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"Los Simpson solo acabarán cuando la sociedad deje de dar motivos para reírse de ella"

El joven zaragozano Lalo Tovar publica 'Yo sonreiré por las dos', un intercambio de cartas con Marge Simpson con las que repasa cómo ha cambiado el papel de la mujer en los siglos XX y XXI.

Lalo Tovar, junto a un pequeño altar doméstico de los dibujos animados.
Lalo Tovar, junto a un pequeño altar doméstico de los dibujos animados.
Heraldo

El zaragozano Lalo Tovar obtuvo hace cuatro años un ‘cum laude’ con su tesis sobre la familia Simpson. Ahora acabo de publicar "Yo sonreiré por las dos. La vida en femenino según Marge Simpson" (Roca Editorial), que viene a ser una biografía de la amarilla matriarca, a través de una correspondencia ficticia que el autor mantiene con ella. “Es una reconstrucción toda su trayectoria para entender cómo ha cambiado el paradigma de la mujer del siglo XX a la del siglo XXI”, explica Tovar.

Abre el libro con una reflexión del filósofo Zygmunt Bauman sobre lo líquido y efímero que es todo. Todo, menos ‘Los Simpsons’, que llevan la tira de temporadas...

Pero evolucionan. Tienen teléfono móvil, redes sociales, tele de plasma… La familia Simpson es sensible a los cambios de la sociedad porque forma parte de ella. La dinamita desde dentro, de hecho, siempre procurando colocarnos ante el espejo con sus críticas y sátiras. Es la esencia de la serie y es, además, el principal ingrediente de su éxito: ser siempre permeables y no despistar ninguna realidad sobre la que ironizar para procurarnos, más allá, la reflexión.

Inicia el relato reproduciendo una curiosa carta Barbara Bush a Marge...

¡Es una anécdota real! Cuando la serie comenzaba a despuntar, un periodista se interesó por la opinión de la Primera Dama, teniendo en cuenta que su marido, George Bush, había aludido a la serie en el Congreso del Partido Republicano para prometer que seguiría trabajando por que la familia estadounidense se pareciera más a los Walton que a los Simpson. Barbara Bush aseguró que nunca dedicaría un minuto a ver una serie tan tonta… y Marge se sintió profundamente ofendida. El hecho de que a la factoría Simpson llegase una carta con el sello de la Casa Blanca ya daba la medida, a principios de los 90, de la magnitud del fenómeno en el que se estaban convirtiendo. A Los Simpson, mejor tenerlos de amigos que de enemigos.

"Marge es consciente de que su tiempo quizá haya pasado, pero se esfuerza cada día en que Lisa se desarrolle como una mujer plena"

¿Cuánto tiene el libro de su tesis y cuánto de volver a reformular todo desde la perspectiva de género?

En la tesis indagué en el cambio de paradigma de las mujeres del siglo XX a las del siglo XXI desde el punto de vista científico y académico, sirviéndome igualmente de la relación entre Marge y Lisa. Mi investigación fue la base; esta es la ‘traducción’ al lenguaje más divulgativo, cercano. ¿Qué hay más cercano que escuchar cómo habla Marge al mundo? Una persona corriente, que se tiene por anónima aunque no lo sea porque representa un modelo de mujer que se asimila al de cientos de millones de mujeres occidentales.

Marge parece amable y correcta en sus misivas. ¿Es aficionada al género epistolar?

Mucho. Ella siempre se apoya en la palabra, también escrita, para expresar sus sentimientos y sus protestas. Por eso tiene, incluso, folios personalizados con una frase como encabezamiento, que yo reflejo en mi libro: “From the kitchen table of Marge Simpson”. Y es cierto: ella suele colocar puntualmente su máquina de escribir sobre la mesa de la cocina para comunicarse, desde el que es su mundo, con todo aquel que (estando fuera de esa cocina) cree que tiene que escucharla.

¿Es Marge una mujer liberada?

