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El peor Tecnyconta

Los zaragozanos acentúan sus dudas tras completar en Valencia un mal partido.

Dragovic, ala-pívot del Tecnyconta Zaragoza, defendido por Thomas en el partido del pasado sábado.
Dragovic, ala-pívot del Tecnyconta Zaragoza, defendido por Thomas en el partido del pasado sábado.
ACB Media

El Tecnyconta abandonó Valencia con sensaciones muy negativas. Fue un bloque vacilante y quebradizo, muy permisivo atrás, con importantes desequilibrios en ataque y, sobre todo, con una actitud impropia de conjunto profesional. Sus distracciones fueron constantes ante un rival más centrado, más activo, más enérgico y combativo, más convencido de sus opciones de triunfo y con muchos más argumentos en los dos lafos de la pista. El desenlace, amplio y concluyente (103-48), retrató con fidelidad cada una de las carencias de los zaragozanos, que han protagonizado una sorprendente involución conforme ha ido avanzando la temporada.

El cuadro aragonés, tras completar su peor actuación del presente curso, sigue en una situación inquietante, de máximo riesgo, cuando sólo resta un partido para alcanzar el ecuador de la competición regular: permanece en la decimoquinta posición de la tabla, y con una sola victoria de ventaja con las dos posiciones de descenso a la Liga LEB. Y ahora le sobreviene el Burgos, en un duelo determinante en sus aspiraciones de sellar la salvación. El conjunto burgalés, un recién ascendido a la máxima categoría nacional, representa una amenaza considerable. De hecho, se trata de un rival en clara línea ascendente, tras haber conquistado el triunfo en tres de sus cuatro últimas actuaciones. Los de Diego Epifanio superaron a domicilio al Joventut de Badalona (81-88) y al Andorra (91-99) –un adversario especialmente exigente en su propia pista–, mientras que el pasado sábado, al abrigo de su afición, se adjudicaron el triunfo contra el Real Betis (92-88).

Todo lo contrario le sucede al Tecnyconta Zaragoza, un equipo sólido y competitivo en las primeras jornadas de la Liga Endesa, pero que presenta ahora evidentes síntomas de debilidad, tal y como demostró en su compromiso más reciente. "La valoración del partido es muy simple: no ha habido partido", confesó el preparador de los zaragozanos, Jota Cuspinera, tras consumarse el oprobio en la pista del Valencia. El técnico, muy decepcionado, se lamentó de la "falta de actividad" de sus jugadores, que apenas ofrecieron resistencia en los primeros 10 minutos del choque. Después, el desplome resultó devastador. "A partir del segundo cuarto, no hemos estado en el partido. Ni en sensaciones ni en intensidad", admitió Cuspinera, sorprendido por la escasa resistencia de los zaragozanos.

El cuadro aragonés compitió con entereza durante el primer acto, aunque lo hizo sostenido por su facilidad anotadora; por eso se  descompuso después, con una fragilidad sorprendente, cuando los levantinos elevaron sus prestaciones defensivas y se emplearon atrás con firmeza y tesón. En este sentido, el Tecnyconta sólo anotó 30 puntos en la última media hora del choque, un fiel indicador de su desatino ofensivo. Por el contrario, finalizó la contienda con 103 tantos encajados, lo que delata sus continuas desatenciones en las labores de contención.

Pero lo peor, más allá del resultado, atendió a la actitud de la plantilla aragonesa. El Tecnyconta fue un enemigo dócil, sin alma, sin carácter, sin convicción, sin fe alguna en la victoria. Su personalidad se resquebrajó ante las primeras adversidades. Y hay valores –o la ausencia de ellos– que son responsabilidad de los propios jugadores: la intensidad, el compromiso, el sacrificio, la constancia, el orgullo. Los síntomas son muy preocupantes...

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