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Miguel Mena: “Quini presentó mi novela en Gijón. Estuvo cariñoso, cercano y agradecido”

El escritor y locutor dedicó a su secuestro en Zaragoza y a la España convulsa de 1981 su novela ‘Días sin tregua’ (Destino, 2006).

Miguel Mena y Enrique Castro González 'Quini' en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de Gijón, en abril de 2006.
Archivo Miguel Mena

El azar y la pasión por los secretos de la radio pusieron a Miguel Mena (Madrid, 1959; lleva más de 35 años afincado en Zaragoza) tras la pista de Enrique Castro González, ‘Quini’ (Oviedo, 1949 -Gijón, 2018), “un auténtico mito del fútbol de nuestra época”, señala. Un día encontró las grabaciones de la liberación del futbolista, en la margen izquierda del Ebro, en la calle Jerónimo Vicens, que narraba el locutor Jesús Gimeno. “Me llamó la atención porque el secuestro, que fue en Barcelona y acabó con Quini en Zaragoza, fue la misma semana de la intentona de golpe de Estado del coronel Tejero. El 23-F cayó en lunes y a Quini lo raptaron el domingo 1 de marzo, tras un partido con el Hércules de Alicante en el Nou Camp. España vivía un período muy dramático. Además de la tensión golpista, había muertos casi todos los días. Los muertos de ETA, los muertos de las manifestaciones, muertos en atracos, sobre todo a gasolinera, era la época de la heroína, etc. Cuántas veces oía la voz de Jesús Gimeno -decía: ha habido un muerto en un atraco-. Fue un período terrible”, recuerda el autor de ‘Piedad’ y ‘1863 pasos’.

Aquel hallazgo dio lugar a una novela: ‘Días sin tregua’, que publicó Destino y ganó el premio Ciudad de Málaga de novela. “Empecé el libro hacia el año 2002, más o menos, y trabajé mucho en él -dice Miguel Mena, escritor y locutor de Radio Zaragoza-Cadena Ser-. No contacté con Quini mientras escribía. Había leído muchas entrevistas suyas y en todas, o casi todas, aunque había perdonado a sus víctimas, decía que aquel había sido un episodio terrible en su vida, durísimo. Eso me pesó mucho, y decidí no llamarlo ni escribirle”.

Miguel Mena, como suele hacer en todos sus libros, realizó un copioso y obsesivo trabajo de hemeroteca. “Y redacté una novela que no era la historia del secuestro de Quini, sino la un policía melancólico, Luis Mainar, que investigaba el caso. Cuando gané el premio de Málaga, antes de que se publicase la novela, se la mandé”. Quini recibió el libro con un cierto desconcierto inicial, pero a los dos días lo llamó y le dijo que estaba “encantado, que había reflejado los hechos tal como habían sido”.

Miguel Mena recuerda que fue “escrupuloso. Todo lo que ponía en boca del futbolista lo había dicho en alguna entrevista. Recuerdo cuánto me impresionó cuando contaba el día de la liberación: Quini vio aparecer de repente a un hombre rubio, con bigote, y pensó que lo iban a matar. Era el policía que lo iba a liberar”. La liberación coincidió con un partido de fútbol que la selección española jugó en el estadio de Wembley -Quini jugó 35 partidos con España y marcó ocho goles-, y coincidió además con el debut del zaragocista Víctor Muñoz. “Quini me recordó que en el sótano, los secuestradores le hicieron un zulo de ladrillos y que le pusieron un televisor para ver el partido, pero se veía tan borroso que dejó de mirar”. Miguel Mena le preguntó a Quini si quería presentarle el libro en Gijón.

“Aceptó. Qué maravilla. Estuvo cariñoso, cercano, agradecido. El acto fue en el Ámbito Cultural de El Corte Inglés, que coordinaba Laura Castañón, escritora de novelas policíacas y madre de la poeta Sofía Castañón. Fue una conversación. Laura nos preguntaba cosas y fue, sin lugar a dudas, una de las experiencias más bonitas de mi vida literaria. Quini era todo humanidad”, evoca Miguel Mena.

Cuando ayer un amigo le mandó un mensaje, el escritor -que está a punto de publicar una versión ampliada de ‘Paisaje del ciclista’, 25 años después de la primera, en las PUZ- sintió “una gran tristeza, como si se te fuera un familiar lejano al que quieres mucho”. ‘Días sin tregua’ es el inicio de una trilogía. Después aparecieron ‘Todas las miradas del mundo’ (Suma de letras, 2013), con el Mundial de 1982 de fondo, y ‘Foto Movida’ (Suma de letras, 2014), que abordaba la Movida madrileña y el año 1983, con Luis Mainar de investigador. “He recordado muchas cosas. Por ejemplo, su relación con su hermano Jesús Castro González, Castro, que se ahogó en una playa cántabra cuando intentaba socorrer a alguien que corría peligro. Jesús fue el portavoz de la familia durante el secuestro. Y los dos hermanos, Jesús y Enrique, Castro y Quini, se enfrentaron en varias ocasiones”, resume Miguel Mena. En aquella final de la Copa del Rey de 1981, entre catalanes y asturianos, venció el Barcelona por 3-1 al Sporting de Gijón, y Quini, el caballero del fútbol, marcó los dos primeros tantos. Eso sí, el destino no le obligó a batir a su querido hermano, que no jugó aquel choque.

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