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Comunicación

Meteorología, el teléfono roto

La ciencia de la meteorología
Meteorología, el teléfono roto
AEMET

Esto del tiempo es como el teléfono roto, que de lo que pasa a lo que llega hay un mundo. Lo cuenta Francho Beltrán, meteorólogo, para explicar que en Meteorología lo más importante es saber predecir bien, conocer muy bien la geografía, porque es muy complicado hilar muy fino. Y esto, lo de que nos digan qué tiempo va a hacer cuándo y dónde a nosotros nos interesa, no es muy fiable.

Cada cambio de estación, y, sobre todo, cada festivo que se vislumbra, abre una vieja polémica sobre los beneficios o perjuicios de las predicciones meteorológicas. Aferrarse a ellas para organizar un fin de semana o un puentazo como el que nos viene ahora es jugártela, porque parece que solo se puede mover uno si estamos en las condiciones que nosotros creemos óptimas: sin lluvia o frío si es invierno, y sin calorazo si es verano. Pero el tiempo tiene la manía de ser el tiempo, de que el invierno sea invierno y haga frío y tengamos temporales, el otoño sea lluvioso y ventoso, la primavera, incierta, y el verano, caluroso y tormentoso. Y no podemos pedir que en verano tengamos la suavidad de la primavera ni un invierno sin heladas. Aun a pesar del cambio climático que nos lo revuelve todo.

Como dice Beltrán, la Meteorología no es una ciencia exacta, solo lo son la Astronomía y las Matemáticas, por ello, a la hora de predecir un sistema tan cambiante como es el viento de la atmósfera, "sigue habiendo muchas lagunas de conocimiento, sobre todo en las fases iniciales de la ciclogénesis, cuando una borrasca se inicia, porque una vez formada y en marcha es mas fácil seguir la evolución". Por ello, casi siempre se atina a corto plazo.

Lo más importante es saber distinguir para qué es cada predicción, saber interpretarla, como en Medicina. "Ningún país por si solo puede montar un servicio meteorológico por su elevado coste. Los medios que se necesitan, el satélite, los radares, barcos meteorológicos, procesadores de datos..., son muy costosos, por ello son proyectos que integran a varios países europeos", explica. Otra cosa es que los escalones más bajos de la cadena de trasmisión de datos puedan analizar la información y adaptarla a un contexto más pequeño, a una escala de más detalle, como puede ser un valle o una comunidad autónoma, pero siempre siendo conscientes de las limitaciones. La esencia de la cuestión está en esa trasmisión de datos que nacen a partir de un modelo matemático –que suelen generar ordenadores–, sobre el que después un perito elabora un texto, un infografista hace su gráfica y un hombre del tiempo lo cuenta. "Eso lo oye una persona que se lo dice a otra, y este a otra... y se va quedando en el camino parte de la información inicial, y acaba siendo como el teléfono roto".

MESOESCALAS. En Meteorología se trabaja en ‘mesoescala’, con zonas medianas como un tamaño como Europa. "Cuando hay un modelo matemático, hay una horquilla de errores, una imprecisión consustancial a la propia ciencia meteorológica, y esa imprecisión se va amplificando conforme avanza el tiempo", indica Beltrán. ¿Cuándo deja de ser válido el modelo? no se sabe bien, depende de la predictibilidad. Cada situación lleva asociada una mayor o menor fiabilidad en el tiempo. Porque para 2-3 días predecir es fácil y se acierta, y hasta 8 aun es bastante fiable, pero las probabilidades van disminuyendo con los días posteriores. Por la sencilla razón de que intervienen muchos factores y muy rápido. "Si es para España, para tres días no me equivoco; si lo hago para Aragón tengo que afinar más, y si es para un localidad concreta ya es más complicado", reconoce Beltrán.

La cosa viene porque el Valle de Arán ha creado su propio servicio de Meteorología porque no se fía de lo que predicen desde Barcelona. Los araneses viven mayoritariamente del turismo y el año pasado vieron cómo TV3 decretó dos alarmas por nevadas que, además de no cumplirse, dejaron vacías casas rurales, hoteles, restaurantes, tiendas y bares. Una ruina para Baqueira y un valle cuya economía está centrada en torno a quienes les visitan y muy en especial al de la nieve. Algo que aquí nos suena mucho.

Francho Beltrán explica que el Valle de Arán no tiene la misma orientación que el resto del Pirineo y, por lo tanto, los patrones meteorológicos siguen modelos diferentes. El clima atlántico que le corresponde por su exposición septentrional le hace acreedor de unas características singulares. "El Pirineo es una frontera climática entre dos mundo, uno atlántico que es el francés y uno mediterráneo que es el español. Y el Valle de Arán es francés y no español. Los ríos de la vertiente sur son mediterráneos y los climas son diferentes en cuestión de pocos kilómetros, donde podemos pasar del sol a la lluvia en pocos metros". Nos pasa en Aragón donde, por ejemplo, en Candanchú puede hacer un sol maravilloso y en el valle del Aspe francés llover a cántaros; y lo mismo al pasar al Portalet d’Aneu en Francia desde nuestro Portalet por Formigal. "El Pirineo viene a ser como un tejado. Francia y España a uno y otro lado y la cumbre del tejado es el Pirineo, aunque esa línea teórica no tiene por qué corresponder con la línea administrativa del tejado, no va exactamente por ella sino que se sale por un lado y otro".

No sabemos si ‘meteoaran’ acertará, si quién esté allí será un lince interpretando las gráficas que capta el mismo lugar que todos. Mientras, fíese de lo que le diga su rodilla, su cadera o si le ha costado rearmar su espalda al levantarse, porque su cuerpo no le engaña y cambiará el tiempo, eso sí, solo le vale para allí donde esté y por un par de días.... ¿Por qué le duele?, porque cambian los campos eléctricos del aire, y lo notan los huesos porque los hombres somos un aparato eléctrico..

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