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GRAN HERMANO

Iván, el de casa, el de siempre

Iván Madrazo, un viandante más en el paseo de la Independencia. Nada más cruzar, hubo una avalancha de fans.
Iván, el de casa, el de siempre
JOSÉ MIGUEL MARCO

La entrevista iba a ser por teléfono, pero estaba en Zaragoza y no le importó quedar. Un detalle que casa poco con la imagen de "prepotente" que le han colgado sus compañeros en ‘Gran Hermano’. No le quita el sueño. "He tenido errores, pero no sé jugar a los teatros que hacen allí. Han sido malos perdedores", dice Iván Madrazo de la mayoría de concursantes a los que ha batido. Y es que compara el concurso con ‘Los inmortales’, porque "solo podía quedar uno". Y fue él, que había entrado buscando un cambio, tras un fracaso amoroso. "Cambié de coche, de reloj… y fui allí", sonríe.

El martes, pudo reencontrarse con sus amigos de Zaragoza, que afirman que nunca se han peleado con él. Pero era difícil pasear. La gente lo saluda, le felicita... E Iván está que no se lo cree. Todavía no tiene los pies en el suelo. Parece que aún pise esa casa de Guadalix. De ahí salió con 300.000 euros y cierto resentimiento por los ataques sufridos. Y, casi sin tomar aliento, se lanza a la carga: "Loli era una manipuladora; Carlos H., un competidor desleal; Julito, el que dice que es ‘el de siempre, el de casa’, no hacía más que lanzar mensajes a cámara". Y así sigue, acusando a Mirentxu de teatrera y a Carlos F., al que llama "Gemino", de "iluminado". "Entre ellos, ahora, se acuchillan", revela.

Eso sí, al concurso, del que solo había visto la primera edición, "y de pasada", lo defiende a capa y espada: "El paripé lo montan las personas, pero ‘G. H.’ es auténtico, una máquina de hacer feliz a la gente". Y eso, a pesar de los rumores -"no soy el topo de nadie", afirma serio- y de sus continuos enfrentamientos, que, en su opinión, no eran más que defensas. "Tú puedes ser pacífico, pero si tienes a nueve impresentables tocándote las narices, ¿a que saltas?", pregunta retóricamente. Vamos, que no ha hecho muchos amigos allí. "Y no quiero. Yo elijo a mis amigos. Y, de la casa, la única amistad verdadera ha sido la mía con Almudena y Orlando", al que siempre creyó ganador.

 

Está descansando en Zaragoza de la vorágine de entrevistas desde que el pasado jueves saliera como vencedor. En la fiesta tras la final, le dio por cantar jotas. "La de ‘la Virgen del Pilar dice…", improvisa. De Zaragoza cuenta que es su segunda ciudad -él nació en Santander- y que quiere a las dos por igual. Es más, en Cantabria le dicen que tiene acento maño. Antes de la popularidad catódica, como modelo, ya había sido la cara de firmas aragonesas y, este verano, paseó palmito en varios desfiles de la Expo, que le pareció "genial".

Hoy, con la seguridad que le ha dado el triunfo, prepara su futuro. "Pensé en quitarme la hipoteca, pero guardaré algo", informa. Cree que podría irle bien en la tele, pero, avisa, "no voy a despellejar a nadie". Si no hay suerte, no pasa nada. "Antes, también vivía bien".

Se marcha. Tiene que recoger el coche en el taller y su móvil está que echa humo, como él, que no ha dejado de fumar, para disgusto de la Milá. Solo quiere aprovechar sus días de descanso en su ciudad de adopción, donde no es el de ‘G. H.’, sino Iván. El de casa, el de siempre.

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