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Sergio Gil, un chico tranquilo

El canterano asume con calma y naturalidad su ascenso progresivo hacia el primer equipo zaragocista.

Sergio Gil, antes de empezar el entrenamiento de ayer en la Ciudad Deportiva.
Sergio Gil, antes de empezar el entrenamiento de ayer en la Ciudad Deportiva.
guillermo mestre

Sergio Gil Latorre, 19 años, zaragozano de Garrapinillos, es el ojito derecho de buena parte de la afición pese a que su presencia en el primer equipo ha sido hasta ahora esporádica. Asumido el crecimiento y la consolidación el año pasado de Jesús Vallejo en el primer equipo, la lacerada hinchada blanquilla suspira por nuevos alicientes, por nuevos ídolos locales. Y, en el escalafón de jóvenes promesas de la maltratada –en los tiempos pretéritos recientes de la última década– cantera aragonesa, el rubio Gil es el siguiente en pasar.

El pasado sábado, ante el Llagostera, sustituyó a Hinestroza a falta de poco menos de media hora. Y lo bordó. "Ha hecho un partidazo. Entiende muy bien el juego", resumió el técnico, Lluís Carreras al valorar su actuación. Ayer, Gil fue el protagonista en la sala de prensa, ejerció de portavoz del vestuario. Más galones. Y, como uno más del primer equipo, tuvo la oportunidad, por primera vez en lo que va de temporada, de exponer su manera de ver las cosas. De exhibir su talante. De contarle a la gente que es un chico tranquilo, que no tiene prisas y que entiende los tiempos que en la sala de máquinas del club le están marcando hasta que, en un futuro cercano, tenga su lugar natural en el once titular del Real Zaragoza.

"Yo sé dónde estoy. Estoy aquí para ayudar, soy un chico joven; el entrenador me corrige cosas y está encima de mí para decirme lo que tengo que hacer. Siempre intento hacer lo que se me pide, ya sea como titular o saliendo desde el banquillo. Las ganas y el entusiasmo que le pongo nunca van a faltarme. Ahora, solo me centro en trabajar día a día", explicó para dejar claro a todo el mundo que su cabeza está perfectamente asentada. Nada de pajaritos ni polvo de estrellas.

Gil vive esos complicados momentos para todo emergente canterano con hechuras gran jugador en los que la presión del entorno, si no la administra adecuadamente, puede hacerlo descarrilar. A caballo entre el filial y la plantilla profesional, el joven zaragozano asume sin problemas su rol del presente. "Llegar al primer equipo es un camino largo. Pero si te esfuerzas, el fruto llega. Mi sueño como canterano es, naturalmente, llegar a ser un futbolista importante del Real Zaragoza. Y trabajo semana a semana por hacerlo realidad", afirma con su pausado y limpio discurso.

Gil no quiere comparaciones. Amigo íntimo de Jesús Vallejo, con el que viene subiendo la escalera del éxito desde que eran dos niños en el Oliver, disuelve de manera contundente las presiones extras que puedan llegar a su posición desde fuera, por cariñosas y bienintencionadas que puedan ser de origen. "Yo creo que Jesús tiene su recorrido y yo el mío. Y no me tengo que colgar la presión de compararme con él. Insisto en que yo sé que trabajando día a día, todo me va a llegar", razona con una calma exquisita.

Centrocampista de buen toque, de amplia visión en la distribución del juego y baqueteado en diversos puestos tácticos en los últimos años de su maduración en barrica (central, lateral zurdo, interior derecho, interior izquierdo, mediocentro, mediapunta), Sergio Gil lleva llamando a la puerta del primer equipo varios meses. Con Popovic, debutó en Segunda División el año pasado. Jugó en tres partidos, ante Lugo y Alcorcón en La Romareda; y en Santander, donde fue titular.

Este año, alternando su participación con una docena de partidos en el filial de Tercera con César Laínez, el anterior entrenador del primer equipo ya lo había utilizado en cinco partidos de liga más otro de Copa. Pequeñas dosis para ir tomando el pulso al territorio comanche del profesionalismo. Para evaluar sus aspectos a mejorar en el momento crucial de abandonar su condición de promesa del fútbol base, donde ha sido internacional español en todas las categorías hasta la selección sub-19. Su aparición ante el Llagostera fue el sexto choque de Gil con los mayores.

Sergio es conocedor de que, junto a Vallejo, abandera las intenciones de regeneración del mecanismo de la Ciudad Deportiva por parte de la nueva propiedad de la SAD. Una tarea a largo plazo, como no puede ser de otro modo tras las dimensiones del destrozo ejercido por el agapitismo en las entrañas de la cantera desde 2006. "Nuestro caso es un ejemplo para los chavales de la casa. Un modo de que vean que con humildad, interés y trabajo, la oportunidad de jugar en el primer equipo llega", asegura Gil.

El ‘32’ sabe que atraviesa un momento vital. "El jugador sabe cuándo lo ha hecho bien", admite respecto de su sobresaliente aportación del pasado sábado. Otro signo de naturalidad.

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