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Un partido grande

El Zaragoza mide su buen momento frente a un enrachado Osasuna en El Sadar, el feudo más inexpugnable.Javi Ros apunta a ser la principal novedad en el once de Víctor Fernández.

James Igbekeme, en el entrenamiento de ayer en la Ciudad Deportiva.
Francisco Jiménez

Del último partido del Real Zaragoza, de su enfrentamiento contra el Albacete, líder de la categoría, las crónicas, comentarios y relatos dijeron que había sido un pulso mayúsculo, con un fútbol de factura impecable, ambiciosa y frenética. Propia de otras categorías. Aquello lo permitieron dos equipos inspirados, en un momento álgido de forma y juego, que se miraron a la cara sin miedos, ni especulaciones: el resultado fue un empate en el que no hubo goles, pero que alegró la vista y los corazones. Solo una semana después, al Zaragoza le espera Osasuna, otro de los equipos de Segunda iluminados por el fútbol y los buenos resultados.

A priori, el enfrentamiento de este sábado en El Sadar (20.30/Gol TV) viene prefijado por las mismas coordenadas. Será su desarrollo y desenlace, el tamaño del fútbol, lo que embellecerá los adjetivos y endulzará los juicios. Sea como fuere, el Zaragoza firmaría con sangre una victoria alejada de cualquier logro estilístico. Firmaría, por ejemplo, disparar una vez y ganar, y no rematar 25 disparos y no vencer, como contra el Albacete. En la eficacia o no del equipo aragonés se cocinarán sus posibilidades de triunfo.

El partido tiene hechuras de duelo grande. Solo la diferencia de puntos entre unos y otros abre una grieta en el lujoso casco del encuentro. El incandescente Sadar estará lleno. Osasuna y Zaragoza aportan a la cita futbolistas de talento y brillo. Chocan dos equipos con una rivalidad íntima, acostumbrados a retarse en otros estratos del fútbol español, con una historia de victorias y derrotas larga y extensa. Su presente en la liga, en ambos casos, es prometedor. Osasuna está metido en puntos de ascenso directo. Es tercero. El Zaragoza reacciona, levanta la mirada hacia allí donde le deje, en gran medida, el resultado de hoy. Un triunfo pondría al equipo de Víctor Fernández con la caldera a toda máquina.

Enlazar una dinámica de victorias en lo que separa al conjunto aragonés de creerse el verdadero alcance de su reacción. Hace un año, precisamente en El Sadar, alimentaba la racha que acabó lanzándolo hacia la batalla del ascenso. Fue un día en el que el Zaragoza fue inferior, pero tuvo eficacia en el gol, con un portentoso Borja Iglesias, y en la portería, con un indestructible Cristian Álvarez.

En Pamplona, no ha ganado nadie. Osasuna suma ocho victorias seguidas allí y solo ha cedido dos empates. El Zaragoza acude allí liberado de tensiones y con la confianza plena. Víctor Fernández repite convocatoria. Ha recuperado a Papunashvili o Lasure, pero ha preferido reclutar a gente con el físico entero. El duelo lo requiere: Osasuna es un equipo completo, pasional, intrépido en ataque y áspero en defensa. Tiene variedad de registros: sabe correr, sabe tocar, sabe defender, sabe asaltar el área… Tiene la baja de su jugador más fino, Rubén García, pero su plantilla es profunda y rica: Fran Mérida, Íñigo Pérez, Juan Villar, Brandon Thomas, Roberto Torres, Rober Ibáñez… Nombres de lujo en la categoría.

El Zaragoza deberá sostenerlos y mover su piezas por el tablero. No se intuyen cambios, más allá de las dudas tácticas con Pombo y del regreso de Javi Ros para darle al equipo varios de los ingredientes que requiere una cita así: ímpetu, cantidad, choque, recorrido… Alberto Benito también ha llegado a tiempo y Soro se encargará de pintar el lienzo en el sector derecho. El resto será lo ya conocido, con Guitian, Dorado, Eguaras... Entre todos, pueden poner este sábado al Zaragoza con el motor a seis mil revoluciones.

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