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Andrea Esteban, la entereza de un adiós

La futbolista turolense del Valencia CF cuelga las botas a sus 23 años, después de haber sido operada en cinco ocasiones de las rodillas.

Andrea Esteban en la rueda de prensa de su despedida.
Andrea Esteban en la rueda de prensa de su despedida.
Valencia CF

El lado más cruel del fútbol no es un resultado, recibir un gol en el último segundo o que un árbitro erre en señalar un penalti en contra. La cruz de este deporte, como cualquier otro que se preste, son los calvarios en forma de lesión que lastran la carrera de muchos futbolistas. Es el caso de Andrea Esteban, turolense de 23 años, obligada a colgar las botas de forma prematura por un tormento en sus rodillas. Cuatro operaciones del ligamento cruzado en la articulación derecha y una en la izquierda. El miércoles pasado, la jugadora del Valencia CF, se vio obligada a decir adiós.

Lo hizo con entereza y personalidad. Con angustia, por supuesto. Pero sobre todo desde el corazón. "El pasado mes de octubre ya era complicado acabar un entrenamiento sin dolor. Las últimas pruebas indican que mi rodilla no puede competir y ya no puedo seguir por ese camino", explicó en la rueda de prensa de su despedida, acompañada de compañeras, familia y amigos. La protagonista: una perla del fútbol femenino español desde sus primeros goles en el patio del Colegio La Fuenfresca. A los once años entró a competir junto a los chicos del CD Teruel, era la única fémina de la liga, un detalle que nunca le privó de destacar sobre el resto. Por entonces compaginaba el balompié con el tenis y el atletismo, actividades que tuvo que apartar porque grandes clubes de fútbol ya habían puesto la mira en su juego.

Su rutina viró a los 14 años, edad con la que fue fichada por el Levante, uno de los clubes potentes del fútbol femenino español. Los viajes de ida vuelta, trayecto Teruel-Valencia y viceversa, se convirtieron en una tónica habitual para ella y su familia. El volante de ese coche destilaba sacrificio, todo fuere por hacer valer las ilusiones del asiento trasero.

La recompensa no tardó en llegar, y Andrea logró debutar en Primera División a los 15 con el equipo granota. En paralelo, pronto acudió a la llamada de las categorías inferiores de la selección española, donde pasó por todas las edades. En julio de 2017, la atacante aragonesa se incorporó a las filas Valencia. Su última estación antes de dejar el fútbol, de abandonar el tren cuyo viaje de destino fue lo más parecido a un sueño. "Nunca es un buen momento para decir adiós a una gran pasión por la que tanto has luchado y trabajado. Mucha gente sabe lo que he luchado para que esto no acabase así, pero ha llegado el momento de parar", asumió entre lágrimas en la instalación de Paterna.

Las numerosas cicatrices, entrelazadas en la piel que cubre sus rodillas, revelan lucha y sufrimiento. La mente, su pensamiento, desvela que todo ha merecido la pena. En su carta, el parte sobre el que descansan sus emociones, se lee la siguiente pregunta: "¿Cambiaría mi carrera como futbolista por cualquier otra? Después de pensarlo mucho, mi respuesta sería no. Y esto lo tengo muy claro, porque gracias a todo lo que he vivido estos años he aprendido una serie de valores que me hacen ser la persona que soy hoy".

Andrea, fisioterapeuta, seguirá ligada al fútbol. Sustituirá los goles por masajes, pero su caso, su ejemplo, ya bombea en el corazón del fútbol.

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