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Deportes

Ballesteros y Jiménez, segunda generación de dos sagas del golf que luchan por crecer

Calatayud reúne a Javier Ballesteros y Miguel Ángel Jiménez Bravo, hijos de sendas figuras de este deporte.

Javier Ballesteros, hijo de la leyenda de Severiano Ballesteros, oposita al título en Calatayud.
Ballesteros y Jiménez, segunda generación de dos sagas del golf que luchan por crecer
Macipe

Durante toda una semana, el Augusta Golf Calatayud está siendo el escenario del Signify Campeonato de España de Profesionales, primero con la fase clasificatoria y después con el propio desarrollo del torneo en sí al que han accedido 114 de los 126 inscritos y que acabará este sábado con los últimos golpes. En cifras globales es un evento que mueve a más de 150 personas que se alojan en la capital bilbilitana y su entorno.

Entre todas ellas, además de quienes parten con la vitola de favoritos para hacerse con el título, como son los casos de Sebastián García (vencedor el año pasado), Alfredo García Heredia o Santiago Tarrío, también están Javier Ballesteros y Miguel Ángel Jiménez Bravo, hijos de Severiano Ballesteros y Miguel Ángel Jiménez dos leyendas españolas en este deporte. Ambos luchan por seguir creciendo en sus respectivas carreras como profesionales en un recorrido exigente y preparado para la ocasión.

“Sí que recibo más atención por el apellido, pero me lo tomo bien, voy a lo mío y no me afecta”, reconocía Javier Ballesteros al finalizar tras casi cinco horas de su primera vuelta en esta edición al campo bilbilitano bajo un sol intenso. “Es un desgaste físico y mental distinto al de otros deportes pero es importante”, subrayaba. Por su parte, Miguel Ángel Jiménez Bravo explicaba que “para mí es un orgullo tener a mi padre como referente, y ahora que soy profesional lo valoro mucho más”.

Según Jiménez la trayectoria de su padre supone algo “un poco de presión” porque “estás acostumbrado a verle en el top ten semana sí y semana también y crees que es lo normal, pero no lo es, la mayoría estamos peleando por pasar el corte”, asume. Pero reconoce que esa estela “me marca el camino a la hora de decir yo también puedo”. También valora que además de su padre, de Ballesteros o de Chema Olazábal hay “más gente que ahora está a un buen nivel” y entre los que incluye a los favoritos para llevarse el Campeonato en Calatayud.

Tras cuatro años como profesional, esta es la segunda participación de Ballesteros en el Augusta Golf, del que tenía un buen recuerdo. “Es un campo que está muy cuidado, ya lo estuvo el año pasado y este año también”, describía. Para él, la radiografía de las instalaciones bilbilitanas se resume en “nueve primeros hoyos que son algo más difíciles y los nueve segundos que son algo más abiertos”. También es la segunda visita para Jiménez quien explica que “me gustó mucho el campo, porque jugando bien haces pocos golpes, pero el campo tiene sus defensas”.

Ballesteros sigue una máxima muy clara: “Entreno duro en casa y salgo a jugar bien y a divertirme”. Asimismo, asume que tiene que seguir puliendo errores ya que “tengo el gran problema de que siempre pego dos o tres golpes muy malos y eso a este nivel te penaliza mucho”. En el caso de Jiménez, en 2017 se estrenó como profesional y esta temporada ha decidido probar suerte con varios torneos en el circuito asiático “para ver cómo me siento”.

Para ir mejorando, el cántabro tiene una rutina que le lleva a entrenar seis de los siete días de la semana, contando pisar el verde y también el gimnasio. “Depende de si es verano o invierno, puedo empezar a las 8.30 en el campo, con juego corto por ejemplo, ir sobre las 12.00 al gimnasio, comer, descansar y por la tarde hacer 18 hoyos”, detalla. En lo que respecta al andaluz, apunta que “es importante preparar la técnica y el físico”.

Así, detalla que “llevo cinco torneos en cinco semanas y he tenido molestias, por eso es importante mantener el físico y eso permite que la técnica sea consistente”, aconseja. Las trayectorias de esta segunda generación de dos sagas de referencia en el golf siguen por el momento lo que parecen sendas paralelas, y uno de sus puntos de unión está en Calatayud.

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