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Diego Royo: "El deporte es un vehículo de normalización social"

Diego Royo Laviña (Zaragoza, 1977) es graduado en Educación Social y coordinador técnico del Centro Neurosiquiátrico Nuestra Señora del Carmen.

Diego Royo, siempre rodeado de balonmano.
Diego Royo, siempre rodeado de balonmano.
Aránzazu Navarro

La Federación Española de Balonmano acaba de galardonar con el premio nacional al mérito deportivo al Centro Neurosiquiátrico Nuestra Señora del Carmen, de Garrapinillos. ¡Felicidades!

Gracias por lo que me toca, que no es demasiado...

Usted es el promotor de la idea, el coordinador técnico.

Sí, soy el coordinador; pero los verdaderos protagonistas son los jugadores. Hace cuatro años se creó la escuela deportiva en el centro neurosiquiátrico e hicimos un equipo de balonmano. Entendemos el deporte como una herramienta socioeducativa y terapéutica, siempre con la finalidad de normalizar al colectivo de personas que sufren una enfermedad mental y luchar contra el estigma de padecer esa enfermedad.

El deporte, el balonmano en este caso, como terapia...

Eso es. El deporte es un vehículo de normalización social. Todos debemos ajustarnos a las mismas normas, al mismo balón, a la misma pista. Todos somos iguales, enfermos y no enfermos.

¡Pero qué bueno puede llegar a ser el deporte!

Claro. El deporte es diversión, disfrute. Puede ayudarnos a alcanzar algo tan importante como la autorrealización. Además, obliga a aceptar unas normas sociales que facilitan la integración. Y en el caso de nuestro equipo, el deporte ayuda a eliminar estigmas en salud mental.

¿Quiénes integran el equipo que usted dirige?

Todos los jugadores tienen una enfermedad mental de base. Además, algunos pueden tener algún tipo de discapacidad y/o trastorno conductual. Suelen ser jóvenes que no aceptan las normas de la sociedad y manifiestan conductas antisociales: heteroagresividad, consumen diversos tóxicos, sufren esquizofrenia...

¿Ha dicho heteroagresividad?

Sí. Quiere decir que igual agreden a los demás que a sí mismos.

Y usted los entrena... Es admirable su labor.

Lo verdaderamente admirable es la superación de los jugadores. Yo soy un educador social enamorado del balonmano. Nada más.

Y nada menos...

Jugué en la Sagrada Familia de Zaragoza. Mi padre, Manuel Royo, era el delegado. Recuerdo que nos llevaba a Ejea, a Mora... Fueron unos años que no olvidaré jamás. Esta evocación también me ayudó a tomar esta iniciativa.

Aman tanto al balonmano que hasta fueron a ver a la selección española, a los Hispanos, a Irún.

Y también a Logroño y Valencia. A los chavales les encantó. También íbamos a apoyar al BM Aragón. Óscar Mainer nos dio mucho cariño, y asistíamos a todos los partidos. Caamaño, presidente de la Federación Aragonesa, también se porta sensacional.

Su labor ha sido reconocida.

Sí. Recibimos el premio Deporte e Integración del Ayuntamiento de Zaragoza. La Federación Aragonesa también nos distinguió. Agradecemos muchísimo estos detalles, pero el equipo no se formó para recibir premios, sino para ayudar a integrar a estas personas.

A nadie le amarga un dulce...

Por supuesto. Insisto en que agradecemos la sensibilidad que han mostrado todas las instituciones.

El detalle de la Federación Española en su gala anual fue precioso. ¿Quién asistió?

La pregunta sería quién no asistió...

¿Quién no asistió...?

Estaba lo mejor del balonmano español. Nos entregaron el premio nacional al mérito deportivo. El presidente, Paco Blázquez, fue cariñoso. Los chavales lo pasaron de maravilla. Talant Djushebáev nos dijo que hasta vendría a Zaragoza a estar con nosotros. Fue un gran estímulo para seguir luchando.

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