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Deportes

De vuelta al cauce del ascenso

El Real Zaragoza, con el pulso firme de Popovic, sale de su segundo atisbo de crisis del curso. Su virtudes son una gran defensa y saber rentabilizar al máximo su escaso tino ante el gol.

Morán y Ángel, durante el partido de anteanoche en San Mamés ante el Bilbao Athletic, que acabó con la victoria del Real Zaragoza.
Morán y Ángel, durante el partido de anteanoche en San Mamés ante el Bilbao Athletic, que acabó con la victoria del Real Zaragoza.
IGNACIO PÉREZ/EL CORREO

Dos partidos seguidos con victoria, 2-0 ante la Ponferradina y 0-1 contra el Bilbao Athletic. Dos choques encadenados nuevamente, por lo tanto, sin encajar un solo gol. Seis puntos de una tacada en dos jornadas enlazadas han servido para que el Real Zaragoza recupere sus constantes vitales en el enrevesado discurrir de la liga 2015-16.

Del mismo modo que las derrotas con el Valladolid y el Alcorcón habían provocado la segunda crisis de credibilidad de la campaña dos semanas atrás, esta nueva reacción del equipo de Popovic lo devuelve a la órbita adecuada. Una ubicación, a solo 3 puntos del segundo –el Alavés– y a 4 del líder –el Córdoba– que es el mínimo exigible este año. Una atalaya desde la que, en cualquier momento de acierto, inspiración y fortuna, el Real Zaragoza esté en condiciones de asaltar los puestos de ascenso directo con determinación, las dos plazas que se anhelan como objetivo supremo de esta crucial temporada para la SAD.

La tercera posición en la clasificación es el mejor salvoconducto para que el equipo y todos sus alrededores se enfrenten al áspero presente con cierta calma. Y ahí está de nuevo el Real Zaragoza. Los chicos de Popovic, con 26 puntos, han retomado el pulso perdido 15 días atrás. Y lo han hecho mediante una notable primera mitad ante la Ponfe, completada con un rentable tramo final de partido, y con una solvente primera parte ante el filial del Athletic que, eso sí, derivó en un sufrimiento excesivo y gratuito patrocinado por la ineficacia propia ante el gol y por la falta de personalidad de un deficiente medio campo, muy marcado por las importantes ausencias por lesión que sufre el grupo.

Es tal el grado de exigencia del presente curso que es posible que, para muchos observadores, se tienda a perder detalles puntuales relevantes abrumados por el análisis global. El día a día del actual Zaragoza es de esos casos en los que el todo difumina a las partes. Al respecto, tras la disputa de 16 jornadas, de cuatro meses ya de calendario, asoma como dato más brillante la enorme eficacia defensiva del equipo dePopovic. Solo ha encajado 10 goles.

Es la mejor trama de contención de la categoría, a mucha distancia de las otras cuatro más rentables que, con 14 goles recibidos por sus porteros, son las de la Ponferradina, el Leganés, el Mallorca y, llamativamente, la del Bilbao Athletic, el rival del Zaragoza anteayer. Un joven filial que, pese a ser colista, ofrece algunos síntomas de nivel alto como este, que aumentan per se el valor del triunfo blanquillo en San Mamés. Pero, sin duda, el epígrafe que más llama la atención dentro del bagaje del Real Zaragoza en su tercera posición en la tabla es el que relaciona los goles marcados con la obtención de puntos.

Que el equipo que dirige Popovic haya sido capaz de sumar 26 puntos marcando únicamente 16 goles en 16 partidos es algo insólito, llamativo y digno de ponderar positivamente. De un mal endémico, de un defecto de fábrica palmario, de un mal remate de la plantilla por parte de la dirección deportiva en agosto, Popovic ha sabido encontrar esa virtud. Es evidente que la falta de gol es, en sí misma, una enfermedad letal para cualquier equipo con aspiraciones altas. Y que, a este ritmo anotador, el Zaragoza está abocado al fracaso. Con 42 goles a favor (al ritmo que lleva ahora, esa es la progresión final), el ascenso es imposible.

De hecho, que Popovic tenga al equipo tercero con ese reducido goteo goleador, parece algo estacional. Sería suicida pensar que este milagro –rentabilidad extraordinaria– puede llegar a buen puerto en junio. Ahora, a la espera del mercado de fichajes de enero, Popovic ha de seguir sacando petróleo con un equipo lleno de mermas y máculas. Un mérito general de todo el vestuario. Jugadores y técnico.

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