Despliega el menú
Deportes

fútbol

Víctor Fernández: "Yo era muy pícaro, porque vengo del barrio Oliver"

Creció jugando al fútbol en descampados y esquivando al destino, pero vuelve al barrio de vez en cuando para no olvidar quién es. 

Víctor Fernández, entrenador del Real Zaragoza.
Víctor Fernández, entrenador del Real Zaragoza.
Oliver Duch

Esta es la historia de Víctor Fernández (Zaragoza, 1960), la de un niño más listo que el hambre, un líder nato que enseguida supo ver su futuro fuera del barrio Oliver, un barrio duro, azotado por el paro en los tremendos años setenta y ochenta; donde creció entre sus descampados y al que vuelve para no olvidar nunca quién es y de dónde viene. Un chaval que pensaba más y más rápido que el resto, al que le salvó de muchas su cara de bueno, que vio pronto que nunca sería jugador de fútbol, después de hacerlo como mediapunta en el Stadium Casablanca y Deportivo Sariñena. Y se hizo entrenador –el número 1 de su promoción– hasta ser el que en activo tiene más partidos en Primera División.

 La vida de este hombre simpático, espabilado y tremendamente sentimental está unida a una afición que le adora, a un equipo, el Real Zaragoza, que es mucho más que un equipo, es historia viva, es pura emoción, es ese algo imposible de definir que se lleva en el corazón, "y yo lo siento así, porque lo tengo muy dentro, pero siento también toda esa presión porque seamos lo que debemos ser". Por ello es por lo que se encuentra por tercera vez al frente del escudo de sus anhelos, el que le hizo soñar y hacer pirola una y otra vez por ver a Beenhakker o a los ‘zaraguayos’. A sus 58 años tiene (casi) todo lo que alguien puede tener: es Hijo Predilecto de su ciudad, fue pregonero de las Fiestas del Pilar. Ha dirigido al Deportivo Aragón, Tenerife, Celta, Oporto, Gante, Deportivo La Coruña, dos veces al Betis; y a la cantera del Real Madrid, y repite constantemente que su ego está más que cubierto y que ya no tiene ganas de ninguna exposición pública. Pero, haciendo un regate a su propio deseo, aquí no habla de estrategias, ni fichajes, ni de cómo plantea la nueva temporada, aquí hablan los recuerdos de un hombre que se hizo a sí mismo.

Quisiera saber cómo es alguien que se emociona con una Romareda entera pidiéndole que se quede.

Es una sensación extraordinaria, una satisfacción interior tremenda que tratas de disimular, porque es una emoción muy fuerte que tienes que canalizar y que incide en tus futuras decisiones. Cuando tienes detrás una masa que te empuja a liderar, o a seguir una determinada ruta, emocionalmente influye mucho. En mi profesión hay un momento muy duro y es cuando te dicen "vete ya", y en 25 años de trabajo sólo lo he vivido una vez, en Coruña. Fue una tarde injusta porque estábamos salvados, en los objetivos planteados por el club, pero tuve la respuesta a la pregunta que siempre me había hecho, qué se siente cuando te dicen ‘fuera’ y te gritan barbaridades. En cambio, he vivido reacciones públicas muy generosas hacia mi como la de la Romareda.

El mundo de los entrenadores es muy ingrato. En Coruña sintió que le daban la espalda, una tierra para usted muy querida.

Galicia me encanta, allí es donde encuentro mi paz interior, y lo que más me gusta son las Rías Bajas. Galicia me permitió conocer los dos polos de la profesión, que no está mal, por otro lado.

Ha tenido una vida nómada, pero con un viaje constante a sus orígenes, a Zaragoza, a sus raíces.

