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De obeso mórbido a héroe en la Titan Desert

Miguel González, que superó una obesidad mórbida, participa en una de las pruebas de BTT más exigentes.

Un grupo de ciclistas, en la Titan Desert
El hombre que pesaba 167 kilos, un héroe en la Titan Desert
Efe

Miguel González Pascual (Motril, Granada, 45 años), dorsal 413 de la Titan Desert tuvo una razón de mucho peso para cambiar su vida. Unos hábitos sedentarios a base de sofá y hambre voraz a todas horas le marcaron en la báscula 167 kilos. Alarma. Se asustó y empezó a hacer deporte. Ahora, con cerca de 100 kilos, se encuentra a punto de finalizar la Titan Desert, la prueba de bicicleta de montaña más exigente del mundo.

Después de bajarse de la bicicleta tras una jornada de 145 kilómetros con calor extremo, el andaluz descansa unos minutos junto a las maravillosas dunas de Merzouga y enseguida se dispone a contar su increíble historia. "Hace pocos años mi vida se vio truncada a causa de la obesidad mórbida. Pesaba 167 kilos y mi única actividad consistía en devorar todo lo que mi cuerpo toleraba". Así empieza la historia del andaluz.

Un hecho clave le marcó para siempre el cambio de vida. Un día en el edificio donde trabaja, en una agencia de seguros, subió 4 pisos andando y empezó a ahogarse. "Me faltaba el oxígeno, no podía ni hablar y me asusté", recuerda.

Se acabó el tabaco, el sedentarismo y devorar todo lo que cayera en sus manos. Miguel empezó a andar como primer ejercicio a partir de aquel susto. Al principio, con sus 167 kilos sobre las piernas, caminar era un suplicio, pero poco a poco todo fue cambiando.

"Empecé a perder peso, mis pulmones volvieron a funcionar y mi cuerpo me pedía más ejercicio. Y tomé otra gran decisión, convertirme en triatleta y llegar a ser un "Ultraman".

Después de varios meses de trabajo ya se sentía preparado para dejar de andar y comenzar a correr, nadar y montar en bici,. Era el momento para afrontar sus sueños.

Con esfuerzo y apoyo de su familia y amigos ha conseguido enfrentarse y superar el Ironman (3,8 kms de natación, 180 en bicicleta y un maratón a pie) y el UltraTri, el triatlón más duro del mundo, que se celebra en Gales.

Su vida ya no era la de un obeso que arriesgaba su vida a diario. "Lo primero que me sorprendió con la bajada de peso fue el cambio de talla. Antes usaba una XXXXL, o sea, una 68 de pantalón. Tenía que buscarla en tiendas de personas mayores. Pasé a la 46, y claro, ya me sentía más ágil, más animado y con ganas de empezar a buscar retos para competir", comenta.

Ya como nuevo deportista, Miguel se entregó a una vida disciplinada y sana, pero sin esfuerzos sobrehumanos a la hora de ponerse delante de una mesa. "Yo entreno 6 días a la semana, me levanto a las 6.30 y hago carrera o bicicleta, y luego entro a trabajar a las 9.30. Los fines de semana hago tiradas largas", explica. "Por lo demás", añade, "nunca me puse a dieta, eso es algo que solo de pensarlo me entra ansiedad. Hay que comer sano y de todo, pero la cantidad justa, sin abusar".

Eso sí, acepta que algún caprichito se da de vez en cuando. "No puedo evitar dejar las patatas fritas, pero ahora sólo bolsas de 30 gramos un par de veces por semana. También me gusta comerme una herradura de crema dulce de vez en cuando", reconoce. Su familia le acompaña a sus competiciones, y eso es un gran estímulo para Miguel. Esta vez está solo en la Titan Desert, pero el sábado será "finisher" y podrá llevar el trofeo a casa, para ofrecérselo a su mujer e hijos.

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