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ciclismo extremo

Historias de la Titan 2019: aragoneses en el desierto

Óscar Chico y Cristina Pillado, dos de los doce aragoneses que participaron en la Titan Desert, cuentan su experiencia y hablan de su relación con Fernando Civera, el zaragozano fallecido en la segunda etapa de la prueba.

"Volvería a ir de cabeza. El formato engancha, tiene un componente adictivo difícil de explicar". Esto es lo primero que se le pasa por la cabeza a la aragonesa Cristina Pillado cuando se le pregunta por la dureza de la Titan Desert. Una competición que se vistió de luto en el ecuador de su celebración por el fallecimiento del zaragozano Fernando Civera, residente en México, a causa de una infarto en una de las dunas del desierto de Marruecos. "Fue un palo durísimo. Nos conocimos allí e incluso compartimos kilómetros de carrera. En uno de los sectores de la segunda etapa se perdió, y ya no supimos más de él", recuerda Pillado, quien se encontraba cenando junto a su pareja en el campamento cuando recibieron la trágica noticia.

En su quinta participación, Óscar Chico, de categoría Máster 40, habla desde la experiencia: "Es una competición que te pone a prueba, muy al límite. Este año, en especial, se juntó el fuerte aire con mucho calor y los días se hacían muy largos. Si no tienes el cuerpo muy bien, puede ocurrir que te dé un golpe de calor o un paro cardíaco, como le paso a Fernando", reconoce el ciclista aragonés, cuya relación con el ciclista fallecido tiene una historia curiosa detrás: "Tengo un amigo que trabaja en el concesionario Audi de Zaragoza, y una semana antes de partir hacia Marruecos, me comentó que un buen cliente suyo (Fernando), que vivía en México, también acudía a la Titan. El primer día de competición me mandó un mensaje con el dorsal de Fernando para que le diera recuerdos. Y al día siguiente, cuando me enteré del caso, me di cuenta que era él el que había fallecido. Me quedé blanco", relata Chico.

Tanto Cristina, debutante, como Óscar, ya un veterano de la competición, coinciden en que lo sucedido "le podía haber tocado a cualquiera". De hecho, una constante a lo largo de las pruebas fueron los cuadros de fiebre en los participantes, incluso de 42º, a los que no conseguían rebajar la temperatura. "El helicóptero de la prueba, el día del fallecimiento de Fernando, tuvo mucho trabajo. No era normal que volará tanto, se complicó todo mucho aquella jornada".

Porque aquel lunes 29 de abril, se disputaba la prueba más complicada de la Titan: la etapa maratón. Una jornada sin asistencia externa en el campamento, ni mecánica ni fisioterapéutica. Los corredores debían transportar todo el material necesario para el mantenimiento de la bicicleta y su manutención. Civera pulsó el dispositivo de seguridad para alertar a la organización y un helicóptero medicalizado acudió de inmediato al rescate, pero los médicos, tras realizar las maniobras de reanimación, no pudieron hacer nada por salvarle la vida. 

"Es una experiencia muy enriquecedora, pero siempre estará marcada por la muerte de Fernando. Yo esa noche no pude dormir, dimos un paseo, cerraba los ojos y lo veía... Teníamos la duda de: 'o lo dejamos, o intentamos acabar por él para dedicárselo'. En el momento que cruzamos la meta nos acordamos todo de él", cuenta Cristina, todavía con la mente puesta en esos días de locura. "Al día siguiente hicimos un recorrido no competitivo, en memoria de Fernando. El pelotón estaba conmocionado", añade Óscar, quien al igual que el resto de participantes, se tuvo que reponer para continuar con la hazaña y terminar  la Titan. "Cuando vamos al desierto, sabemos a lo que se va. Hay que saber controlar muy bien los esfuerzos. No te puedes permitir allí un bajón físico, porque todo es muy mental", subraya el aragonés.

En este sentido, otro de los ciclistas aragoneses participantes, José Ramón Margalejo, que se echó a las espaldas su cuarta Titan Desert, ofrece la visión más personal de la competición: "La prueba es una experiencia increíble porque conoces gente de todos los lugares, con los cuales se crean buenos vínculos de amistad". A nivel deportivo, Margalejo afirma que "es un reto en mayúsculas que te mantiene vivo todo el año, con las ganas de entrenar y que, para terminarlo con garantías, con éxito y disfrutando hay que trabajárselo y esforzarse para llegar en condiciones de terminar".

 

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