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Deportes

Víctor Gracia, el devorador de medallas

‘Galletas’ se ha saciado este agosto con tres metales internacionales. Tras este apodo sobresale el gigante portero Víctor Gracia Martín, del Centro Natación Helios.

El portero Víctor Gracia, feliz en el Centro Natación Helios con sus tres preseas conquistadas este verano.
El portero Víctor Gracia, feliz en el Centro Natación Helios con sus tres preseas conquistadas este verano.
Guillermo Mestre

A Víctor Gracia Martín siempre le han gustado las galletas. Tanto, que nunca faltaba en la mochila que llevaba a los entrenamientos de waterpolo –entre el bañador, las chancletas, el gorro y la toalla– un paquete de este sencillo dulce. "¿Quién quiere galletas?", preguntaba a sus compañeros. Y tan popular se hizo su consulta, que Víctor acabó con un nuevo apellido, Víctor Gracia Martín ‘Galletas’. Sí, el gigante zaragozano –1,98 metros de espigada figura– consume este dulce de la misma forma que devora trofeos para saciar su ambición deportiva: ser olímpico defendiendo la portería de la selección absoluta de waterpolo. El guardameta, de 17 años, se dado un festín este verano: un atracón de tres medallas y todas conquistadas en agosto.

"Sí, la verdad es que han sido unos meses muy intensos, duros, pero lo mejor es que ha tenido su recompensa", afirma el joven deportista del Centro Natación Helios, que disfruta estos días de unas "merecidas vacaciones". Víctor saboreó su primer éxito en Belgrado (Serbia), donde se celebró del 2 al 5 del pasado mes la prestigiosa Mediterranean Cup, y ató al cuello su primera plata como juvenil (sub 18). "Era de preparación para la siguiente cita, el Mundial de mi categoría. Sienta bien porque es una medalla y siempre es gratificante sumar premios al currículum", explica.

En la capital serbia siguió concentrado con el combinado nacional juvenil una semana más hasta que el 11 de agosto arrancó (finalizó el 19) la cita estrella de su calendario, el Campeonato del Mundo en la localidad de Szombathely (Hungría), donde el arquero atrapó otro bocado de felicidad: una plata que le supo a oro. "Es el metal más especial, porque es de mi grupo de edad, con un equipo que estamos muy unidos y habíamos trabajado mucho –ya el año pasado logramos la plata en el Europeo–. Perder la final (contra Grecia, 8-9) nos dejó un poco mal porque tuvimos el título muy cerca, pero luego te das cuenta de lo que lo has conseguido y es entonces cuando valoras esta plata", desarrolla.

Y sin tiempo para descansar, Víctor subió al avión –con más paquetes de galletas en su maleta– y puso rumbo con la selección júnior (sub 19) hacia Minsk (Bielorrusia) para disputar el Europeo (26 de agosto-2 de septiembre), donde, de nuevo, desplegó sus brazos (más de 2 metros de envergadura) bajo los tres palos para firmar otro fantástico torneo con otro postre sublime: la medalla de bronce. "Éramos otro equipo, no habíamos entrenado tanto juntos y se notó que no estábamos tan compenetrados. Pero supimos sacarlo adelante y colarnos en semifinales. Y hubo premio (victoria ante Croacia 9-8)", resume.

Víctor muestra una sonrisa de satisfacción. Sabe que cuando eligió centrarse en un deporte de los llamados minoritarios –pero que tantas alegrías ha aportado al palmarés nacional–, tomó "una decisión acertada". "Siempre he hecho de todo en actividades extraescolares: fútbol sala, kárate, ajedrez, voley, balonmano... Jugaba también al fútbol, pero me rompí el pie. Estuve cuatro meses sin correr. En mi colegio, el Río Ebro, salió en cuarto de Primaria un campus de la Escuela Waterpolo Zaragoza y le dije a mi madre (Julia) que me apuntara. Y me gustó mucho. Recuerdo que el entrenador Fran Orizo me dijo que hacía bien la ‘patada de bicicleta’, que es un movimiento típico de waterpolo. Esto fue un plus y me convenció", evoca.

Sus inicios fueron como jugador, lejos de los dominios de la portería. Tras dos temporadas, y ya en edad cadete, fichó por el CN Helios. Fue un curso, porque luego retornó a la EWZ, donde modificó su rol para transformarse en un eficaz guardián de la retaguardia. Víctor seguía creciendo y creciendo. Y, con su altura, ya no pasaba desapercibido. En 2015 tuvo su primera convocatoria internacional. "Luego me dijeron que si quería hacerme un hueco en la selección, tenía que jugar en un equipo de competición nacional. Como tenía ilusión, me volví a Helios y ahora comienzo la tercera campaña", apunta.

Víctor se define como un portero "completo". "Posee unas cualidades físicas increíbles, envidiables. Desde pequeño despuntaba. Pero también hay que valer, y con los entrenamientos ha evolucionado muchísimo porque está con los mejores. Su prueba de fuego ha sido 2018 y lo ha bordado", apunta Álvaro García, su entrenador del equipo Gersan Helios de Segunda División nacional. Interno en el CAR de Sant Cugat, gracias a una beca del Consejo Superior de Deportes, compagina los estudios, "que son muy importantes", con las dobles sesiones de entrenamiento. "Mi sueño es conseguir ir a unos Juegos Olímpicos. Trabajo día a día con el club y la selección para poder lograrlo. Ahora soy de categorías (de formación) y me encuentro en el camino. En la absoluta ya hay gente de 21 años. Es algo que esta cerca, pero hay que trabajar mucho, ser constante. Espero hacerlo real", concluye el gigante de las galletas.

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