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CICLISMO

"Si Maribel hubiera hecho algo bueno, no estaríais aquí"

La carretera de Maribel finaliza en Barbenuta. Principio y fin. Cuna y tumba de la campeona. Ya lo decían en Sabiñánigo y Biescas, donde todos conocen a la ciclista desde niña, donde todos esperaban recibirla jubilosos con la medalla olímpica al cuello, donde todos no la ven desde que regresó inesperadamente de Pekín. El anuncio del positivo por EPO de Maribel Moreno, difundido el pasado lunes, ha llenado de cámaras y micrófonos la comarca del Alto Gállego. Entre su lugar de residencia habitual (Sabiñánigo), y el supuesto escondite de las evidencias que la apuntan (Barbenuta), en Biescas ofrecen las primeras impresiones. "Después de lo que ha pasado, quizá ya todo haya acabado para ella en el deporte de competición. Tendrá que rehacer su vida", explicaron junto a Casa Ruba, en Biescas.

A orillas del Gállego, dicen que vieron pasar a Maribel junto a su compañero y entrenador, Carlos Hernández, rumbo a Gavín. "Estarán en casa de sus abuelos, en Barbenuta, a unos kilómetros de aquí. Allí está, se esconde o se refugia del mundo tras el positivo. Desde luego, por Sabiñánigo hace unos días que no los han visto, y de lo que dijeron que se había ido a Cambrils, tampoco lo creo. Barbenuta es un sitio ideal para aislarse. No es sencillo llegar hasta allí, y parece que Maribel tiene pocas ganas de hablar con los medios de comunicación", adviertió un conocido de la ciclista en el bar del hotel Tierra de Biescas.

Una decena de kilómetros, montaña arriba, la suposición se torna en evidencia. La montaña endurece la carretera. Resulta complicado negociar las curvas, los mismos vaivenes que forjaron las piernas de la campeona, los mismos desniveles que educaron su privilegiado organismo para soportar el dolor de la alta competición. Después de más de una decena de kilómetros de rally, aparece el cartel anunciador de Barbenuta. La carretera de Maribel se acaba aquí. De aquí también proceden sus ancestros. Y aquí, entre los ventanucos de preciosas casas del Pirineo cerrados a cal y canto, dicen que la ciclista lame la herida abierta por la puñalada trapera de EPO.

Diálogo en la plaza

Nada más atravesar el cartel indicador de la pedanía, la brea deja paso a la piedra y el polvo. Canta un gallo al mediodía; sí, al mediodía. Quizás nadie quiere que amanezca, que aparezca la luz en Barbenuta. Una fuente preside la plaza, punto de convergencia de una treintena de edificios. La sombra de un árbol cobija del sol radiante a una docena de lugareños. Fruncen el ceño algunos, y otros bajan la cabeza. Una niña pequeñita mira con atención. El perro, parapetado debajo de la mesa, también prefiere mirar a otro lado. La contestación al saludo del preguntador y la fotógrafa tensa el diálogo. "Si Maribel hubiera hecho algo bueno, no estaríais ahora aquí. Ha ganado muchos campeonatos y nadie ha aparecido nunca por este lugar. Además, aquí estamos los de siempre. Maribel no está aquí. No sé qué buscáis, no sé a qué vienen tantas cámaras y tantas preguntas", reiteró una anciana.

En la pared de la plaza aparece el cartel de un grupo musical, pero en la pedanía no están para fiestas. No hay procesiones: la procesión, este año, va por dentro. "El sábado pasado (día 9) hubo verbena. Los santos del lugar son Justo y Pastor, pero en estos momentos no estamos para celebraciones. Lo que ha pasado no es agradable para nadie. Nos ocurre como a ella: queremos que nos dejen en paz. Aquí no han venido nunca cámaras ni periodistas. Nosotros queremos mucho a Maribel. La hemos visto crecer y es una chica fenomenal, una gran profesional, y también sufrimos por ella", apuntaron.

Tampoco se espera a Maribel en las fiestas de Espierre, localidad apenas distante un kilómetro de Barbenuta en la este fin de semana hay verbena.

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