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Juan Antonio Corbalán: "El deportista que renuncia a su formación será un juguete roto"

Corbalán es un mito del baloncesto español, una faceta que no ha impedido su prestigiosa carrera como médico.

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Juan Antonio Corbalán en Zaragoza
Guillermo Mestre

Visitó este viernes Zaragoza para impartir una charla sobre el ‘Entrenamiento invisible’ en el congreso Psicodepor 2019. ¿Qué mensaje ha transmitido?

El entrenamiento invisible es la serie de hábitos y comportamientos que deben desarrollarse para obtener el mejor resultado tanto en el deporte como en la vida misma. He hablado de todos los factores que influyen en el rendimiento de un deportista y que no están contemplados dentro del fenómeno deportivo (entrenar o jugar). El día es muy largo y lo que llamamos un entrenamiento invisible, tal vez no te haga ganar un campeonato del mundo, pero puede hacerte perder un partido clave.

¿Cómo convencería a alguien que no practica ninguna actividad física para abandonar ese sedentarismo?

A los que nunca han practicado ninguna actividad física, les digo que nunca es tarde y que, a medida que avanza el tiempo, caminar está muy bien pero no es suficiente. Con la edad tenemos que mantener el peso lo más ligero posible y trabajar la fuerza. Tenemos que entrenar para vivir mejor y ser más felices.

En su caso se da la circunstancia de que compaginó los estudios universitarios de Medicina con la disciplina para ganar ligas y medallas olímpicas. ¿Siempre tuvo clara esa dualidad? ¿Fue complicado sostenerla?

Siempre tuve la sensación de que no tenía que dejar una cosa para hacer otra. Cuando llegué al Real Madrid no cambié mi pauta de vida. Evidentemente me costaba más trabajo compaginarlo, pero desde niño me inculcaron esa disciplina en el colegio. El deporte profesional no es incompatible con otras actividades. El deportista que renuncia a su formación acabará siendo un juguete roto. Con lo que dura el día, se pueden hacer muchas cosas.

Uno de sus hitos fue la plata de Los Ángeles 1984, una conquista que le acompañará para siempre.

Lo vivimos como una alegría inmensa. La nuestra no fue una generación espontánea, sino el fruto de un trabajo concienzudo y continuado. Llevábamos tiempo llamando a la puerta de la gloria. Éramos un equipo magnífico, muy redondo... Elevamos el listón hasta que apareció la generación de Pau Gasol y compañía.

Hablando de generaciones, ¿qué opina del zaragozano Carlos Alocén y qué consejo le daría? Usted es el segundo internacional más precoz de la historia y Alocén es el cuarto.

A mis 64 años, tengo derecho a dar consejos, pero puede que no se adapten a los tiempos que están viviendo los chavales. Si Carlos precisa mi opinión sobre cualquier cosa, aquí me tiene. Le he visto jugar y me he interesado por él a través de buenos amigos. Todo el mundo me dice que es posiblemente uno de los jugadores jóvenes más interesantes y que, si nada se tuerce, va a ser una grandísima figura. Me encantaría que así fuera porque conozco a su padre –Alberto Alocén–, que fue alguien distinguido en el baloncesto español. Que un hijo pueda completa aquello que al padre le quedó por hacer es una maravilla. Creo que Carlos Alocén va a ser un referente que enorgullecerá a Zaragoza y a Aragón.

¿Mantiene vínculos con Aragón?

Muchos. Sin ir más lejos, estoy casado con una señora de Zaragoza, Katia Aznar. Y soy un enamorado del Pirineo aragonés. Lo conozco muy profundamente, desde Ordesa a Jaca, pasando por Benasque y todos los parajes. Me parece de una belleza inmensa que me emociona. Este fin de semana lo voy a pasar en Graus.

Eso es puro aragonesismo.

Algo genético tengo que tener de aragonés. Me apellido Corbalán, que es un pueblo de Teruel, y de segundo Alfocea, que es un barrio de Zaragoza. Tengo datado mi apellido desde el año 1200, que entró por Navarra desde Francia y que se afincó en Aragón. Por eso cada visita a la Comunidad es un placer y una alegría para mí.

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