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Comunicación
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ENTREVISTA

'El follonero': "Me encanta cuando los invitados me torean"

La tercera temporada ha comenzado con buen pie y 'El follonero' tiene ya nuevos objetivos en su mira.

'El follonero' tiene ya las ideas clara para los programas de 2009.
'El follonero': "Me encanta cuando los invitados me torean"
HERALDO

Jordi Évole vuelve por sus fueros. En apenas, dos programas llevó un chándal a Cuba para Fidel Castro, una camiseta de la selección con el nombre de Raúl para el hermano del dictador e intentó firmar la paz entre el Gobierno y los medios de comunicación. Por tercera temporada consecutiva, 'Salvados' se instala en la noche dominical para dar una vuelta de tuerca a la realidad.

 

¿Cuál es la fórmula de 'Salvados'?

Nos tenemos que reinventar de forma constante. Hace dos años todo era más sencillo. Te acreditabas como 'Salvados' y no pasaba nada, podías montar ahí tu historia. Pero ahora cuando nos ven en un acto, nos buscan. Y eso lo hace más complicado.

 

¿Con qué personajes tiene más empatía?

Creo que con la mayoría, desde políticos a deportistas. Hay muchos que colaboran. Por ejemplo, Aitana Sánchez-Gijón, en el Festival de Málaga, hizo medio programa solo porque le gustaba. Hay políticos que nos han tratado muy bien. José Bono nos abrió el Congreso para hablar del 23-F. Son cosas difíciles de conseguir si no tienes el sello de informativos, pero tampoco sé qué tipo de programa somos... Tenemos ganas de reírnos de todo, desde nuestra madre a nosotros mismos. Y eso cuesta mucho.

 

¿Es autocrítico?

Todo el equipo. Mis compañeros me dicen que me repito, me ponen la cabeza como un bombo. Luego les recuerdo que soy el jefe y que esto se hace de esta manera (risas). Esta actitud va muy bien para complicarnos la vida y que ningún programa sea igual.

 

¿Qué hace funcionar a 'Salvados'?

Marcarnos un objetivo a veces tontorrón, como darle un chándal a Fidel Castro cuando sabes que es imposible. Pero eso te permite seguir avanzando y que cada programa se convierta en una especie de película y todo empiece de cero.

 

¿Famosos en el punto de mira?

Tengo ganas de entrevistar a políticos que hace tiempo que no vemos en la televisión. Por ejemplo, Eduardo Zaplana. Quiero que me explique qué tal se trabaja en Telefónica.

 

¿Y cuál es la relación con ellos?

Buena. Es una suerte que personajes que acuden a 'Los desayunos de TVE' o a '59 segundos' estén en el programa con un tono más distendido. Siempre puedes pinchar más y ellos también pueden hacerlo. A mí me encanta cuando los invitados saben a lo que vienen y me torean, me ponen banderillas. En las entrevistas parto con ventaja porque tengo un guión que un equipo ha preparado y ellos no. Que tú a una pregunta ingeniosa tengas una respuesta mejor, tiene un gran mérito. Y nosotros jamás editamos esas respuestas, aunque quedemos peor. Para mí tiene un gran valor.

 

Luego está lo que surja.

Así es. Un ejemplo. Empezamos la trama de Cuba con una visita a la sede del PP. Nos recibió Jorge Moragas, que la última vez que llegó a Cuba le echaron. No salió ni del aeropuerto. Fuimos a verle para ver qué hizo y hacer nosotros todo lo contrario y poder trabajar tranquilamente. La conversación acaba conmigo de rodillas pidiéndole un puro de Mariano Rajoy y Moragas coge el teléfono, le llama y se lo cuenta. Y Rajoy le dice que sí.

 

¿Qué es lo más difícil?

Son complicados los rodajes porque te piden un autógrafo o una foto y no estás pendiente de a lo que vas. Yo a la gente tengo que estar agradecido porque tengo muestras de cariño constante. Todos te recuerdan por una cosa y eso es de agradecerlo.

¿Problemas en algún reportaje?

Siempre. En el Valle de los Caídos fue complicado por lo que conllevo esa grabación; el día que abordamos a Jiménez Losantos, que estaba rodeado de fans o un acto de la izquierda 'abertzale'. No son momentos fáciles pero con una cierta cintura se pueden torear. Hasta ahora no nos han partido la cara.

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