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Arturo Santamaría: "Si no eres el que más goles mete, parece que no tienes éxito"

Después de 20 temporadas en la élite, el portero del Fútbol Emotion (Zaragoza, 1980) se retiró el pasado sábado del fútbol sala profesional.

Arturo Santamaría, exportero del Fútbol Emotion.
Arturo Santamaría, sonriente tras su retirada
Oliver Duch

El pasado sábado se despidió del fútbol sala después de 20 temporadas en la élite. Los compañeros, la afición y el club le homenajearon por todo lo alto.

Si hubiera escrito un guión de mi despedida no hubiera encontrado uno mejor. La gente ha reaccionado con mucho cariño a mi retirada. El colofón fue el partido: conseguir una victoria remontando y conmigo interviniendo de forma decisiva en los últimos segundos.

Compañeros, rivales, aficionados... todo el fútbol sala se ha acordado de Arturo Santamaría.

A mí es lo que más me ha llenado por encima de haber jugado más o menos partidos en Primera. El cariño y los amigos del fútbol sala quedan para siempre.

Sin embargo, usted no es un portero de fútbol sala de formación. Usted era centrocampista de fútbol once. Su historia es curiosa.

Empecé a jugar a fútbol once de niño en mi colegio, el Cristo Rey, con el equipo de mi hermano mayor. Mi padre entrenaba a un equipo de fútbol sala en Liga Laboral en el que estaba gente como Santi Herrero, su hermano Julián Herrero, ‘Galo’… muchos jugadores de primer nivel de Zaragoza que también jugaban en el Super Sego. ‘Galo’ llevaba a un grupo de alevines de fútbol sala en Pinseque y me dijo que les faltaba un portero. A mí me gustaba y durante un año jugué a fútbol once de jugador y a fútbol sala de portero. Solo duró un año porque mi padre ya no me podía llevar a entrenar a Pinseque.

Entonces volvió a jugar solo a fútbol once en el colegio.

Eso es. Volví a jugar a fútbol once, pero esta vez de portero con el Cristo Rey. Ganamos la liga pero yo me aburrí muchísimo. Había días que ni me tiraban y, a partir de ahí, decidí volver a ser jugador. Hasta Juveniles estuve en el Vadorrey, Helios, Santa Isabel, Sabiñánigo... Mientras, jugaba alguna pachanga al fútbol sala de portero.

Hasta que un día le ofrecen entrenar con el Sala 10.

Eso fue a final de la temporada que ascienden a Primera, en 1999. Les faltaba un portero para entrenar algunos días y, como yo tenía buena relación con ellos, iba a echarles una mano. Era increíble. Soy socio del club desde que tengo uso de razón y entrenar con ese equipo ya era un sueño. Aquel verano estaba haciendo la pretemporada con el Escatrón, en Regional, hasta que el entrenador, Chavi Ladaga, me ofreció ser el tercer portero de la plantilla en División de Honor. No me lo pensé ni un segundo. Entonces metíamos a 5.000 personas en el Príncipe Felipe.

Eso después de casi diez años seguidos sin jugar de portero regularmente. Algo pararía…

Se me daba bien, claro. Pero aquello era un sueño. Recuerdo el primer día de entrenamiento, cambiándome al lado de Marcelo Almeida. Yo les miraba pensando, ¿en serio estoy aquí con esta gente? Ese año no jugué ningún partido pero solo estar en el banquillo o viajar con ellos era lo máximo.

Y desde entonces, 20 temporadas en la élite. 16 en Zaragoza.

Luego jugué más, claro. Pero nunca me quemó entrenar y no jugar. En los deportes de equipo, el buen jugador es el que hace mejores a sus compañeros. Por encima de los partidos, el trabajo importante es en el día a día y una de mis mayores virtudes ha sido poder y querer aportar en cada detalle. Vivimos en una cultura a nivel global en la que si no eres el que más juega o el que más goles mete, parece que no tienes éxito en tu vida. Me retiro muy tranquilo porque creo que he aportado mucho pese a no ser el que más jugaba.

¿Se puede vivir del fútbol sala sin apreturas económicas?

Ahora mismo es complicado y no es bueno que los jóvenes centren su vida laboral solo en el fútbol sala. Lo ideal es compaginarlo con un trabajo o con los estudios como hice yo, que estudié Ingeniería Industrial. Hay que tener una salida después. Por suerte, llevo siete años trabajando en Fútbol Emotion, que ahora también es el patrocinador principal del equipo. Soy el encargado de producto.

Ha vivido en primera persona los cambios de un deporte que modifica las normas casi cada año. Especialmente para los porteros.

A mí me gustaba más la esencia de antes. Creo que se ha perdido espectáculo. Antes, el portero no podía tocar la pelota fuera del área y, para sacar de puerta, el balón tenía que botar en tu campo. Así se evitaba un juego más directo como el de ahora. Para mí la esencia del fútbol sala es el juego de asociación, las paredes, los regates… las reglas de hoy no fomentan eso.

Ya habla como un entrenador.

Ahora mismo llevo el División de Honor Juvenil del Fútbol Emotion. Me gusta mucho la parcela técnica y quiero seguir ligado al club en lo que ellos crean que puedo aportar. Me gustaría ser entrenador del primer equipo y, por mi posición, hace tiempo que veo los partidos desde un punto de vista analítico.

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