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Lágrimas de rabia de Lavillenie

La afición brasileña volvió a silbar al francés, indignado por el ambiente antideportivo.

El pertiguista francés Renaud Lavillenie en el podio.
Lágrimas de rabia de Lavillenie
Afp

Brasil es el país del fútbol. El estadio olímpico es el campo del Botafogo. Y así es el ambiente. "Deplorable", según el pertiguista francés Renaud Lavillenie, campeón olímpico en Londres 2012 y dueño del récord mundial con 6,16 metros, dos centímetros más que la vieja marca de Sergei Bubka.

En la final de Río todo sucedía con normalidad. Lavillenie, el favorito, saltaba altura tras altura. Todo cambió cuando la final se convirtió en un duelo entre él y el joven brasileño Thiago Braz da Silva. Ahí, la grada se giró hacia la pértiga. El fútbol ocupó su lugar en el campo. Comenzaron los abucheos al francés. Le descentraron. Y cayó ante su adversario local. Luego, ante la prensa, Lavillenie dijo haberse sentido como Jesse Owens en los Juegos de Berlín 1936 ante una grada ocupada por nazis.

Tuvo que retirar lo dicho. Pero ya no le perdonan en Brasil. En la ceremonia de entrega de medallas, el estadio le abroncó con saña. Tanto que hasta Thiago Braz abrió los brazos en un gesto de desaprobación. Lavillenie subió al podio y recogió su plata. Apretó el rostro. Masticó su bilis y no pudo evitar dos lágrimas ácidas. "He sentido una enorme frustración. Esto no puede tener lugar en un estadio olímpico. Así no se puede saborear una medalla", declaró. Le silbó e insultó un público que ni le conoce por ser, simplemente, rival de uno de los suyos. Ambiente futbolero en los Juegos de Río.

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