas, la debacle de la pasada Champions ante el Bayern (2-8) en Lisboa. Fue Bartomeu quien impidió la marcha de Leo Messi este verano, pero ya estaba muy amenazado por una moción de censura que no le iba a permitir en ningún caso cumplir ni siquiera siete años como máximo dirigente del Barcelona.

Mientras que los jugadores del Barça siguen sin querer adecuar sus salarios a los ingresos actuales del club, como quedó claro en su nueva renuncia este martes a sentarse en la mesa de negociación con todos los empleados de la entidad, la Generalitat empujó a través de una contundente misiva a la marcha de Bartomeu. El Govern reiteró que no había ningún motivo sanitario para no llevar a cabo el voto de censura el próximo fin de semana de forma descentralizada. Es decir, en las sedes ofrecidas por el club: 13 en Cataluña y ocho en el Estado español y en Andorra. Sin embargo, el Barcelona consideraba que no había tiempo para preparar un operativo de tal magnitud y proponía aplazar el referéndum al 15 y 16 de noviembre, esperando que las crecientes restricciones sanitarias lo prohibiesen por la aglomeración que supondría.

Al verse obligados Bartomeu y sus directivos a que se celebrase ya la moción, según los estatutos del Barcelona, al ya expresidente no le ha quedado otro remedio que rendirse, bajo el argumento de no querer exponer a tantos socios a contagiarse de coronavirus en una sede única como el Camp Nou. Todo algo maquiavélico en un intento de ganar tiempo, posiblemente para dejar el club lo más saneado económicamente posible en plena crisis global ante el riesgo de que la futura directiva acabe reclamando las pérdidas del dinero de los bolsillos de los exdirectivos, lo que supondría ruinas personales.

(Seguirá ampliación)

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