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El día que los tambores del Bajo Aragón sonaron (en 'play back') en todo el mundo

La Ruta del Tambor y del Bombo tomó el impulso definitivo participando en la ceremonia de inauguración de los Juegos de Barcelona.

Los tambores de la Ruta, en la ceremonia de inauguración de Barcelona 92.
Los tambores de la Ruta, en la ceremonia de inauguración de Barcelona 92.
FBO

Estadio Olímpico de Montjuic, 25 de julio de 1992. Más de 60.000 personas abarrotan las gradas para presenciar la ceremonia de inauguración de los Juegos. El videomarcador señala la cuenta atrás, a la espera de que se cumplan las 20.00 y, al son de la orquesta de Carles Santos, Barcelona saluda al mundo con un “hola” dibujado por 800 figurantes sobre el tapiz. Los Reyes de España acceden al palco mientras se interpreta ‘Els Segadors’, el himno catalán y el nacional. Seguidamente, Cristina Hoyos seduce con un baile flamenco y abandona las instalaciones a lomos de un imponente caballo negro. Es entonces, recién cumplidas las 20.15, cuando los redobles del Bajo Aragón resuenan en los televisores de 3.500 millones de espectadores.

“Han pasado 25 años y me sigue pareciendo que fue ayer”, valora hoy Miguel Franco, encargado de dirigir la delegación de los nueve pueblos de la Ruta del Tambor y del Bombo que participaron en la apertura del mayor acontecimiento deportivo de la historia del país. Los contactos entre el que fuera presidente de la asociación y los organizadores de los Juegos arrancaron en la Semana Santa de 1992 y, a partir de ahí, se sucedieron las conversaciones y los ensayos. “Siendo sincero, he de reconocer que al principio veía complicado que todo saliese bien, pero la gente se implicó de verdad con la causa”, recuerda Franco, que acudió hasta cuatro veces a la Ciudad Condal para ultimar los preparativos.

“Había que ensayar el recorrido de la actuación en el estadio y viajamos varias veces en el día”, añade, y confiesa que los toques que se escucharon a través de la gran pantalla fueron grabados con anterioridad. “Algunos miembros del Comité Organizador se desplazaron hasta la plaza de toros de Alcañiz una semana antes de la ceremonia. Estuvimos una tarde entera para grabar los seis minutos que después se reprodujeron en ‘play back”, destaca Franco, y agradece el “ejemplar comportamiento” de los instrumentistas implicados.

Solo así se pudo superar con éxito el examen que, en su opinión, dio el impulso definitivo a la Ruta. “En el Bajo Aragón todavía hablamos de aquella tarde de sábado. Para mí, como presidente, fue un orgullo ver descender desde el graderío a casi 400 tambores y bombos de nuestro territorio. Yo no toqué, pero pude presenciar en directo su irrupción. Me emocioné al ver que, después de tantos meses de trabajo, lo habíamos logrado”, explica Franco, antes de mencionar una curiosa anécdota que se produjo en la víspera de la gala, durante el ensayo general.

“En las anteriores pruebas, nos habían facilitado bebidas frescas y creímos que aquel día, a casi 40 grados, podíamos hacer uso de las cañeras y las neveras que estaban instaladas en el estadio. Sin embargo, los organizadores nos lo recriminaron y pasamos un mal rato, pensando que íbamos a tener que abonar lo consumido”, indica entre risas Franco, quien se encargó de explicar a los relaciones públicas del Comité Olímpico lo sucedido. “Les dije que lo habíamos hecho sin mala intención y comprendieron que con ese calor era normal ir en busca de un refrigerio. La organización de aquellos Juegos fue ejemplar”, concluye, coincidiendo con la opinión de Segundo Bordonaba, actual presidente de la Ruta e integrante de tan recordada expedición.

“Aquella tarde es la más importante en la historia de la asociación. Yo, personalmente, puedo visualizar cada segundo de nuestra actuación en el Estadio Olímpico. Desde que descendimos de los graderíos tocando hasta que la directora del Ballet Nacional, Cristina Hoyos, entró a caballo”, señala Bordonaba, sobre una ceremonia que se prolongó durante dos horas más.

Tras los sonidos de los tambores y bombos bajoaragoneses, los deportistas y las delegaciones -con el Príncipe Felipe como abanderado- llenaron de colorido el terreno de juego; Pascual Maragall (alcalde de Barcelona) y Juan Antonio Samaranch (presidente del Comité Olímpico Internacional) pronunciaron sus discursos ante el rey Juan Carlos; y, finalmente, Juan Antonio San Epifanio hizo el último relevo de la antorcha para cedérsela a Antonio Rebollo en torno a las 22.30.

Cuentan que, aunque todos lo creímos, el mágico lanzamiento del arquero paralímpico nunca llegó a entrar en el pebetero. Como tampoco Montserrat Caballé y Freddy Mercury, fallecido en 1991, cantaron juntos el mítico ‘Barcelona’. Por televisión se emitió una grabación de una actuación anterior en las fuentes de Montjuic. “Nosotros salimos tocando marchas típicas como ‘La palillera’ o ‘La raspa’, pero el ‘play back’ televisivo era obligado porque el acople con el resto de sonidos -a la par marcharon varias bandas del Levante español- hubiera resultado fatal para el auditorio”, concluye Bordonaba.

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