Tal vez el concepto ‘liberada’ no se le pueda aplicar a ella, pero sí el de ‘liberadora’ en sus relaciones más cercanas. Marge es consciente de que su tiempo quizá haya pasado, pero se esfuerza cada día en procurar a su hija Lisa, quien recogerá el testigo de las mujeres en la sociedad, unos valores y unas enseñanzas que le permitan desarrollarse como una mujer autónoma, plena, independiente y, en definitiva, del siglo XXI.

"Entre los guionistas hay filósofos, físicos, matemáticos, doctores… Muchísimos ‘gilis’, como diría Homer"

Pero se pasa el día justificando a Homer...

Trata de neutralizarlo. Siempre está atenta para, cuando él demuestra su inconsciencia ante sus hijos, reconducir la situación. Marge está liberada para liberar. Es el papel que la sociedad estadounidense de los años 50 dibujó para ella.

¿Volcar sus esperanzas y sueños en su hija puede generar estrés o ansiedad a Lisa?

Ansiedad, no. En eso también se esfuerza. Estrés, puede que sí. Pero conviene colocar ante situaciones de estrés a quien quieres que aprenda una lección. Marge coloca a Lisa frente a todas las opciones y le deja escoger. Y, aunque en muchas ocasiones las aspiraciones de su hija choquen con sus valores más profundos… ella siempre está ahí para apoyarla, para sostenerla y para brindarle las herramientas para que decida. También, para auparla de nuevo cuando resbala.

¿Por qué ‘Yo sonreiré por las dos’? ¿Manejó algún otro título?

Dicen que el título siempre se deja para el final, pero yo lo tuve claro desde el principio. La frase forma parte de uno de los diálogos más elocuentes y significativos de la serie. Después de compartir Marge con Lisa un consejo que a ella le dio su madre durante su niñez (“independientemente de cómo te sientas por dentro, debes siempre sonreír para que el resto entienda que eres una persona feliz”), ella cae en la cuenta de que esa recomendación es profundamente injusta, equivocada. Por eso, cuando Lisa está procurando sepultar su tristeza y Marge observa cómo los demás se aprovechan de su vulnerabilidad, reconduce la situación y le dice: “Estaba equivocada. Sé siempre tú misma. Desde ahora, tu madre está dispuesta a sonreír por las dos”. Es una declaración de amor y, también, el retrato de dos generaciones de mujeres que se apoyan, se comprenden y se sustentan.

¿Pensó que con su tesis había acabado el camino? ¿Se cansa alguna vez de ver capítulos repetidos?

El creador, Matt Groening, dice que Los Simpson es una serie que te premia cuando le prestas atención, y es cierto. Puede que te canses de ver reposiciones si no atiendes a lo que te están contando pero, si lo haces, si realmente escuchas con atención lo que te cuentan y cómo, seguro que terminas descubriendo algún detalle que en otros visionados te ha pasado desapercibido. Es otra de las claves del éxito: todos sus niveles. Los niños disfrutan de unos muñecos de colores estridentes pero, conforme van creciendo, empiezan a percibir alusiones, profundidad de tramas y más enseñanzas.

¿Sabe si en el plantel de guionistas Matt Groening  contaba con filósofos?

Y físicos, matemáticos… muchísimos doctores. Muchísimos ‘gilis’, como diría Homer. Auténticos cerebros con el ímpetu de la juventud que alumbraron por casualidad un éxito planetario.

Larga vida a ‘Los Simpson’, pues. ¿Hasta cuándo cree que durarán?

La serie ha ido perdiendo poco a poco la esencia del inicio. Es lógico; ahora está en emisión la temporada 32. Nadie se mantiene siempre tan fresco como al principio pero, después de más de tres décadas, más bien deberíamos pensar cómo consiguen mantener una legión de seguidores de varias docenas de millones de personas en todo el mundo. Los Simpson desaparecerán… cuando la sociedad deje de darles argumentos para reírse de ella. O sea, de nosotros. O sea, de ellos mismos.

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