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Grises años previos al milagro económico

Grises años previos al milagro económico

Durante los primeros compases de la dictadura franquista, el territorio aragonés no fue ajeno a la crisis y subsistió gracias a las bases económicas tradicionales.

Establecimiento de ultramarinos. En los primeros años de la posguerra, en las tiendas de alimentación había que comprar con cartilla de racionamiento.
Establecimiento de ultramarinos. En los primeros años de la posguerra, en las tiendas de alimentación había que comprar con cartilla de racionamiento.

Años oscuros de posguerra, de bloqueo político y económico. Tras el final de la Guerra Civil, España sufrió una severa crisis de la que tardaría dos décadas en salir, pero en la que se asentaron las bases del gran despegue de la economía española de los años sesenta y setenta. Durante los primeros años de la dictadura, España se mantuvo aislada del mundo y su producción industrial se destinaba al suministro interno. Aragón no fue ajeno a estas dificultades y logró subsistir gracias a las bases económicas tradicionales. Paradójicamente, el sector industrial aragonés, que obtuvo un resultado mejor que la media española, escapó de esta recesión económica.

El catedrático de Historia Económica de la Universidad de Zaragoza Luis Germán Zubero expone en su libro 'Historia económica del Aragón contemporáneo' que la economía aragonesa, tras la Guerra Civil, estaba especializada en el sector agrario, el industrial y el de la construcción. La población, por su parte, sufrió un claro retroceso, creciendo en torno a la tercera parte que el resto de España y mantuvo estos años un perfil más ruralizado en comparación con la media nacional, si bien el municipio de Zaragoza continuó creciendo tanto en población como en peso industrial.

"El periodo fue triste, hay quien dice incluso que son décadas perdidas, pero a Zaragoza no le fue tan mal porque se produjeron una serie de factores que los empresarios supieron aprovechar. No se puede olvidar que Zaragoza había estado del lado de los vencedores", recuerda Dioscórides Casquero, economista experto en mercadotecnia. De hecho, entre 1940 y 1960, en la capital aragonesa se produjo un despegue demográfico enorme. En 1940 había en Zaragoza 202.948 habitantes, y en 1960, 301.655, lo que supone que en 20 años se incrementó la población en más de 100.000 personas.

Por lo que respecta al sector agrario aragonés, en la década de los cuarenta experimentó un mayor peso. Aunque en 1950 representaba casi el 60% del empleo, sus datos productivos fueron muy desfavorables, debido al fuerte intervencionismo del Estado, que fijaba los precios, y a la falta de uso de fertilizantes químicos en los cultivos. Quienes más sufrieron esta crisis fueron los jornaleros, que tuvieron que soportar una drástica reducción salarial.

La industria, en cambio, mostró tasas algo superiores a la media española, especialmente gracias a una nueva especialización: la expansión minera del carbón turolense. Además del energético-minero, la industria aragonesa se apoyaba, tras la Guerra Civil, en los sectores alimentario y del metal, así como en el textil y confección, pese a las dificultades de este último. En general, la industria aragonesa sufrió las carencias de materias primas, como el hierro y el algodón, además de las insuficiencias energéticas y las dificultades en el transporte.

Llega la apertura

Durante la década de los años cincuenta se produjeron varios hitos fundamentales. El más importante fue, en opinión de Casquero, el Plan de Estabilización de 1959, que supuso el fin de la autarquía política, la liberalización de la economía española y el establecimiento de las bases para un fuerte crecimiento en los años sesenta. El germen de este trascendental cambio se originó unos pocos años antes, con los acuerdos de España con EE.UU, los Pactos de Madrid de 1953, por los que se estableció la instalación de bases militares en territorio español –entre las que se encontraba la de Zaragoza- a cambio de ayuda económica y militar. En definitiva, España comenzaba a abrirse al exterior.

También fundamentales para Aragón resultaron, a partir de 1939, las actuaciones llevadas a cabo con el Instituto Nacional de Colonización, en virtud de las cuales se crearon en territorio aragonés 32 nuevas poblaciones en las zonas de Bardenas en las Cinco Villas, la Violada, Monegros y el Bajo Aragón. De hecho, Aragón fue una de las regiones españolas en las que el Instituto desarrolló de manera más intensa su labor. El primer pueblo de colonización fue Ontinar del Salz, cuya construcción se inició en 1944, con un total de 108 viviendas para los colonos. "Fue una auténtica revolución, una transformación total de aquellas zonas, que pasaron de antiguos desiertos a tierras de regadío", resume Casquero.

Durante la segunda mitad de los años cincuenta se produjo un fuerte crecimiento del sector agrario aragonés, con una ampliación de su especialización productiva agraria basada en la pujanza agroindustrial, que, sin embargo, perdería su especialización industrial alimentaria.

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