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Álvaro Arbeloa "Dejo el fútbol pero me queda mucho por vivir"

El futbolista aragonés con el palmarés más espectacular de la historia regresa al Colegio del Salvador, donde se formó, tras anunciar su retirada del fútbol.

Álvaro Arbeloa posa en uno de los campos del Colegio del Salvador, que en sus tiempos era de tierra.
Álvaro Arbeloa "Dejo el fútbol pero me queda mucho por vivir"
Aránzazu Navarro

¿Hacía tiempo que no volvía a su colegio?

Bastante. La última vez fue cuando fui pregonero de las fiestas del Pilar, en 2010. Pasé aquí 14 años de mi vida, desde Preescolar hasta COU. Entré con 4 años y salí con 18, hasta que fui a Madrid.

¿Qué sentimientos le afloran?

Sobre todo nostalgia. Es pasear por este patio o por estas clases y me vienen muchísimos recuerdos a la cabeza, la mayoría muy buenos. Los últimos cursos fueron más difíciles porque no me resultaba sencillo compaginar los estudios con el fútbol. Pero yo me quedo con todo lo que aprendí y, sobre todo, con los amigos que hice durante aquellos 14 años.

¿Conserva esas amistades?

Por supuesto. Son las amistades que duran toda la vida, pase lo que pase. He tenido mucha suerte en este aspecto. Conservo los amigos que hice con cuatro o cinco años. Son Rubén, Alexis, Álex, Juli, Dani, Eduardo, Alberto... También mantengo relación con los entrenadores del ‘cole’, Fernando y Mikel. Hasta tenemos un grupo de whatsapp.

¿Los profesores también guardan buen recuerdo de usted?

Habrá de todo. Con algunos, como Dabe Martínez –que me dio religión en Primero de BUP–, me sentí muy identificado. Si tienes un buen ‘feeling’ con el profesor, la asignatura se hace más digerible y sacas mejores notas. Con otros no estuve tan feliz, pero son los menos.

Este Colegio del Salvador es el kilómetro 0 de su vida.

Es el kilómetro 0 de muchas facetas de mi vida, tanto profesional como personal. Para empezar, aquí conocí a Carlota, mi esposa y madre de mis tres hijos. Coincidimos en clase y estamos juntos desde que ella tenía 16 años y yo 17.

¿También fue su punto de partida en lo futbolístico?

Efectivamente. Comencé a jugar al fútbol aquí, con cinco años, en Primero de EGB. Hasta que fiché por el Real Zaragoza con doce años –se incorporó al infantil B–, practiqué fútbol sala, fútbol 7 y fútbol 11 mi último año.

¿Destacaba en el campo a esa edad tan tierna?

La verdad es que sí. Pero era prácticamente entre amigos. De ahí a imaginar lo que ha venido después, hay un trecho enorme.

A escasos metros de la escuela se alza La Romareda.

Era un sueño que veía muy muy muy lejano. Mi madre me ha contado recientemente que cuando era pequeño no me daban los premios al mejor jugador para que no me lo creyera. Lo de jugar en La Romareda era para mí algo utópico, que veía imposible.

Esa es tal vez una de las pocas espinitas de su carrera, no haber vestido la camiseta del primer equipo del Real Zaragoza.

He tenido la oportunidad este verano. Se pusieron en contacto conmigo para ofrecerme la posibilidad de jugar esta temporada en el Real Zaragoza. Intenté ser lo más honesto y sincero con ellos. Para mí, venir a Zaragoza hubiera sido una grandísima ilusión, pero también una grandísima responsabilidad y un peso enorme. Las condiciones que se daban ahora no eran las mejores en lo personal, más por un tema de cabeza y de motivación que de físico. Me hubiera gustado cerrar el círculo que dejé abierto cuando me fui del Real Zaragoza al Real Madrid. Soy consciente de que es en el club en el que me formé en una etapa fundamental y que siempre será mi casa. Lamentablemente, al final no ha podido ser.

Pese a que nació en Salamanca, siempre ha manifestado su aragonesismo y su orgullo como zaragozano.