El primer regreso al Real Zaragoza lo vi normal, era consciente de que se iba a producir, pero en esta tercera ocasión, en las circunstancias y condiciones en las que lo he hecho, jamás lo hubiera imaginado, y menos como entrenador. Yo creía que cuando me tocara cerrar una etapa sería en otro cargo, no como entrenador y no porque me sienta mayor, sino porque aquí ya tenía mi sitio hecho y para mi sorpresa las circunstancias me han traído.

Con Belsué, tras el partido contra el Murcia que les mantuvo enPrimera en 1991.
Con Belsué, tras el partido contra el Murcia que les mantuvo enPrimera en 1991.
A.h.

Le hubiera gustado hacer carrera en el Real Madrid, donde llevó su cantera.

Sí. Creí que después del Madrid terminaría mi vida profesional y sólo me dedicaría a mi familia y mi vida. Hubiera prolongado mi estancia allí dos o tres años más, pero solo estuve dos. ¿A qué me hubiera dedicado? No lo sé, porque soy inquieto. No sé qué me habría surgido, qué me habría dado la vida, porque muchas veces he pensado en dejarlo al acabar un trabajo, porque no tengo necesidad económica, ni cargas familiares, ni ambiciones costosas, pero siempre me han ido surgiendo cosas que me han enganchado.

Tiene una perra que se llama Petunia.

Es preciosa. Significa mucho para mí. Antes tuve un perro que se llamaba Arthur, por el filósofo Schopenhauer al que admiraba. Yo no tengo hijos y lo es todo.

Elegir un nombre dice mucho de una persona, y Petunia significa ‘tranquilidad, picardía y esperanza, persuasión y fragilidad’.

Pues todo eso es mi perra. El nombre lo eligió mi mujer y llegó tras la muerte de mi perro. Yo no quería más, pero…

Es curioso, porque esas características son las que se dan en un buen entrenador: persuasión, perseverancia, tranquilidad.

Busco una tranquilidad que no tengo. Uno vive su fuego interior, que es lo que te moviliza para trasmitir, como puede, porque tienes que acompañarlo con signos de una tranquilidad que a veces es difícil de conseguir. Puedo dar sensación de hombre tranquilo, pero no lo soy.

Con la Copa del Rey en 1995.
Con la Copa del Rey en 1995.
A.h.

Sí que es celoso de sí mismo.

Estoy en un momento de mi vida en el que mi ego está más que superado y no tengo ni voluntad ni ganas de mostrarme mucho públicamente. Esa etapa cuando estás empezando está muy bien y te gusta que te hagan entrevistas, pero ya lo tengo superado.

Ser entrenador del Real Zaragoza es casi un cargo público.

En mi caso como soy de aquí la exposición es mucho mayor.

Tiene que ser cansado examinarse cada semana.

Eso forma parte de tu trabajo. Trabajas para pasar el examen del partido ante tu público, ante tu gente. Lo complicado es lo que acompaña a ese trabajo, la justificación o explicación de que has perdido; cómo explicar una derrota es lo realmente difícil y tienes que hacerlo ante 10 o 20 periodistas, pero sabiendo que te van a escuchar miles de personas. Eso es un desgaste mental brutal, y ahí sí que necesitas mucha tranquilidad y mucho equilibrio.

Pero usted tiene una espalda ancha.

Bueno, ¡mido 1,86!

Lo digo porque es de Oliver, un barrio duro hace años, con lugares en los que no se metía ni la Policía.

Y yo vivía muy cerca de esos sitios porque mis abuelos tenían la parcela en una zona cerca de las vías del tren, y había que atravesar la parte más conflictiva para llegar a mi casa. Uno se hace, porque enseguida captas la intención de la gente, y además si eres del barrio y te conocen hay menos problema. Siempre fui líder y supe sobrevivir a ese medio tan hostil y agresivo, aunque era también un poco diferente porque cuando todos se dedicaban a cosas no muy buenas para la sociedad yo luchaba por ir a la universidad y vestía diferente. ¿Sustos? Alguno, pero no me marcaron. Yo sabía que según la hora a la que iba a mi casa tenía que hacerlo corriendo.

