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Vlastimil Hort: "Es muy difícil convertirse en un genio del ajedrez"

El Gran Maestro Internacional checoslovaco, uno de los ajedrecistas más destacados del mundo durante las décadas de los 60 y 70 del pasado siglo, es la estrella invitada este fin de semana del XIII Torneo Internacional de Alcubierre. A sus 75 años, sigue jugando a un alto nivel.

El Gran Maestro Internacional Vlastimil Hort.
El Gran Maestro Internacional Vlastimil Hort.
Aránzanzu Navarro

¿Qué es el ajedrez? ¿Es un deporte, un arte?

El ajedrez es lo que cada uno quiere que sea. Es bonito. Para mí podría entrar en la definición de deporte, pero un ‘denksport’ (deporte mental en alemán). No se puede comparar nada con el ajedrez porque una partida clásica puede llegar a durar seis horas. He llegado a notar que me hacía viejo mientras jugaba. El ajedrez es un deporte muy complicado, te sientas, analizas, te preparas… y luego el juego se desarrolla y tienes que volver a analizar y preparar el siguiente movimiento. Puede ser un juego eterno.

¿Qué cualidades debe tener un ajedrecista?

Tienes que ser analítico y tener imaginación, pero sobre todo hay estar muy centrado y tratar de evitar cometer errores, porque, si cometes uno, arruinas todo el trabajo de la partida.

¿Cuál sería la mejor partida de ajedrez de la historia?

Es muy difícil porque hay muchas. Ahora tenemos al noruego campeón del mundo Magnus Carlsen. Yo he conocido a tres genios en el mundo del ajedrez: el primero, el letón Mijaíl Tal; el segundo, Robert Fischer; y el tercero, Gari Kaspárov. Para mí ellos tres hacían cosas que yo jamás podría haber hecho. Y ahora Magnus Carlsen es mucho mejor que el resto y es tan fuerte. Parece que tenga una aureola de genialidad y aún es muy joven, tiene 28 años y nunca he visto un jugador tan fuerte. Es campeón del mundo desde 2013 y está rompiendo todos los récords, tiene una técnica increíble y siempre mejora.

¿Las personas nacen genios o se convierten en ellos?

Creo que es muy difícil convertirse en un genio; tienes que estar muy dotado y conozco mucha gente que quiere jugar bien al ajedrez, pero no puede porque no tiene suficiente talento.

¿Llegó a jugar contra Bobby Fischer?

Sí, jugué contra él cuatro veces, perdí una y entablamos en tres.

Él le admiraba mucho...

Teníamos muy buena relación. Mucha gente se acercaba a él porque querían algo de él o sacar beneficio. Bobby era muy sensible con esto y yo nunca quise nada de él. La última vez que le vi, en Budapest, me invitó a comer sushi y fue algo muy divertido. Yo incluso le llevé en coche a un torneo en Yugoslavia. Para mí es el mejor ajedrecista que ha habido.

Siempre ha destacado por su modestia y deportividad.

Siempre he intentado ser correcto. No me gusta mucho hablar de ello. Quizá la anécdota que más se conozca de mí es mi partida contra Boris Spassky. Él estaba muy enfermo y, si no puedes jugar por enfermedad, tienes que abandonar, pero él no quería. Le tuvieron que operar del apéndice y no podía ni sentarse, así que yo ofrecí mis días de descanso para que pudiera recuperarse.

¿A qué edad empezó a jugar?

Empecé a los cinco años en un hospital. Estaba muy enfermo y el doctor que me cuidaba vio que estaba en cuarentena y no podía dormirme, así que me dio las primeras lecciones. Cuando salí del hospital, mi madre fue a ver si algún vecino jugaba al ajedrez y uno de ellos los hacía. Él le dijo que jugaría conmigo, pero que antes tendría que alimentar a sus conejos, que tenía como cientos. El doctor me había enseñado todos los movimientos de un principiante, pero se le olvidó enseñarme "la captura al paso". Entonces, cuando me enfrenté por primera vez contra mi vecino, me hizo ese movimiento, y yo me fui llorando a mi madre y diciéndole que era un tramposo y que esa jugada no existía. Pero fue un buen amigo y después de aquella partida, y a modo de premio, cené conejo.

¿Se consideraba un niño prodigio?

Yo nunca he sido un niño prodigio como tal. Yo era completamente normal. Empecé a jugar cuando Rusia invadió Checoslovaquia y no sabía qué debía hacer: si quedarme, marcharme… El ajedrez me dio una relativa libertad y, en ese momento, el ajedrez solucionó mis problemas y lo estudié durante muchas noches delante del tablero. Seguramente entonces fue cuando hice mis mayores progresos. Gané el campeonato de Checoslovaquia y en los 70 conseguí mi mejor clasificación. Puedes encontrar en el ajedrez todo lo que quieras. Algunos quieren escapar de la realidad, otros de su mujer… Sé de casos que han puesto en su acuerdo prematrimonial el poder ir al club de ajedrez. Otros solo ven el ajedrez como algo lógico o quieren ganar o convertirse en Bobby Fischer. Lo primero que ponen es su ego.

Ha competido en muchos torneos en España; este fin de semana se encuentra en Alcubierre y este domingo será el protagonista de las partidas simultáneas.

Sí, seguramente será la localidad más pequeña a la que he ido a jugar. Espero que los jóvenes y niños vengan a jugar por diversión y disfrutaré con ellos. Me genera curiosidad Alcubierre por la ruta del escritor inglés George Orwell.

¿A día de hoy sigue entrenando?

Sí, pero solo por placer. Soy muy feliz cuando juego y cuando uno se hace viejo jugar al ajedrez es beneficioso para la salud, existen estudios científicos que lo demuestran, y también es beneficioso para que los niños se concentren y está demostrado que los niños que son buenos al ajedrez se les dan muy bien las matemáticas.

¿Llegará el día en que Vlastimil Hort deje de jugar al ajedrez?

No. Nunca. Mientras pueda, seguiré jugando. Es mi pasión.

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