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El factor charrúa

El Zaragoza solo ha sumado un punto de 15 posibles en los partidos en los que fueron baja Marcelo Silva o Cabrera.

Marcelo Silva, en la sesión de trabajo de ayer del Real Zaragoza.
El factor charrúa
José Miguel Marco

Es un detalle apenas conocido en Zaragoza, y eso llama la atención, en un futbolista cuyo valor para el equipo aragonés se ha revelado sustancial precisamente cuando no ha estado sobre el césped. A Marcelo Silva, de vuelta a la zaga hoy tres semanas después de una lesión muscular, le apodaron Milito en sus tiempos juveniles en Montevideo. Entonces, Silva lucía una frondosa capa de rizos sobre la cabeza y su ascendencia como cacique defensivo en un histórico club uruguayo como Danubio (donde Avelino Chaves pescó la genialidad de Rubén Sosa) le acercaron ese recuerdo a Gaby Milito, en aquellos días ya central del Barcelona tras sentar cátedra en el Zaragoza y bien reconocido en Sudamérica. Con 20 años, Marcelo ‘Milito’ Silva ejercía de prometedor y severo central uruguayo, una afirmación, en sí misma, que casi roza el pleonasmo. Y así, en 2009, se reunió en la selección juvenil del país celeste con alguien con quien ahora comparte responsabilidades en el sistema inmunológico del Zaragoza: Leandro Cabrera.

Ambos formaron la selección de Uruguay que fue tercera en el Sudamericano sub 20 y que participó en el Mundial de Egipto, aquel al que acudieron ese año también los jóvenes zaragocistas Ander Herrera y Víctor Laguardia con España. Marcelo Silva era el central titular junto a Sebastián Coates, porque entonces, Cabrera, en las filas del Atlético, operaba como el lateral izquierdo de la selección de Diego Aguirre. Después, el fútbol los separó, hasta anudarlos de nuevo ahora en el Real Zaragoza, donde la firmeza de su identidad defensiva se ha manifestado vital: mientras alguno de los dos charrúas no ha estado disponible, el equipo aragonés solo ha sumado un punto sobre 15 posibles.

Marcelo Silva se ha perdido hasta ahora cuatro jornadas. Una por sanción, la derrota contra el Sevilla Atlético (2-1), y tres por lesión empate frente al Reus (2-2) y tropiezos en Getafe (1-0) y Cádiz (3-0). Por su parte, Cabrera fue baja en otro de los partidos negros de la temporada, contra el Levante (4-2). En total, el Zaragoza ha jugado cinco encuentros sin alguno de los uruguayos y solo ha sumado un punto. La relevancia de ambos es evidente. Sin ellos en el equipo, el Zaragoza ha sufrido cuatro de sus seis derrotas de la campaña y ha encajado casi la mitad (12) de los 25 tantos que le convertían en el conjunto más goleado de la categoría antes de empezar esta jornada. Todo esto en solo cinco jornadas.

Con Cabrera y Marcelo Silva, el Zaragoza ha jugado 12 partidos, con un reparto de cinco victorias, cinco empates y solo dos derrotas (contra Numancia y Elche). Ha marcado 18 goles y recibido 13. Ha sumado 20 puntos de 36 posibles y su promedio de puntos por partido (1,6) proyecta, a 17 jornadas, 27 puntos. Es decir, el Zaragoza estaría ahora metido en plena pugna por el ascenso directo. En cambio, sin ellos, los números se empobrecen. 5 partidos, ninguna victoria, un empate y cuatro derrotas. 5 goles marcados y un chaparrón de 12 encajados (a más de dos por partido). Y un punto de 15 posibles, un promedio por partido de solo 0,2, de colista sobrado de la categoría.

Todos estos datos ponen de relieve el peso de Cabrera y Marcelo Silva en el fútbol del Zaragoza, especialmente, en sus constantes defensivas. No son dos centrales desde los que construir grandes cosas en la elaboración del juego dadas sus limitadas inspiraciones creativas, pero sí son dos hombres de plena naturaleza charrúa, con una notable calidad defensiva en la Segunda División y unos valores competitivos aplastantes. También, esos datos, desvelan la brecha abierta en la confección de la defensa, donde la distancia de nivel entre ellos y sus suplentes está siendo sideral.

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