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Las leyes no escritas del fútbol

El Real Zaragoza siente sobre sí el peaje negativo de cambiar de entrenador a temporada empezada. Una maniobra que, o sale perfecta o puede ser germen de dificultades mayores a corto plazo.

Ángel, Cabrera y Dongou intentan un remate en una falta sobre la portería del Mirandés en los últimos minutos.
Ángel, Cabrera y Dongou intentan un remate en una falta sobre la portería del Mirandés en los últimos minutos. marco/navarro
Marco/Navarro

Falta de reacción. Dosis evidentes de inadaptación en el equipo. Esto es lo que emite el Real Zaragoza en la actualidad. En unos momentos decisivos de la liga, cuando acaba de comenzar la segunda vuelta y el equipo se halla inmerso en esa difícil tesitura de borrar el poso del entrenador con el que comenzó el curso en verano –el denostado Ranko Popovic– y cogerle el hilo a las ideas del nuevo, su sustituto, Lluís Carreras. Cuatro partidos, un mes, han pasado desde que en el club se optó por dar el contundente golpe de timón que siempre supone sustituir al entrenador a temporada empezada. Una decisión que, sea como fuere, ya está tomada y no tiene reversión posible.

A partir de ese mismo instante, el Real Zaragoza 2015-16 pasó a estar sujeto a las leyes no escritas del fútbol. Esos designios que, más de un siglo después de que se inventara esta historia del balompié profesional, se saben llenos de acciones, reacciones, recovecos y derivaciones que resultan incontrolables desde cualquier timón. La enorme jurisprudencia que aporta la historia mundial del fútbol desde el siglo XIX sugiere decenas de desembocaduras distintas a situaciones como la que ha emprendido el Zaragoza del presente. Pero, reduciendo el abanico al mínimo común múltiplo, cabe colegir que son dos grandes líneas las que acaparan la mayor parte de las respuestas de los equipos ante una mutación como la que ha llevado a efecto el club zaragocista en estos últimos 30 días. O el cambio sale perfecto y, por lo tanto, el equipo se revitaliza de manera sobresaliente a corto plazo; o bien, si las cosas no mejoran cuanto antes, el pretendido revulsivo se envenena hasta engendrar una sensación mayor de frustración; y, con ella, de problemas de superior envergadura a los que se apreciaban cuando se apostó por modificar el plan inicial. Así ha sido siempre. Aquí, allá y acullá.

El fútbol no garantiza nunca nada. Ni en positivo, ni en negativo. Es una entelequia en sí mismo. Depende de cientos de factores. De índole personal, de cada protagonista de la coral película. Y también del ámbito colectivo, de los modos con los que se vive el día a día en cualquier grupo, en cualquier centro de trabajo, en cualquier tarea en la que se requiere el engrasado correcto de muchas piezas a diario.

Popovic ya es historia. Desde la Navidad. Dejó de regir el banquillo tras vivir una primera vuelta llena de irregularidad. Después de no conseguir estar cada semana en los puestos de ascenso directo con este Real Zaragoza maculado por el defectuoso remate de la plantilla que consumó el anterior director deportivo, Ángel Martín González ?(también cesado en sus funciones). El tercer amago de crisis de resultados en la previa del parón de diciembre, mezclado con la acritud sentida desde determinados sectores del entorno, fue base suficiente para valorar la conveniencia de su relevo. Pero su bagaje anterior, objetivamente, dice que durante varias semanas caminó a rebufo de los dos primeros. Clasificado tercero, cuarto... y hasta segundo, tras el empate a cero cosechado en Mallorca el 8 de noviembre. Hace 40 días, apenas poco más de un mes, tras ganar 0-1 en Bilbao al filial del Athletic, el Zaragoza regresó de San Mamés en la 3ª posición.

Ahora, con todo esto archivado de un carpetazo fruto de una de las leyes del fútbol (la que dice que si una parte del público y del entorno no comulga con un técnico éste tiene complicada su labor y su índice de longevidad es corto si los resultados no lo sustentan semana a semana), el panorama es bien distinto. Nominalmente, porque el reparto de personajes ha cambiado. Cuantitativamente porque, lejos de mejorar, las cosas han empeorado en el juego y la tabla (el equipo es hoy 12º a tiro de piedra de 15º). Y, por último, porque se está en plena fase de remodelación interna, con todos los inconvenientes y riesgos que ello conlleva. Hay que atinar, ser certeros en todo y que el colectivo reaccione positivamente a las vacunas. Por ahora, esto último no es así.

Y hay que viajar ya a Almería. Vendrá aquí el Leganés (el cuarto clasificado). Y habrá que visitar consecutivamente a Córdoba y Osasuna, segundo y tercero respectivamente. El siguiente desplazamiento será Vitoria (ante el líder)... Un tramo que anuncia curvas de no mediar una metamorfosis que hoy suena a chino mandarín.

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