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José Coronado: "El trabajo es mi oxígeno; sin trabajar no soy tan feliz"

Esta noche se estrena en Tele 5 la segunda y última temporada de la serie ‘Vivir sin permiso’, en la que el actor madrileño encarna al narcotraficante Nemo Bandeira.

José Coronado protagoniza la serie ‘Vivie sin permiso’.
José Coronado protagoniza la serie ‘Vivie sin permiso’.
javier tomo/efe

La ansiada espera de la segunda y última temporada de ‘Vivir sin permiso’ finaliza este lunes. Telecinco estrena esta noche a las 22.40 la primera de las nuevas entregas de la serie, que despidió su primera temporada con 2.868.000 espectadores y un 20,2% de cuota de pantalla, datos prácticamente inalcanzables para las actuales ficciones en abierto. En ella, José Coronado (Madrid, 62 años) repite al frente del reparto como Nemo Bandeira. Ocho meses después de que Bandeira empujase por un acantilado a su hijastro Mario Mendoza (Álex González), el narcotraficante más poderoso de Oeste regresa mucho más afectado por el alzhéimer que le llevó a cometer tal ataque. En esta ocasión, y viendo que su final se acerca, el patriarca de los Bandeira se centra en «recuperar su honor y el de su familia», según explica Coronado, que también señala que la serie coproducida por Mediaset y Alea Media ha experimentado una «mejora a nivel narrativo y estético».

¿Cómo ha recibido la llegada al fin de esta segunda temporada?

Con muchísimas ganas. Es como un parto que no llega, que no llega, pero que sabes que tienes un niño precioso por presentar. Por fin llegamos a este estreno, y siento mucha satisfacción, porque llevo a Nemo metido en cada poro de mi piel. Es un personaje al que adoro.

¿Qué va a ser de él en estos nuevos capítulos?

Vamos a ver lo mejor de Nemo. Y para que pueda sacar lo mejor de él mismo, primero tiene que sacar lo peor. Al demonio hay que combatirlo con el mismo demonio. Se presenta un cártel mexicano que supera el tablero donde está acostumbrado a jugar un Nemo que está cada vez más frágil, más débil. Pero cuanto más herido estás, más peligroso eres. Su prioridad más que reconquistar su imperio es reconquistar su honor y el de su familia. Son diez capítulos de altibajos con todos los personajes al límite. No puedo contar lo que pasa, pero sí asegurar que lucha de una forma desaforada y que va a dar muchísimo juego.

Con la enfermedad siempre presente.

Claro. He intentado tratar el tema del alzhéimer con el mayor respeto posible, porque hay miles de familias que sufren ese problema. Lo que sí está claro es que en la ficción es un elemento que da mucho juego, siempre que intentes no pasarte.

Con esta segunda temporada se cierra definitivamente la historia.

Sí. Supimos desde el final de la primera que había que cerrar la historia. Al final, lo hemos hecho en 10 capítulos, en vez de 13 (como la primera) para que quedase todo más comprimido. No hay una gota de grasa. Es todo músculo. No les dejan de pasar cosas a todos los personajes. Ya veremos quién cae y quién sobrevive.

¿Qué diría que le ha aportado esta serie?

Es un orgullo seguir trabajando en esta casa en la que tantas series y películas he hecho. Creo que es una serie con mucha calidad y dificultad. Seguimos con los 70 minutos, aunque yo pienso que se cuenta mejor la historia en 50, pero así son las normas, y lo hemos conseguido. Yo he visto la segunda temporada del tirón, en un día y medio, porque desde los diez minutos de este primer capítulo, ya no quieres soltarlo.

¿Ya está preparando alguna otra serie para la cadena?

Siempre. Tenemos una historia de amor Telecinco y yo. A veces nos distanciamos un poquitín, porque de pronto surgen amantes, pero luego volvemos de verdad a nuestra relación. Estamos preparando algo, sí.

¿Puede que ‘Vivir sin permiso’ sea la última serie en abierto con grandes audiencias?

Es probable. La irrupción de las plataformas es irreversible e imparable, y va a ser muy difícil alcanzar esa cuota de pantalla con una serie en abierto.

¿El éxito de la primera añade presión a esta, o al contrario?

Bueno, yo quiero que vaya bien, primero por mí mismo, y también por amor a esta casa, pero no es ya mi departamento. No tengo que estar preocupado por qué día programo o contra quién. Yo tengo que preocuparme por la secuencia que tengo que hacer como actor. Intento que no me dejen sin dormir las audiencias.

Tras el susto de salud (sufrió un infarto en 2017), ¿ha soltado un poco el acelerador?

El trabajo es mi oxígeno. Sin trabajar no soy tan feliz. Desde que me dio aquello he bajado el ritmo emocional en la vida, pero en lo laboral, al revés, voy cada vez más kamikaze, porque me apasiona. Estoy de lujo.

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