Dice que vestía diferente.

Intentaba ahorrar, o mis abuelos lo hacían y me llevaban a tiendas que no estaban en el barrio, a algunas por la Avenida de Madrid o San Juan de la Cruz, que entonces vendían vaqueros distintos.

Ya estaba entonces en el fútbol

Jugaba y estaba en el Stadium Casablanca, y además estudiaba. Yo empecé muy joven a jugar y a entrenar a la vez a críos.

¿Qué le daba el fútbol?

Como para todos los niños, era la alegría, la ilusión, levantarte para jugar con tus amigos del barrio, porque había muchos descampados, era un terreno amplio, con pocas edificaciones y casas diseminadas. Era muy fácil estar en la calle y hacerlo hasta tarde con la pelota. Además, te permite conocerte a ti mismo. El fútbol también me sirvió como una vía de escape, y me llevó al Stadium Casablanca que era un club social, con una educación...

Fue pregonero de las Fiestas del Pilar, 1994.
Fue pregonero de las Fiestas del Pilar, 1994.
A.h.

¿Ha vuelto al barrio?

Sí, a veces cojo el coche y me voy hasta allí, a las zonas donde crecí, porque viví allí hasta que me casé. Me vine entonces a la Plaza Reina Sofía, luego a la Floresta, y a Sevilla, Portugal, Vigo… Hay dos sitios donde me habría gustado prolongar más mi estancia, en Oporto (Portugal) y en Gante (Bélgica). Oporto es una ciudad maravillosa en la que vivía frente al mar y con un parque detrás. Fue un año maravilloso para mí. Gante me ayudó mucho como persona. Yo hablo mal francés e inglés y eso suponía estar constantemente buscándote la vida. Me ayudó el técnico ayudante del equipo que era un emigrante español que llevaba muchos años allí, pero, claro, cuando salía del club tenía que espabilarme. Me gustó su forma de vida, madrugar, cenar pronto.

Siempre quiso estudiar, fue la Universidad e hizo Geografía e Historia.

No sé por qué hice esa carrera. Yo era de letras, desde luego, y me canalizaron mis tutores. En el instituto del barrio Oliver tuve unas vivencias maravillosas. ¡Me está usted haciendo revivir etapas de mi vida!

Son años que lo marcan todo.

Allí me sentía libre y líder, porque no sé por qué me seguía mucho la gente. La parcela de mi abuela estaba muy cerca del instituto y los profesores jugaban al tenis los fines de semana. Yo iba allí a recoger pelotas, no a hacerles la pelota, no crea, porque era buen estudiante, pero como algunos llegaban tarde o se dormían me pedían que jugara con ellos y a mi se me daba bien. Fue una etapa que jugué mucho al tenis, y en la que me ayudaron a superarme. Después fui al Instituto Goya, y luego a la Universidad donde tuve por primera vez compañeras, porque entonces la enseñanza no era mixta.

Cuénteme cómo fue.

Los primeros días de la Universidad los profesores te iban diciendo los libros que tenías que comprar y yo no tenía ni una, así que confiaba en que en la biblioteca a la que iba, la ‘José Sinués’, tuvieran, pero coincidí con una chica que cada libro que decían al día siguiente lo tenía, hasta que le pregunté que cómo podía lograrlos. Resultó ser hija de Ubieto, el catedrático de Medieval. Hice muy buena relación con ella, porque yo faltaba mucho a clase para irme a la Romareda a ver los entrenamientos y ella y otros compañeros me pasaban los apuntes.

¡Pirola para ver al Zaragoza!

Para ver entrenar a Leo Beenhakker. Me escapaba dos horas y me colaba.

