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Víctor Lapeña: "Estar en Rusia me ha hecho valorar aún más la vida en España"

El entrenador (Zaragoza, 1975) de baloncesto femenino está de vacaciones en España tras conquistar la Eurocup con el Nadezhda Orenburg ruso.

Víctor Lapeña muerde la medalla de campeón de la Eurocup.
Víctor Lapeña muerde la medalla de campeón de la Eurocup.
Guillermo Mestre

Está de vuelta por España después de triunfar en su primera experiencia como entrenador en el extranjero. Ni más ni menos que en el Nadezhda Orenburg ruso.

Marcharme fue una decisión valiente que tomé con el apoyo fundamental de mi familia. Sin ellos hubiera sido imposible. Ha sido una experiencia difícil pero enriquecedora, con un increíble final.

Lleva colgada al cuello la medalla de campeón de la Eurocup de baloncesto femenino, un éxito gigantesco que seguro le ha ayudado a sobrellevar los kilómetros.

Los resultados lo hacen todo más llevadero, sí. Hemos sido terceros en la Liga y en la Copa de Rusia y campeones de la Eurocup, el primer título europeo en 25 años para el club. Un bombazo. Además, hacerlo remontando en Francia, en Montpellier, junto a parte de mi familia fue muy emotivo. Fue una fiesta del baloncesto y para mí es un título muy especial.

En la final estuvo parte de su familia, a la que prácticamente no había podido ver en todo el año.

Sí, estuvieron mi mujer, mi hija mayor, mi hermano y mi padre. Se dio la casualidad que la vuelta fue en Montpellier y me pudieron acompañar. Cuando ganamos, saltó la niña a la pista y lo pude disfrutar con ella. Fue precioso.

Compensaría, en parte, la distancia familiar durante ocho meses.

Lo que dices, en parte. Es una situación familiar dura porque estábamos a más de 5.000 kilómetros. Las tecnologías ayudan y poder verles todos los días lo hace más llevadero. Se suele decir que hay que disfrutar el camino y no el final, pero en mi caso el camino ha sido muy duro. Han sido muchos días de -35 grados, sin ver a la familia y con la obligación de ganar cada partido. La experiencia reconforta pero ha sido compleja.

¿El carácter ruso de los dirigentes también le añadía presión?

Ni te lo imaginas. Contaba Sergio Scariolo, que estuvo en el Khimki, que ganaba una semana y le regalaban un reloj y perdía la siguiente y se pegaban diez días sin hablarle. Yo eso lo he vivido. El presidente es un hombre de un carácter muy fuerte y cuando hemos tenido momentos más complicados, con varias derrotas, nos tiraron de las orejas. Pedían explicaciones a la mínima y tenías que darlas y pedir paciencia. Por suerte, el camino se enderezó rápido.

Ha tenido que vivir de todo allí.

Ha habido momentos en los que he pensado, ¿qué carajo hago yo aquí tan lejos de mi casa? Estás solo, vives solo y la mayor parte del tiempo lo pasas en solitario. Aprendes mucho a reflexionar. Y eso te hace crecer como persona. Además, hay que buscar algo  fuera del baloncesto porque si te encierras en él, te vuelves loco.

La vida en solitario le habrá hecho conocerse aún mejor.

Desde luego, ahora sé mucho mejor quién es Víctor Lapeña. Me he vuelto muy paciente y he tenido una reflexión personal muy grande. Estar en Rusia me ha hecho valorar aún más la vida en España. Como en España no creo que se viva en ningún otro país.

Desde luego, el carácter ruso no se parece demasiado al español.

Ellos tienen una historia, un clima y una forma de ser diferente. Te cuesta acceder al ciudadano ruso común. Primero por el idioma y, después, por su forma de ser. Y más en Oremburgo, una zona muy al este. Está tan al este que cruzas un puente y pasas de Europa a Asia, en la zona de Kazajistán.

En la calle, ¿se habla de política?

Unos creen que en el gobierno son unos mafiosos y otros creen que son lo máximo. He sentido un respeto muy grande por el presidente, por Putin. Para la mayoría cambió la historia del país para bien.

En su balanza, lo positivo ha compensado a lo negativo porque regresará la próxima temporada.

Lo más importante ha sido que mi familia me ha apoyado. El pacto con mi mujer es claro: estoy ocho meses en el extranjero, vengo si puedo, y cuando acaba la temporada los cuatro meses estoy en casa. He renunciado a la selección española, donde he trabajado desde 2007 a 2018, pero quien más me necesita ahora es mi familia. 

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