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"Mi primera Baja Aragón la corrí con un Lada Niva de quinta mano"

Emilio Eiroa Lázaro (Zaragoza, 1967) es uno de los pilotos más veteranos de la Baja Aragón. Esta semana disputa en Teruel su 21ª edición.

DEPORTES. PRESENTACION DEL EQUIPO TERRA MOTOR AVENTURA DE EMILIO EIROA LAZARO. CONTRAPORTADA / 18-07-2019 / FOTO: GUILLERMO MESTRE [[[FOTOGRAFOS]]]
Emilio Eiroa, con el buggy Can-Am Maverick X3 con el que va a correr la Baja Aragón de Teruel
Guillermo Mestre

Emilio Eiroa Lázaro (Zaragoza, 1967) es uno de los pilotos más veteranos de la Baja Aragón. Esta semana disputa en Teruel su 21ª edición.

¿Cómo nace su afición por el motor?

Mi historia como piloto empieza a escribirse con la Baja. Desde bien pequeño iba a verla en directo cuanto eran los 1.000 kilómetros ‘non stop’ por la zona de Monegros. Mis padres siempre han vivido en Montañana y solíamos ir con la gente del barrio. A partir de ahí, me voy metiendo poco a poco en el ambiente de los rallys: con los amigos estábamos en los controles de paso; colaboré con la organización haciendo marcajes, llevando el coche cero y escoba… Llegó un momento en que dije: sí o sí tengo que participar. Y ahí empezó todo: durante un lustro corrí el Campeonato de España de Todo Terreno, pero en los últimos años, por trabajo y por presupuesto, solo me he ceñido a la Baja.

Quedó atrapado en la magia de la Baja.

Ver cómo venían los coches totalmente desencajados; a pilotos y copilotos que ni se les veía de la cantidad de polvo y suciedad que llevaban, porque entonces no llevaban ni mono ni había los sistemas de seguridad de ahora… Me atrapaba el decir ¡qué aventura! Ahora ya no es como antaño, con los 1.000 kilómetros, que salías a las siete de la mañana y llegabas a las cuatro de la madrugada. Ha cambiado, es otra pasión, pero sigo enganchado.

¿Cuál fue su primer coche?

Un Lada Niva, que lo preparamos en cuatro días. Era comprado, de quinta mano… Teníamos un presupuesto ridículo e íbamos con unos medios muy precarios...

¿Y recuerda su estreno?

Es una fecha difícil de olvidar porque fue el día que asesinaron a Miguel Ángel Blanco, el 12 de julio de 1997, sábado. Fue un estreno duro; cuando llegamos a una asistencia, todos los amigos y familiares nos dijeron lo que había pasado. Nos quedamos contrariados, pero la competición no paró. Al entrar en meta nos pusieron unos lazos azules en el coche.

No llegó a terminarla...

Deportivamente, tuvo su punto positivo porque conseguimos salir a por los 882 km. Aunque no logramos acabarla por avería del vehículo. Tal y como íbamos, suficiente fue meter la cabeza y continuar 21 años. De una forma o de otra, siempre hay un primer año.

Me imagino que tendrá infinitas anécdotas.

Siempre recuerdas alguna de forma especial, como la de una edición que finalizó en La Puebla de Alfindén. Los dos últimos kilómetros de carrera nos costó hacerlos 45 minutos. Llegábamos destrozados y con el coche a trozos. Pero la superación de entrar en meta –tras horas y horas y kilómetros y kilómetros– y recibir el aplauso de tu gente y familia fueron lo máximo.

Y en estas más de dos décadas unido al volante, ¿de quién se acuerda de manera especial?

De mi padre (Emilio Eiroa, abogado y político, fue presidente del Gobierno de Aragón de 1991 a 1993; falleció en 2013). Siempre me decía: "Te gusta un deporte que nunca entenderé; pero como te entusiasma, lo respeto". Me apoyó y me ayudó en todo. Venía en todas las ediciones un rato a verme… Siempre me acordaré de él.

Es uno de los más veteranos del raid junto con Javier Grasa, toda un referente aragonés en esta disciplina que aborda su 22ª edición. ¡Los viejos rockeros siguen muy vivos!

Con Javier y Miguel, con toda la familia Grasa, siempre hemos tenido una gran relación. Nos intentamos ayudar todo lo posible y durante la carrera, aunque seamos dos equipos distintos, estamos juntos. Disfrutamos. Si no estuvieran ellos, no sería lo mismo, por el ambientazo que creamos.

¿Qué cree que tiene de especial la Baja para que atraiga a los mejores pilotos del momento?

Que es una prueba llena de aventura y de polvo y que no solo atrapa a los que participamos, sino también a los miles de aficionados que viven en directo la carrera: sea en Los Monegros, en Zaragoza, en Teruel… Tener esta emblemática prueba a nivel internacional en nuestro territorio es para valorar.

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