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Deportes

Javier Fernández recibe una calurosa bienvenida a su llegada a España

El patinador madrileño, ganador de una medalla de bronce en estos Juegos de Invierno, se mostró feliz por el recibimiento y el cariño de la gente.

Javier Fernández posa con su medalla de bronce a su llegada a Barajas.
Javier Fernández posa con su medalla de bronce a su llegada a Barajas
Víctor Lerena

El patinador madrileño Javier Fernández, flamante ganador de la medalla de bronce en los Juegos de Invierno de PyeongChang 2018, recibió una calurosa bienvenida a su llegada a España con unas doscientas personas esperando en el aeropuerto para felicitarle por su triunfo.

Javier Fernández llegó a la terminal 2 del aeropuerto Madrid Barajas-Adolfo Suárez procedente de Corea del Sur con una conexión aérea vía Frankfurt.

A su llegada al aeropuerto madrileño se encontró con una enorme expectación. Unas doscientas personas le esperaban, entre ellas numerosas niñas y menores a los que no les importó la hora, cercana a la madrugada.

"Estoy de vuelta en casa y súper contento de traer una medalla y compartirlo con la gente. Mi estado es de felicidad plena. Estoy con nervios solo de ver a toda esta gente en el aeropuerto. No me lo esperaba en absoluto", dijo el patinador tras llegar al aeropuerto madrileño, dónde le recibieron unas doscientas personas.

"¡Ese Javi se merece una ola! o ¡Campeón, campeón! fueron algunos de los cánticos que no dejaron de sonar durante la espera y que subieron los decibelios de volumen con su irrupción por la puerta de llegadas.

La salida de Javier Fernández provocó que una avalancha de medios de comunicación se abalanzase sobre él para tomarle sus primeras declaraciones, grabarle en vídeo y sacarle fotos.

Tras acabar con la prensa, el patinador comenzó a firmar libros y autógrafos para los aficionados y posó con su medalla ante una nube de teléfonos móviles.

Gran parte de esos aficionados acompañaron al patinador durante un buen trayecto por los pasillos del aeropuerto, antes de que tomase un coche para pasar unos días junto a su familia.

Pese a las numerosas horas de vuelo desde Corea que se reflejaron en su rostro cansado, el patinador no dejó de sonreír y se mostró feliz por el recibimiento y el cariño de la gente que valoró su gesta.

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