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Carlos Muñoz: "La mayor barrera de la discapacidad es la mental"

Carlos Muñoz Montano (Zaragoza, 1974) es jugador del CAI Deporte Adaptado. Médico radiólogo, también fue árbitro de fútbol sala.

Carlos Muñoz: "La mayor barrera de la discapacidad es la mental"
Aránzazu Navarro

¡Cómo se movía Carlos Muñoz cuando pitaba a fútbol sala!

Ese fue un tiempo muy bonito de mi vida. Arbitré casi 15 años.

Pese a sus problemas de movilidad, supo hacerse un sitio en categoría absoluta. Tuvo buenos maestros...

Eso es cierto. Mi padre, Muñoz Miñana, fue árbitro internacional. El cursillo me lo dieron José Miguel Alonso Montesinos y Juan Carlos Viela.

¡Guau! Muñoz Miñana, Alonso Montesinos y Viela. Lo mejor de lo mejor...

Aprendí mucho. Después, la pista es una gran escuela de la vida, arbitrando a 10 personas, intentando controlar todo, siendo justo. Respetar y hacerse respetar.

Y ahora le veo jugando al baloncesto en silla de ruedas en Segunda División nacional. No tengo palabras, Carlos.

Quería competir y por eso estoy aquí. Ya jugué años atrás en el CAI Deporte Adaptado, cuando jugamos en Europa y todo.

Ahora, ahí están, a ver si ascienden a la máxima categoría.

Hemos ganado todos los partidos, pero nunca es sencillo subir.

¿Cómo podemos hablar de su discapacidad?

Muy sencillo: hablando.

Soy todo oídos, Carlos.

Con dos años me pusieron una inyección con antibiótico y el tema se complicó. Me operaron cinco veces. Quizá me quedo corto... Se enquistó y derivó en una fibromatosis, un tumor fibroso en la zona del glúteo.

¿Cómo ha dicho que se llamaba la dolencia?

Fibromatosis.

¡Maldita fibromatosis!

Se me acabó extendiendo hasta el hueco poplíteo y me afectó al nervio ciático. Estos tumores no generan metástasis, pero recidivan (renacen) con mucha facilidad si no se extirpan completamente. Se quedó agarrado a la arteria poplítea. Resumiendo, que me quedé cojo para toda la vida.

No utiliza demasiados eufemismos usted, no...

¿Para qué? La mayor barrera de la discapacidad es la mental. Me dijeron que jamas volvería a andar. Iba con hierros hasta la cadera. Después, el traumatólogo no se podía creer que anduviera.

No solo anda, corre.

Sí. Además de en silla de ruedas, también jugué a baloncesto a pie con gente sin discapacidad. Era el base y capitán de la selección universitaria.

Ya hemos narrado su epopeya arbitrando fútbol sala a alto nivel. También es médico.

El silbato lo colgué cuando nacieron mis hijos, Jorge y Gabriel. Mi mujer se llama Silvia. Estudié Medicina, aprobé el mir y ahora soy radiólogo. Paradójicamente, a pesar de que todas mis desgracias comenzaron con una inyección fallida, ahora todos los días tengo que pinchar en el hospital.

Un hospital, magnífica atalaya para divisar la vida.

Allí veo diariamente personas que les cambia la vida en un momento. Hay que intentar ser feliz y no preocuparse por tonterías.

Enorme verdad.

Nunca me he parado a lamentarme de mi discapacidad, sino que ha supuesto un estímulo para superarme día a día.

Con tanta actividad vital, ¿quién se atreve a decir que usted sufre una discapacidad...?

Es evidente que cojeo...

¿Y qué ser humano no es menos capacitado en algo?

Afirmación irrebatible. Ya le dije que la mayor barrera era mental...

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