Y así logró firmas de Pirri, Amancio, Cruyff o entrar a la habitación de Pelé

Mis orígenes me hicieron pillo y pensaba más y más rápido que otros niños y además tenía cara de bueno. Cuando llegaban todos esos personajes iba al hotel, pero no por la puerta principal. Tenía mucha cara, y he hecho muchas locuras. Yo recogí autógrafos hasta los 16-17 años. Cruyff fue un soso conmigo y Pelé me dio una foto dedicada, que era de propaganda de Pepsi, lo recuerdo bien, y me quedé loco.

¿Cómo lo hacía?

Vengo del barrio Oliver donde el día a día era un ejercicio de supervivencia, donde te tenías que buscar la vida para ser feliz. De niño te bastaba con una pelota pero cuando crecías te dabas cuenta de que allí no había oportunidades, que había mucho peligro, mucha tentación, mucho paro, mucho vicio.

Los duros años 70.

Unos años complicados allí. De donde salía te obligaba a manejar muchos códigos de supervivencia que vas interiorizando a través de la observación. En verano, como siempre aprobaba, mis abuelos me llevaban al campo a trabajar y no me gustaba mucho, pero sabía que tenía que hacerlo porque ellos me ayudaban a mi. Íbamos a cosechar el trigo y también estaba con las vacas.

Por eso estudió Geografía, que enseña a valorar tu propio territorio.

El aprovechamiento de los recursos de la naturaleza, sí. En la vida, la formación, siempre es un bien necesario y te ayuda a resolver situaciones que puede que no tengan relación con tu vida profesional, porque qué tiene que ver un geógrafo con un entrenador de fútbol, porque entras a un vestuario y solo ves egos.

Pero, ¿sabía que quería trabajar de eso?

Tenía que buscarme la vida y al terminar me puse a preparar oposiciones a instituto, aunque me ponía malo de ver tanto libro y apunte; me agobié, porque además tenía que ganar dinero para vivir, tenía novia, y no podía ir sin nada. Ya era entrenador en el Stadium Casablanca y me pagaban, algo no muy normal, pero yo me había sacado el curso de entrenador, y con el número 1 de mi promoción. A la vez trabajaba en la Agrupación Cesaraugusta haciendo actividad física para adultos, que me daba una enorme satisfacción. Mis clases eran las más numerosas.

Tenía un gran don de gentes.

Fue cuando me fichó el Real Zaragoza. Fueron momentos muy especiales, porque ahí vi como todo había sido fundamental en mi vida, mis años de supervivencia, la importancia de la formación. Me llamó el presidente Miguel Beltrán. Él no sabía ni quién era yo, pero fue el periodista Valeriano Jarné quien le habló de mi cuando preguntó a quién podría fichar como ayudante del entrenador, que era Radomir Antic. Fue una entrevista dura, porque le pedí más dinero del que me ofrecía, no recuerdo cuánto. Luego me dijo que pensó que era un niñato. Yo tenía 29 años y me planté, sabía que era una gran oportunidad, tenía una gran confianza en mi mismo y me hice valer, no me iba a regalar porque significaba renunciar a todo, a las oposiciones, al Stadium, que había sido mi trampolín, a las actividades de la Agrupación que tanto me gustaban. Me volvió a llamar y me fichó dándome lo que le pedía

Y llegó una vida dedicada al fútbol

Beltrán me dio la oportunidad de entrar en el organigrama técnico y dos años después José Ángel Zalba, como presidente del Zaragoza, la de ser entrenador principal, y les estoy muy agradecido.

Luego vino el gol de Nayim, la locura.

Un momento único, irrepetible, una explosión de plenitud personal y profesional, porque soy de aquí y como entrenador ser partícipe de un logro como el de París fue increíble.

No se vive del recuerdo, pero es sentimental.

Sí, demasiado. Por fuera intento ser muy duro, ponerme un caparazón.

Por eso no quiere una exposición pública

Creo que ahora ya no le intereso a nadie y esta entrevista he intentado retardarla para ver si usted se olvidaba de mi, se aburría y lo dejaba, pero ha sido imposible...

Etiquetas
Comentarios