Vine a Zaragoza con tres años y me marché con 18. Las etapas más importantes de mi vida –la niñez, la adolescencia...– las he vivido aquí, en Zaragoza. Es mi casa. Mis padres viven ahora en Madrid, pero van a regresar en breve y definitivamente a Zaragoza. Mi mujer y su familia son también zaragozanos. Es un vínculo muy fuerte. Cuando me preguntan de dónde soy, contesto que de Zaragoza. Es algo que llevo en el corazón. Uno, más que de dónde nace, es de dónde se siente.

Con los zaragozanos compartió la Copa del Mundo ganada en Sudáfrica como pregonero de las Fiestas del Pilar de 2010.

Fue un día inolvidable. Lo que sentí desde el balcón del Ayuntamiento, con una plaza abarrotada, es de las cosas que compensan tantos años de esfuerzos y sacrificios.

A ese Mundial ha unido dos Eurocopas, dos Ligas de Campeones, una Liga, dos Copas, un Mundial de Clubes... El suyo ha sido un guión perfecto.

Perfectísimo. Quizá no tengo la distancia suficiente para calibrar lo que he logrado como futbolista. Estoy aquí, en mi colegio, donde empecé, y pienso en lo que era y lo que ha venido después, y es increíble. Lo he ganado todo en el fútbol, he jugado en los mejores clubes del mundo y en una selección que ha hecho historia. Es un guión de ensueño, difícilmente mejorable.

Ha disfrutado de jugar con el Liverpool en Anfield, con el Real Madrid, con la mejor España de todos los tiempos.

Me siento un privilegiado. Evidentemente he hecho mi trabajo lo mejor que he podido, pero con eso no es suficiente. He tenido la suerte de que se dieran unas circunstancias especiales. Por ejemplo, con la selección he estado en el lugar justo en el momento adecuado. Ha habido grandísimos futbolistas y grandísimas selecciones en la historia de España que no se han acercado a lo que hemos hecho nosotros. Logramos algo que nadie más ha igualado: el triplete Europcopa-Mundial-Eurocopa.

¿Alguna de estas conquistas encierra un significado especial?

No podría elegir un título por encima de los otros. Cuando gané la primera Champions con el Madrid fue tal vez el momento más especial porque es el título que más me ha costado. Con el Liverpool perdí una final en Atenas y caí en una semifinal. Con el Madrid nos eliminaron en tres semifinales seguidas. Iban pasando los años y no se terminaba esa maldición. Pero en Lisboa llegó la Décima y en Milán la Undécima.

Cuelga las botas con 34 años, algo que puede sorprender desde fuera. ¿Fue una decisión meditada?

Yo siempre decía que jugaría al fútbol hasta que me aguantaran las piernas porque es algo que adoro. Mi profesión me ha encantado y no ha sido un trabajo nunca. Pero este último año en el West Ham he perdido un poco la ilusión y las ofertas que he tenido no me motivaban lo suficiente. Hay que saber afrontar la vida como te llega. Estoy siendo honesto conmigo mismo y lo he dejado.

¿Echará de menos las rutinas del futbolista?

Lo que más echo de menos es el día a día con los compañeros, la convivencia en pretemporada. Pero quiero pasar página y encontrar un proyecto relacionado con el fútbol que me motive para levantarme cada mañana.

¿Ha pensado en algún proyecto en concreto?

Muchos medios me han propuesto colaborar con ellos, pero no me apetece. Se está hablando que puedo colaborar con el Real Madrid. Cuando se calme el tema de los fichajes, espero que nos sentemos y encontremos algo que nos convenza a ambas partes.

Otro de sus cometidos son sus tres hijos.

Esa es la profesión más complicada. Se llaman Alba (7 años), Raúl (4 años) y Vega (18 meses). Ahora estoy aprovechando para disfrutar de ellos, algo que apenas podía hacer como futbolista. Me encanta jugar con ellos.

¿Le han cambiado la vida?

Ser padre me ha permitido valorar más lo que hicieron mis padres. Los hijos pasan a ser el centro de tu vida. Todo lo que hago y decido gira alrededor de ellos.

¿Qué le gustaría que heredasen de usted?

Lo que me gustaría es que fueran buenas personas, honrados y valientes. Con eso me conformo.

¿Hacia dónde camina Álvaro Arbeloa?

Es evidente que se ha cerrado una parte muy importante de mi vida, pero precisamente lo he hecho porque espero que se abra una incluso mejor. Me queda mucho por vivir y por hacer. Por eso tengo una sensación de calma y tranquilidad.

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